¿Alguna vez has pensado en cambiar de estilo de vida? ¿En ir a vivir a la ciudad si vives en un medio rural o viceversa? Cuando nos enfrentamos a esta duda encontramos puntos a favor y en contra que pueden complicar la decisión.

Algo que puede ayudar a resolver las dudas es pensar en la calidad de vida y en qué cosas son importantes y nos hacen feliz en nuestro día a día.

¿Qué es calidad de vida?

La definición de calidad de vida resulta algo compleja debido a la cantidad de factores tanto subjetivos como objetivos que incluye. Por ello, lo que puede ser calidad de vida para una persona, no tiene porque serlo para otra; digamos que es algo muy personal. Además, a lo largo de la vida, lo que suponga calidad de vida para uno/a es normal que vaya transformándose y adaptándose a los cambios por lo que vamos pasando.

Incluso la OMS (Organización Mundial de la Salud) define la calidad de vida como algo muy subjetivo: La percepción que una persona tiene de su propia vida en relación con su contexto, sus objetivos, intereses, preocupaciones…

Algo que puede ayudar a definir qué es calidad de vida para uno/a mismo/a es tratar de hacer una evaluación de los diferentes factores que influyen:

  • Bienestar físico: Incluiría la salud, la capacidad física, la alimentación, la sensación de seguridad, la higiene, la calidad del sueño…
  • Bienestar material: Relacionados con el nivel de ingresos, las pertenencias y propiedades, la vivienda, la tecnología, el transporte…
  • Bienestar social: Aquí encontramos todo lo que se encuentre bajo el paraguas de nuestras relaciones. Relación personal o de pareja, amigos, relaciones familiares, pertenencia a una comunidad, vecinos, acceso y oferta cultural y comunitaria…
  • Bienestar emocional: Todo aquello importante para nuestro estado de ánimo: El nivel de ansiedad, la autoestima, nuestras creencias, la inteligencia emocional, la espiritualidad…
  • Capacidad de desarrollo: Las posibilidades u oportunidades de crecer en cualquier ámbito de nuestra vida. Encontramos por tanto aquí el acceso a educación, la sensación de productividad y contribución, las oportunidades laborales, la carrera profesional…

Con todos estos aspectos, podemos hacer una tabla en la que definamos qué queremos o qué es importante en cada uno de ellos. Después de esto, es un buen ejercicio ponderar cada uno de ellos y así sacar una gráfica simple de lo que supone la calidad de vida para uno/a en el momento vital concreto en el que se encuentre.

Finalmente, vamos a describir algunos pros y contras que encontramos de la vida en la urbe y en el mundo rural. Con suerte, será más sencillo evaluar si la gráfica que se haya obtenido se ajusta mejor a la vida en un lugar o en otro.

 La vida en la ciudad

Vamos a intentar hacer un repaso por algunos de los aspectos positivos y negativos de vivir en una ciudad en relación a los criterios definidos anteriormente de calidad de vida. Existen muchos más de los que vamos a comentar aquí, pero intentaremos centrarnos en aquellos que se encuentren relacionados sobretodo con la función cerebral.

 A favor

Uno de los aspectos más positivos es el relacionado con la facilidad de acceso a servicios básicos. Con esto se tiene en cuenta tanto todo lo relacionado con la salud, como con la educación y el trabajo. Esto supone encontrar un mayor número de centros sanitarios y hospitales al alcance y mayor variedad de centros educativos y puestos de trabajo. Además de la facilidad para solucionar problemas del día a día dado el elevado número de negocios diferentes que se pueden encontrar.

En el mundo de la neuropsicología se conoce como reserva cognitiva a la acumulación de experiencias y estimulación de capacidades cognitivas o mentales a lo largo de la vida. En otras palabras, mantenerse cognitivamente o mentalmente activo a lo largo de la vida. Es ampliamente conocida la importancia de una buena reserva cognitiva como factor de protección ante enfermedades neurodegenerativas (enfermedad de alzheimer o parkinson) y como predictora de un envejecimiento saludable.

En este sentido, la amplia oferta cultural que ofrecen las ciudades es un claro facilitador para cultivar una buena reserva cognitiva. Eso sí, aunque es más fácil mantenerse mentalmente activo en una ciudad, esto realmente depende de hábitos del día a día que poco tienen que ver con vivir en una ciudad o pueblo: Leer, hacer cuentas, aprender cosas nuevas, jugar a juegos de mesa…

Finalmente, algo muy importante que encontramos a favor de las ciudades como lugar donde vivir son las posibilidades de socialización. Cada vez que tenemos encuentros sociales (sobretodo con personas nuevas o diferentes) nuestro cuerpo segrega serotonina, un neurotransmisor relacionado con el estado de ánimo, la recompensa y el apetito entre otros efectos y la hormona oxitocina que tiene importantes efectos anti-estresantes.

En contra

Sin duda, el mayor contra que encontramos de vivir en una ciudad es el estrés y ansiedad que supone la sobre-estimulación continua.

A parte de los efectos ya conocidos del estrés en la salud como dificultades cardiovasculares, cambios en el apetito, dificultad para tomar decisiones, problemas del sueño… El enganche y desenganche continuo de la atención puede terminar generando dificultades atencionales más severas.

La contaminación sin duda es otro de los grandes contras de la ciudad, suponiendo un riesgo para nuestra salud física y también mental.

Por último, el fácil acceso que encontramos a alimentos procesados y “basura” es otro de los grandes contras. La alimentación es fundamental para un funcionamiento saludable de cuerpo y mente.

La vida en el pueblo

Sin duda supone un estilo de vida radicalmente diferente al que encontramos en la ciudad. No existe una solución definitiva sobre qué lugar es mejor, simplemente es cuestión de encontrar el que mejor se ajuste a tus necesidades y te asegure una calidad de vida mayor.

A favor

Un estilo de vida más relajado y menos estresante. Sin duda si hay que destacar algo de la vida en el medio rural es la menor cantidad de estímulos a la que nos enfrentamos diariamente en comparación con la ciudad. Esto se traduce directamente en unos niveles de ansiedad menores, aunque es cierto que la ansiedad no se debe únicamente a este factor y puedes tener una ansiedad elevada viviendo en un pueblo.

Algo muy relacionado con niveles bajos de estrés y que además tiene efectos muy positivos sobre nuestra salud es la conexión con la naturaleza. El acceso a la naturaleza es mucho más sencillo en medios rurales que en grandes ciudades.

Los vínculos que estableces con las personas seguramente sean más cercanos y seguros, lo que implica una socialización más efectiva. Pese a que no tiene porqué ser cierto que en el pueblo todo el mundo se conozca, seguro existen más oportunidades y se dispone de más tiempo para establecer lazos fuertes entre personas.

En las zonas rurales sin duda suele existir un acceso más rápido y sencillo a productos de primera línea. Conseguir llevar una alimentación más saludables parece una tarea mucho más sencilla en un pueblo.

En contra

El mayor contra que encontramos de la vida en el medio rural es precisamente uno de los mayores puntos a favor de vivir en una ciudad: El acceso a servicios, productos y oportunidades. Sanidad, educación y trabajo son los grandes damnificados en este contra, 3 de las áreas más influyentes en la mayoría de factores que determinan la calidad de vida.

Conclusión

Como ya he comentado, no existe una opción mejor que otra, lo más importante es vivir en el lugar que mejor se ajuste a tu momento vital. Para saberlo, puede ser de mucha utilidad realizar un análisis de los que supone calidad de vida y tratar de ver si se ajusta mejor a la vida en una ciudad o en un pueblo.