Hay niños y hombres que sienten temor reactivo a que los castren: sus padres o tutores o mayores, les amenazan con cortarles la cosita como hace la madre de Juanito antes de que este desarrollase su famosa fobia: Freud no repara en el hecho de que Juanito es empujado por la mamá bajo amenaza de castrarlo, a desarrollar una fobia, y atribuye al niño y a su fantaseo, su propia enfermedad.

Sostengo que las mujeres por contra, tenemos miedo reactivo a que nos crezca (el miembro viril.) ¿Y de dónde procede la amenaza para desarrollemos miedo a que una cosa así nos crezca? 

Nos llenan la cabeza con ideas acerca de la envidia que sentimos del pene, como si quisiéramos en serio tener el pene. Lo que en realidad ocurre no es que queramos tener el pene sino que hombres desde antiguo, han establecido como buenas las relaciones homosexuales como sistema: ver la Grecia Clásica, por ejemplo, mientras que se mantenía encerradas a las mujeres en sus casas, fuera de la vida social y política (ver hoy en día lo que ocurre en lugares como Afganistán y Pakistán.) Se las tenía por máquinas de parir hijos para la defensa y bienestar de la «polis»: pero ellos eran la polis, ellos eran la guerra. 

¿Que tipo de relaciones sexuales tenían estas mujeres con hombres hechos desde niños para la relación homosexual? ¿Eran placenteras? 

El pene se les escatima a las mujeres o se les da por la fuerza o de mala manera. Eso no despierta envidia sino ganas de cortar la cosa por las buenas: dejar al hombre con las mismas armas de las que disponen ellas. No hay armas, no hay defensa. 

Luego les dicen (ver Levi-Starus citado por Lacan), que su hijo las llena porque es el falo faltante: ellas reciben de ellos el símbolo falo y sus hijos son el falo.  

Lo último que una madre tiene en la cabeza cuando espera un hijo es la imagen de un falo: el falo es lo que quizás el hombre se imagina cuando ve que un niño sale por entre las piernas de una dama, porque es lo único que tiene en la cabeza una vez es forzado desde que es un niño a soportar la embestida de un hombre homosexual, bajo amenaza de que se la cortan o lo asesinan o lo marginan, si no se deja penetrar. En la Grecia y en la Roma antiguas, a la posición así llamada “pasiva” se la tenía por humillante. Esto quiere decir, que todos los varones en la Grecia Antigua eran humillados de niños, y esto es lo que lleva luego a la homosexualidad, activa y/o pasiva. 

Luego hablamos de mujeres frígidas: sentir que se te erizan los pezones, que sientes algo en la vagina o en el clítoris hace que pienses que se puede llegar a creer que lo tuyo es el pene, y te reprimes.

Referencias

https://zaguan.unizar.es/record/62638/files/TAZ-TFG-2017-2197.pdf?version=1