Que todo era mejor cuando salíamos a jugar con los amigos del barrio sin internet o consolas de videojuegos, que el teléfono inteligente nos ha aislado de nuestro entorno, que antes las niñas y niños eran más sanos o no se quejaban, que se comía lo que había en la mesa o que no había necesidad de psicólogos en los colegios, que la disciplina se impartía y todos crecieron respetando a sus adultos.

Qué tienen en común todas estas ideas? Quien las lea podrá presumir que lo que tienen en común es el tópico de “todo tiempo pasado fue mejor”, pero analicemos todo esto; es un hecho innegable que el tiempo pasado no fue mejor, es ahí donde hubo guerras, dictaduras, menor conciencia sobre DDHH, menor conciencia ambiental, de género, animalista, etc… así que nos saltaremos el paso de analizar la literalidad del tópico.

¿Pero de dónde viene esta idea?

Es sabido que mientras avanzamos en nuestro desarrollo existe una tendencia hacia lo conservador, y esto, aunque pueda sonar extraño para el lector menor de 30, es un hecho muy visible, los abuelos de hoy fueron jóvenes en los 50s-70s, una generación que marchó en contra de guerras, reconocida por una mayor libertad sexual; o sus hijos del 70-80s, marcados por la inestabilidad política y la resistencia a las dictaduras (al menos en Latinoamérica) y en el contexto de la guerra fría; ambas generaciones hoy los reconocemos como mucho más conservadores. (Obviamente estoy generalizando para hacer más claro el ejemplo)

Así que por un lado tenemos que a mayor edad se tiende al conservadurismo (con matices), pero además refleja una dificultad para adaptarse al cambio, y acá nos pondremos más filosóficos.

La idea que como cultura tenemos frente al cambio es antigua, tan antigua que hay que retroceder a la antigua Grecia, antes de la filosofía misma. Por un lado estaba el sabio antiguo Heráclito quien decía su famoso postulado “nadie puede bañarse dos veces en el mismo río” y por el otro lado estaba Parménides quien buscaba “la verdad”, lo que implica necesariamente que las cosas no cambian, el hecho de que cambien hace que su definición sea pasajera y sin objetivo, y como en la práctica  somos capaces de definir las cosas, ergo estas no cambian.

Cuando Sócrates (posterior a ambos) se plantea la naturaleza de la realidad, opta por el camino iniciado por Parménides, y se dedica a llegar a la verdad, o al menos su búsqueda activa por medio del método de la “mayéutica”.

Ahora bien, el objetivo de todo esto no es una clase de filosofía, ya que fue un repaso general, pero ejemplifica lo antigua que es la idea de que las cosas esencialmente no cambian, entonces cuando nos enfrentamos al cambio, le tememos.

Pero la cosa es que el cambio siempre está ahí; probablemente nosotros (generación del 90) miraremos con recelo cuando nuestra descendencia pase horas conectados a quien sabe qué aparato tecnológico de comunicación del futuro, tal como nosotros a las actuales redes sociales, tal como la generación del 80´al ATARI o al Walkman, o la generación del 50-60 a las radionovelas o al periódico, y si nos vamos más hacia atrás seguramente nos encontraremos con adultos de los años 1900 temerosos de que el futbol recién llegado a Sudamérica cause estragos, o el trompo o la rayuela consuma demasiado tiempo de las niñas y niños.

La idea de que la generación nueva echará a perder la sociedad es tan antigua que sorprende que siga vigente.

Cuando las personas dicen “en mis tiempos no era así…” hay que pensar ¿existen realmente los tiempos? O solo hacen referencia a que sus experiencias fueron de una manera determinada y les cuesta comprender que se puede hacer de una manera diferente? Quizá porque asumir eso, es establecer al mismo tiempo que sus infancias pudieron ser de otra manera (quizá), o que su mirada de la realidad responde solo a lo que pueden experimentar, y por lo tanto si en su infancia nunca hubo lugar para discutir sobre derechos de las mujeres, por ejemplo, cuando se exponen a esa discusión se defienden de esa complejidad minimizándola, revistiéndola de adjetivos que aluden a lo quejumbroso que es molestarse por “cosas tan normales”. Lo mismo con la diversidad sexual: “en mis tiempo solo habíamos hombres y mujeres…” sabemos que eso no es así, pero deja en evidencia que esa persona en particular no tuvo acceso al nivel de educación necesaria para comprender y en consecuencia cuestionarse todas estas ideas que le fueron entregadas.

En opinión de este psicólogo, cuando las personas hablan de “sus tiempos” o de “antes no era así” hacen referencia a una experiencia limitada en la cual se sienten seguros. Las ideas contrarias en consecuencia atentan contra esa seguridad y se disparan defensas paranoides que hacen ver peligrosos a los grupos disidentes de cualquier aspecto: ya sea sexual, político, relgioso/moral, etc…

En consecuencia concluyo: no existen “mis tiempos” solo existen tiempos, y siempre va a cambiar, lo que se experimenta como “mis tiempos” es una especie de fotografía de un cambio constante, como sacar una foto desde un automóvil en movimiento en medio de la carretera: pretender volver a sacar la misma fotografía es una mera fantasía infantil.