Gracias a su gran experiencia en psiquiatría hospitalaria, Carl Whitaker pudo observar que es en el valor de entrar en el mundo del paciente de una forma intuitiva dónde de verdad podemos llegar al entendimiento integral de la forma de vivir, sentir y expresarse de un sujeto. Y que es en las experiencias afectivas intrínsecamente relacionadas con el proceso de cambio en lo que debemos basarnos principalmente. Es decir, estamos ante un enfoque que a grandes rasgos podríamos afirmar que no tiene una base teórica definida, pero en el que sí existen algunos principios y conceptos básicos que debemos tener claro, como son: experiencia simbólica, crecimiento, psicoterapia de lo absurdo, batallas por la estructura y la iniciativa, punto muerto psicoterapéutico e importancia del juego. Todos estos conceptos entran en juego en una modalidad de terapia en la que se asume que la mayor conciencia de las experiencias inconscientes y afectivas son las que pueden ayudar a la gente a ampliar su gama de experiencias vitales, para así vivir una vida más libre y creativa.

Una vez que hemos dado unas pinceladas teóricas de este enfoque terapéutico, vamos a desglosar en qué consiste realmente.

Estructuras básicas y objetivos

En esta modalidad terapéutica hablamos de una intervención de longitud intermedia, en la que la frecuencia de las sesiones no está fijada inamoviblemente y en la que será beneficiosa la participación de cuántas más personas del círculo social del paciente en cuestión, mejor. Además, Whitaker recomienda el trabajo de un equipo coterapéutico que aumente el poder del clínico y para tener un bastón en el que apoyarse entre los profesionales si alguno de ellos queda atrapado en la dinámica familiar. De forma similar a lo que ocurría en la terapia contextual y relacional, en este caso el/los clínico/s no tienen un papel concreto y determinado, debe ir variando su función de acuerdo con la idea de que cada miembro de la familia debe ser capaz de jugar en todas las posiciones del conjunto e ir más allá de los estereotipos. El éxito fundamental de esta terapia reside en la capacidad de la que dota a la familia para desarrollar una mayor tolerancia al absurdo de la vida y así balancear una conexión interpersonal de cada uno de ellos con el resto de los miembros.

En cuanto a los objetivos terapéuticos podemos afirmar que son claros y definidos, y serían:

  • Aumentar la sensación de unión familiar entre los componentes del grupo.
  • Proporcionar herramientas para que cada miembro sea capaz de ayudar a los demás en sus diferentes procesos individuales.
  • Motivar la creatividad, la espontaneidad y el acceso a la experiencia afectiva de forma tanto individual como colectiva (en unidad familiar).

Técnicas y proceso de la terapia

Un punto en común entre todos los enfoques terapéuticos desde los que podemos trabajar es que exista un grado óptimo de alianza terapéutica y, la terapia simbólico y experiencial, no podía ser menos en este punto. En cuanto a las habilidades o características del terapeuta, es importante tener en cuenta que ha de tratarse de una persona que de la sensación de calidez, que sea tierno a la par que firme, que tenga un gran sentido del humor y de lo absurdo; y, sobre todo, que sea auténtico. Es un terapeuta que da permiso para jugar, libera a los pacientes para que puedan divertirse juntos y consigue como resultado terapéutico que la vida en general se vuelva menos seria y limitante. Aclarado este punto, podemos describir cómo se desarrolla una intervención desde este enfoque y para una mayor comprensión, vamos a dividirlos en diferentes fases:

Fase inicial: donde será primordial la conexión familia-terapeuta y el objetivo fundamental será trabajar la confianza y ganarnos la credibilidad suficiente para que la familia esté dispuesta a trabajar con este tratamiento. Una vez logrado este punto, de forma paulatina y prácticamente orgánica, irán teniendo lugar una serie de procesos (batalla por la iniciativa, batalla por la estructura, etc.) que nos ayudarán a obtener la información necesaria sobre el problema que les ha llevado a consulta, así como de la propia familia de origen y de cuáles son los patrones familiares de interacción por los que se rigen.

Fase media: en este momento del proceso terapéutico, trabajaremos con algunas técnicas concretas como pueden ser:

  • Redefinir los síntomas y darles el cariz de “esfuerzos hacia el crecimiento”.
  • Explicar cuáles son los conflictos encubiertos que podrían estar presente.
  • Discernir entre el estrés interpersonal y el propio, así como plantear y modelar alternativas.
  • Invertir los roles para así implicar a abuelos y otros miembros de la familia extensa.
  • Solicitar a los miembros de la familia que representen escenas de su vida que describan su percepción de las relaciones familiares.

Y todo esto, con el fin de ayudar a la familia a desarrollar patrones de interacción alternativos a los actuales y que sean provocadores del cambio y el crecimiento familiar.

Fase final: llegados a este punto, el equipo coterapéutico se ha de desconectar del sistema familiar. Sus intervenciones se verán limitadas únicamente a las problemáticas y esto hará que la relación terapeutas-familia cambie. La terminación será indicada cuando los miembros de la familia tengan la suficiente autoconfianza y competencia en la resolución de problemas y la gestión de los diferentes eventos de la vida.

Aplicabilidad del tratamiento

Es una modalidad de trabajo que se ha llevado a cabo con muchas familias y trastornos asociados diferentes, demostrando resultados eficaces en casos complicado incluso, como puede ser una familia con un miembro con diagnóstico del espectro esquizofrénico. La realidad es que, aunque no existen muchos estudios empíricos que validen o respalden este tipo de tratamiento, en las descripciones detalladas de caso se ha podido observar una eficacia del modelo que se ha de tener en cuenta.