Compartimos la entrevista realizada con el psicólogo chileno, además de prolífico autor de artículos en muchos medios, incluido el nuestro, Stefano Gissi. Stefano nos ilustra de manera muy detallada las implicancias de la terapia integrativa, conversándonos sobre sus vertientes teóricas, sus técnicas, el rol del terapeuta, entre varios otros temas muy interesantes vinculados a este tipo de psicoterapia.

1.- En términos generales ¿Qué es la psicología integrativa?

La psicología integrativa es la psicología que utiliza diversas teorías, contrastándolas y complementándolas entre sí, con el objetivo de tener una visión más amplia sobre el ser humano.

Es decir, pensamos que las teorías psicológicas son modelos y, como tales, iluminan algunos aspectos de la psique a la vez que oscurecen otros. Son modelos y como tales no son perfectos. 

En el campo de la psicoterapia, un terapeuta integrativo sería uno que no adopta de manera dogmática una escuela teórica. Es decir, el terapeuta integrativo no es humanista y nada más, ni es psicoanalista y nada más, ni es cognitivo-conductual y nada más, ni sistémico sin más, sino que puede utilizar cualquiera de estas teorías.

La idea es que, cuando uno tiene a un paciente en frente, es uno quien adapta su teoría y estrategia de intervención al paciente y su problema, y no al revés.

2.- ¿Cuáles son las ideas o conceptos centrales involucrados en esta visión?

Primero que nada, debo aclarar que los terapeutas integrativos son muy distintos entre sí. En rigor, todo terapeuta tiene su propio estilo y esto viene determinado no solo por las teorías que utilice sino también por factores de su personalidad, cultura y otros.

Desde mi punto de vista, un terapeuta integrativo es uno que rechaza el dogmatismo teórico o técnico. Lo que ocurre es que uno a veces encuentra que los psicólogos y psicoterapeutas adoptan una teoría y esta se convierte en una especie de ideología personal, en un dogma, el psicólogo se hace un fanático fundamentalista de esa teoría, vive escribiendo y hablando en contra de otras teorías psicológicas y a favor de la suya.

Esto ocurre quizá de manera especialmente clara en muchos psicoanalistas y psicólogos conductuales cognitivos. Es bastante común encontrar, por ejemplo, a psicoanalistas lacanianos que adoptan su teoría de modo bastante dogmático y asumen, o decretan, que tal teoría es una psicología crítica, que rechaza las desigualdades sociales y las injusticias de la sociedad capitalista, etc., y que por tanto ellos son analistas y no terapeutas, porque hacer terapia es convertirse en un aliado del estado y de la sociedad opresora. Entonces vemos que esos lacanianos van predicado por aquí y por allá que ellos no son psicólogos del yo, que ellos no buscan reforzar el yo del paciente, porque reforzar el yo o la autoestima en realidad es buscar hacer que el paciente se someta al sistema socioeconómico capitalista y a las injusticias de tal sistema, que el paciente se adapte a la fuerza.

Y vemos a esos lacanianos dedicar su vida a denostar a todas las demás teorías psicológicas, que supuestamente no serían más que dispositivos enajenadores que refuerzan los yoes de los pacientes.

Pero al mismo tiempo, para una mirada atenta, es evidente que esos analistas encuentran su propia identidad, su propia autoimagen y autoestima, en el hecho de ser lacanianos, y en utilizar la jerga del psicoanálisis lacaniano. 

Es decir, vemos que ellos usan su teoría lacaniana para reforzar sus yoes. No para reforzar el yo del paciente, sino que para reforzar el yo de ellos mismos y sentirse seguros y contento de quiénes son, de saber que son lacanianos y creer que son una especie de luchadores por la justicia social, y de participar en una comunidad de lacanianos con las mismas creencias.

Y en realidad la crítica a las psicoterapias como dispositivos que enajenarían a las personas, por supuesto no viene del psicoanálisis lacaniano. Esa crítica estaba ya antes en Wilhem Reich, que fue quien criticó a Freud por crear una terapia que refuerza los yoes de las personas después de haber, supuestamente, mostrado el origen cultural y represivo de las psicopatologías.

Además de en Reich, cuya teoría no comparto, hay una crítica social como esa en la antipsiquiatría. Pero tenemos que, aunque estas teorías críticas puedan tener algo de razón en lo que dicen, en realidad también hay mucho que omiten decir o de lo que no se dan cuenta. Por ejemplo, el antipsiquiatra Thomas Szasz fue demandado por la viuda de un paciente porque Szasz le había dicho al paciente que dejara de tomar sus medicamentos para la depresión y después el paciente se suicidó. Finalmente, Szasz y la mujer llegaron a un acuerdo extrajudicial.

Otro caso es el de Michel Foucault, ícono de la antipsiquiatría y del estructuralismo francés -aunque él mismo no se autodescribía con estos términos-, que criticaba a la modernidad. Pero ahora, hace pocos años, un antiguo amigo de Foucault lo acusó de abusar sexualmente de niños en Túnez, cuando Túnez era una colonia de Francia. Entonces el ícono de la libertad Foucault, que escribió cientos de páginas contra el estado moderno, en realidad lo que hacía era defender su deseo de tener libertad total, incluida la libertad para poder ser él el opresor de otros. En este caso, de niños.

Sin embargo, considero que la antipsiquiatría y la psicología crítica tienen algo de razón cuando dicen que las terapias cognitivas y conductuales se utilizan o se han utilizado para forzar a las personas a adaptarse al orden social. Hasta los años 70s la homosexualidad era considerada una patología, por ejemplo, y hubo terapias, como las terapias conductistas de aversión de Hans Eysenck, que ejercieron ilegítimamente violencia, como cuando Eysenck les daba shocks eléctricos a los hombres homosexuales mientras los hacía observar imágenes eróticas de hombres. Hoy se sabe que esta pseudoterapia conductista dejaba a muchos de estos pacientes traumatizados. 

Pero, en el otro extremo, tenemos a personas que pretenden que ahora por ejemplo ya debería haberse superado la idea de que la pedofilia es mala. Muchos filósofos franceses, entre ellos Foucault, Althusser, Deleuze, Guattari y muchos más, firmaron en 1977 una petición oficial para despenalizar la pedofilia. Entonces por ese camino finalmente no se progresa. Parece progresista, pero eso solo podría llevar a posturas reaccionarias en las que los derechos del niño, una creación moderna, dejen de ser respetados.

Desde mi punto de vista, la psicología integrativa, al menos como yo la entiendo, debería equilibrar entre estos dos extremos y no convertirse en un instrumento de adaptación forzada e ilegítima de las personas a la sociedad, pero tampoco pretender de manera intelectualmente simplista que toda libertad es beneficiosa. La libertad de los pederastas significa la opresión de los niños y niñas violados, para dar un ejemplo obvio.

3.- Para situarla temporal y contextualmente ¿Cuándo surge y qué eventos o situaciones la constituyen como una perspectiva teórico y práctica?

Yo diría que surge junto con la psicología y la psicoterapia mismas. Lo que pasa es que la psicología integrativa como tal no es una teoría, sino que es sencillamente el utilizar más de una teoría y complementar las teorías entre sí.

Y las psicoterapias como tales vienen desde la prehistoria, del chamanismo y los rituales simbólicos que les permitían a las personas procesar el sufrimiento, como los rituales colectivos de duelo por alguien fallecido.

Además, como te comentaba, distintos psicólogos integrativos tendrán distintos marcos teóricos integradores y diferentes formas de trabajo. Por ejemplo, un psicólogo integrativo puede considerar al psicoanálisis como la teoría central de su práctica clínica y quizá complementar eso con algunas ideas provenientes de la psicología humanista. Otro psicólogo integrativo puede basarse principalmente en la teoría conductual-cognitiva, pero complementarla con ideas provenientes de la psicología sistémica o de la existencial. Y esos dos psicólogos tendrán poco en común entre sí, excepto el hecho de que los dos integran distintas teorías.

De hecho, yo diría que muchos psicólogos, quizá la mayoría, son integrativos sin autodefinirse así. 

Por ejemplo, Joseph Wolpe, pionero de la terapia conductista, en su libro Práctica de la Terapia de Conducta, del año 1969, utiliza no solo la desensibilización sistemática y otras técnicas conductistas, sino que también se refiere a la meditación y hasta usa conceptos tomados del psicoanálisis, como “abreacción”, a pesar de que él era un crítico severo del psicoanálisis. 

Wolpe ahí menciona el yoga y la meditación trascendental, que vienen de oriente, como prácticas legítimas y que se ha encontrado que producen disminución de la tasa cardíaca y sirven para la relajación, y pueden reemplazar a las técnicas más tradicionales de relajación muscular durante la terapia de desensibilización para fobias.

Además, como afirmó Guidano, Wolpe usa la imaginación, cuando hace que sus pacientes se desensibilicen a estímulos que ellos imaginan. Un paciente que tiene una fobia imagina el estímulo y se usa relajación, y eso es parte del tratamiento. Entonces tenemos allí una terapia conductista que en realidad usa también variables de la “caja negra” como son las imágenes mentales.

También en el libro El Poder integrativo de la Terapia Cognitiva Aaron Beck explica que, si bien su marco teórico es cognitivo, él usa diversas técnicas provenientes de otros enfoques para modificar la cognición. Por dar un ejemplo, se usan técnicas de dramatización, que típicamente son asociadas con la gestalt pero que ya eran utilizadas por Jakob Moreno, por ejemplo, antes que Perls las usara. Entonces un paciente que tiene pensamientos automáticos o distorsiones cognitivas puede hacer una pequeña dramatización en la que él es un amigo suyo y debatir con él mismo. El terapeuta puede desempeñar el rol del paciente. Y así el paciente debate consigo mismo intentando convencerse (al terapeuta) para cambiar su punto de vista. Esto se puede utilizar, por ejemplo, con un niño que se siente culpable porque él sobrevivió a un accidente automovilístico en el que su madre murió. Se hace que el terapeuta haga el papel del niño y el niño conversa consigo mismo para convencerse de que la muerte de su madre no fue culpa de él, algo que el paciente de algún modo ya sabe y pese a lo cual se siente culpable.

Pero además muchas de estas técnicas, o quizá todas, existen desde antes de que existieran esas escuelas teóricas. Irvin Yalom, psiquiatra existencialista, en su libro Mirar al Sol menciona que los budistas tienen una técnica que consiste en meditar observando cómo caen las hojas de los árboles, y después focalizándose en la transitoriedad del árbol como tal, y luego en la de uno mismo. Esto permite observar la impermanencia de todo, y Yalom dice que esta puede ser una forma de terapia de desensibilización que los budistas crearon para habituarse a la realidad de la muerte, que según la teoría de Yalom es una realidad temida por todos los seres humanos. 

También Yalom menciona que el filósofo antiguo Epicuro, cuando estaba enfermo y a punto de morir, para paliar los dolores recordaba situaciones que para él fueron placenteras como sus conversaciones con amigos y alumnos. Y aquí tenemos lo que los conductistas llamaron inhibición recíproca, o sea, usar un estímulo o estado emocional incompatible con otro para disminuir la influencia de este último. Y como señalan los psicólogos transpersonales, la inhibición recíproca también de algún modo existía ya cuando Buda instaba a sus discípulos a meditar para alcanzar estados de calma y relajación que serían incompatibles con otras emociones y conductas como la ira y la agresión.

4.- ¿Tiene algunas técnicas que le sean propias o que sean reiteradamente utilizadas en la práctica clínica?

Yo diría que no, porque como te digo, las técnicas vienen de otros enfoques teóricos, aquellos que son integrados por un terapeuta integrativo particular.

Y además muchas de esas técnicas, o quizá todas, no fueron en realidad creadas por primera vez por los psicólogos pioneros del conductismo, el psicoanálisis, la teoría sistémica, la cognitivo-conductual u otra teoría del siglo XX, sino que existían ya en la antigüedad o en otras culturas, aunque no con los nombres con que son conocidas hoy en occidente.

5.- ¿Para qué tipo de problemas o conflictos ha demostrado ser particularmente útil?

Personalmente he utilizado un enfoque integrativo en el tratamiento de problemas de ansiedad, depresión, problema de autoestima, problemas en las relaciones interpersonales, duelo, y otros.

Hay que decir que, en mi opinión, un rol muy relevante lo tiene la actitud del terapeuta, como decía Carl Rogers, cuyos principios de empatía, congruencia y consideración positiva incondicional fueron adoptados por otros terapeutas, entre ellos Aaron Beck en su libro Terapia Cognitiva de la Depresión

Ahora bien, es importante aclarar que ser integrativo no significa que uno esté de acuerdo con todas las teorías. Por supuesto que va a haber teorías que a uno no le hagan sentido o que considere erróneas.

En mi caso, yo nunca recomendaría que un niño que se sospecha que puede haber sido víctima de abuso sexual vaya donde un psicoanalista. Esto porque la teoría del complejo de Edipo, de Freud, afirma que los niños y niñas desean tener relaciones sexuales con sus padres y que incluso fantasean con eso. De esto hablan autores como Jeffrey Masson, Judith Herman y Florence Rush. Ellos argumentan que la teoría del Edipo fue de hecho creada por Freud para encubrir la realidad de que muchos niños son víctimas de abusos reales cometidos por sus padres o padrastros. Una psicoanalista argentina llamada María Cecilia López en su libro Los Juegos en la Detección del Abuso Sexual Infantil comenta sobre dos casos clínicos distintos de niñas que habían sido abusadas por sus respectivos padres. En ambos casos las niñas tenían señales, una de ellas dibujaba unos penes gigantes. Sin embargo, en ambos casos distintos psicoanalistas descartaron la posibilidad de problemas señalando que tales dibujos y conductas de las niñas solo eran manifestaciones del complejo de Edipo.

Entonces, en mi opinión, la teoría del complejo de Edipo es errónea y es falso que todos los niños y niñas desean consciente o inconscientemente tener relaciones sexuales con sus papás o mamás. Yo diría incluso que es absurdo creer algo así. 

Además, la existencia de procesos mentales inconscientes se conoce desde la antigüedad. Está en los Upanishads indios, en Platón, Epicuro, Plotino y otros, y también de manera explícita con el nombre “el inconsciente” en filósofos del siglo XIX como Carl Gustav Carus, Friedrich Schelling, Arthur Schopenhauer y Eduard von Hartmann, todos anteriores a Freud. Pero ninguno de esos procesos inconscientes es el complejo de Edipo.

Entonces, para los casos de pacientes que han sufrido o podrían haber sufrido abuso sexual intrafamiliar, yo diría que cualquier terapeuta que crea en el complejo de Edipo, sea integrativo o no, no es recomendable.

6.- Desde la perspectiva del cliente o paciente ¿Qué es lo que se experimenta en la sesión?

Desde la perspectiva del cliente o paciente, la experiencia en sesión de psicoterapia integrativa puede variar según las necesidades individuales, los estilos terapéuticos del terapeuta y la dinámica específica de la relación terapéutica. 

Sin embargo, hay algunas experiencias comunes que los clientes pueden experimentar durante las sesiones de psicoterapia integrativa.

Algo que probablemente es imprescindible en toda terapia es el sentimiento de seguridad y confianza del paciente. El terapeuta debe proporcionar un espacio seguro y de apoyo. Esta es la única manera de que un paciente pueda llegar a sentirse cómodo para hablar de sus pensamientos, emociones y vivencias más íntimas.

Y hay que decir que es usual que los problemas más graves no aparezcan en las primeras sesiones. Un cliente llega a sentir confianza con su terapeuta de manera gradual, como todo en la vida. Para que una psicoterapia llegue a abarcar los temas que más complican a un paciente en su vida, a veces el paciente necesita varios meses para ir adquiriendo confianza. En esto hay variación, por supuesto. Hay también pacientes a los que no les cuesta tanto hablar de sí mismos, incluso de temas complicados como traumas u otros, desde el comienzo del tratamiento.

También está el tema de la duración de la terapia. Yo personalmente no impongo nunca una duración porque finalmente es el cliente quien decide si venir a terapia, y si seguir viniendo o no. Algunos prefieren terapias breves, y así hay que respetárselos. 

Lo importante, y lo común diría yo, es que, durante la sesión, el cliente puede participar en una conversación reflexiva sobre sus preocupaciones, desafíos y metas personales, explorando varios aspectos de su vida y su experiencia emocional. 

Hay una frase que me gusta mucho, de Harlene Anderson, una psicoterapeuta socioconstruccionista estadounidense, que dice que la terapia es una “conversación dialógica”. Es decir que mediante la conversación terapeuta y paciente van re-narrando aspectos de la vida de este último, lo que permite construir nuevas realidades discursivas, nuevas perspectivas, hasta que el problema se disuelva.

7.- ¿Cuánto tiende a durar una sesión?

La duración típica de una sesión de psicoterapia integrativa puede variar según las preferencias del terapeuta y las necesidades del cliente. En mi trabajo clínico privado, generalmente suele durar entre 45 minutos y una hora. 

En última instancia, la duración de las sesiones se decide de manera colaborativa entre el terapeuta y el cliente, teniendo en cuenta las necesidades individuales, las preferencias y los objetivos terapéuticos del cliente.

8.- ¿Cuánto tiende a durar un tratamiento?

La duración de un tratamiento de psicoterapia integrativa puede variar significativamente según diversos factores, como la gravedad de los problemas del cliente, la frecuencia de las sesiones, la disposición del cliente para participar en el proceso terapéutico y los objetivos terapéuticos específicos.

Además, como había mencionado, todo depende del enfoque del terapeuta, pues los terapeutas integrativos, al igual que los terapeutas adheridos a una sola “escuela teórica” como la sistémica o la cognitiva, pueden ser muy distintos entre sí.