La teoría de los símbolos perceptuales del psicólogo Lawrence Barsalou plantea que la cognición es esencialmente simulación sensomotora.

En las ciencias cognitivas contemporáneas, la teoría de los símbolos perceptuales de Lawrence Barsalou sostiene que el procesamiento cognitivo humano implica la simulación de estados perceptuales, motores y emocionales. La visión clásica e ‘intelectualista’ de la cognición, considera que esta es esencialmente procesamiento de información proposicional de tipo verbal o numérico.

En contraste, la teoría de Barsalou explica el procesamiento conceptual por la activación de regiones de las cortezas sensoriales de distintas modalidades, así como también de la corteza motora, y por la simulación de experiencias corporeizadas –imágenes visuales, auditivas, emocionales, motrices, etc.–, que otorgarían significado a la experiencia humana situada en el mundo, y mediarían también la comprensión del lenguaje.

Los símbolos perceptuales como símbolos modales y su contraste con los símbolos amodales

Los símbolos modales son aquellas representaciones mentales analógicas vinculadas a algún canal sensorial específico: por ejemplo, la representación de ‘perro’ mediante una imagen visual semejante a un perro o mediante una imagen auditiva de los ladridos de perros, basadas en el recuerdo que se tiene de cómo son esas experiencias de ver a un perro u oír su ladrido.

En contraste, los símbolos amodales no tienen semejanza con lo representado. Así, la palabra ‘perro’ es un símbolo amodal porque solo tiene una relación arbitraria, establecida por consenso entre los hablantes de español, con el objeto que designa –el perro–: no hay nada en la palabra ‘perro’ que la haga parecida a los perros o más adecuada para designarlos que otras palabras. De hecho, en otros idiomas se utilizan otras palabras, también establecidas por consenso, como ‘dog’ en inglés.

La teoría cognitivista proposicional clásica de Jerry Fodor

En el cognitivismo clásico, vinculado a la teoría de Jerry Fodor (1975), se pensaba que los procesos cognitivos humanos operaban con representaciones amodales en un hipotético ‘lenguaje del pensamiento’ que se postulaba que era innato: los procesos mentales humanos se entendían como computaciones puramente sintácticas en el cerebro: manipulaciones de representaciones abstractas semejantes a los ‘1’ y ‘0’ que son procesados por los ordenadores digitales.

El problema del ‘anclaje’ en el mundo de los símbolos amodales postulados por la ciencia cognitiva clásica

La idea de la cognición como computación abstracta y amodal planteó en la filosofía de las ciencias cognitivas el ‘problema del anclaje de los símbolos’ (‘symbol grounding problem’). ¿Cómo adquieren su significado esos símbolos amodales postulados? ¿Cómo se relacionan con el mundo exterior?

La teoría de los símbolos perceptuales como teoría de la cognición corporeizada, anclada y situada

A diferencia del cognitivismo clásico, los enfoques más modernos de ‘cognición anclada’ (grounded cognition), ‘cognición corporeizada’ (embodied cognition) y ‘cognición situada’ (situated cognition), sostienen que los procesos cognitivos no pueden entenderse de manera abstracta como lenguajes informáticos, sino que deben comprenderse de manera ‘encarnada’ en los cuerpos biológicos y ‘situada’ en sus ambientes físicos y sociales (Clark, 1999; Noë, 2004; Robbins y Aydede, 2009; Shapiro, 2011; Thompson, 2007; Varela et al., 1991; Ward et al., 2017).

Representacionalismo y anti-representacionalismo en la ciencia cognitiva corporeizada

La ciencia cognitiva corporeizada se ha hecho cada vez más influyente desde los años 1980s y 90s. Una de las variedades de ciencia cognitiva corporeizada es el enactivismo, fundado por Francisco Varela, Evan Thompson y Eleanor Rosch en su libro The Embodied Mind (Varela et al., 1991).

El enactivismo se define por rechazar la noción de representación mental. Debido a esto en ocasiones se lo ha considerado afín al conductismo (Aizawa, 2015; Block, 2001; Chemero, 2009).

¿Qué son las “representaciones”?

Este problema surge debido a que Varela et al. (1991) rechazan la noción de “representación” pero no definen de modo claro a cuál noción de “representación” se refieren. La noción de “representación” dista de ser unívoca (Block, 1995; Clark y Toribio, 1994; Dretske, 1993, 2003; Janzen, 2006; Smortchkova et al., 2020). Lo mismo ocurre con nociones similares como “símbolo” o “concepto”.

Así, aunque en ocasiones se ha interpretado al enactivismo como una nueva forma de conductismo o anti-mentalismo, en realidad, en el mismo libro en que se oponen a las “representaciones” Varela y colaboradores citan y validan explícitamente los estudios experimentales de Stephen Kosslyn (1980, 1981) acerca de la imaginación humana y las imágenes mentales.

Por tanto, parece más apropiado considerar que lo que Varela y colaboradores rechazan es la idea de que en la mente hay una “copia” del mundo exterior objetivo. De hecho, el enactivismo de estos autores ha sido calificado como “constructivista” (Baggs y Chemero, 2019) mientras que el conductismo anti-mentalista era anti-constructivista (véase por ejemplo Bruner, 1990; Ertmer y Newby, 1993; Morales e Irigoyen, 2016).

Adicionalmente, Varela y co-autores se oponen a las “representaciones” tal como son postuladas por el cognitivismo intelectualista de Jerry Fodor y Zenon Pylyshyn, que se opone a la existencia de imágenes mentales analógicas (por ejemplo Fodor y Pylyshyn, 2015; Pylyshyn, 1973).

Es por esto que autores como Andy Clark (2015) y Mark Rowlands (2006) valoran positivamente algunas de las innovaciones de la ciencia cognitiva corporeizada, en particular su filosofía pragmatista, pero rechazan el modo dogmático en que el enactivismo (una parte de la ciencia cognitiva corporeizada) se opone a toda noción de “representación mental”.

Lawrence Barsalou y la ciencia cognitiva corporeizada: símbolos situados y anclados en el cerebro-cuerpo-mundo

En este contexto surge la teoría de los ‘símbolos perceptuales’ de Lawrence Barsalou, que afirma que los procesos mentales operan con símbolos modales que mantienen las propiedades sensoriales de las experiencias perceptuales (Barsalou, 1999, 2009a, 2016).

De acuerdo con este enfoque, procesos cognitivos tales como la categorización, analogía, inducción, deducción, comprensión del lenguaje, etc., involucran la manipulación de representaciones perceptuales que son recuperadas desde la memoria a largo plazo. El procesamiento conceptual con símbolos modales no es idéntico a la percepción, puesto que los símbolos perceptuales abstraerían –mediante atención selectiva– ciertas propiedades de los perceptos reales, omitiendo otras (Machery, 2009). Por ejemplo, al pensar en ‘mesa’, una persona puede procesar un símbolo con la forma de una mesa, pero que carece de color u otras propiedades, es decir, carece de los detalles de un percepto.

La evidencia experimental a favor de los ‘símbolos perceptuales’

Existe un importante cuerpo de evidencia experimental que apoya la teoría de los símbolos perceptuales (Barsalou, 2009a). Los estudios sugieren que la actividad neural que surge al imaginar determinado evento se solapa con la que ocurre cuando ese evento es vivenciado realmente. Así, si nos imaginamos que pateamos un balón de fútbol, se activan áreas de la corteza motora que se solapan con las que se activarían si realmente pateáramos un balón –aunque la activación claramente es más reducida que la que ocurriría en la acción real–, e incluso si escuchamos la palabra ‘patear’ en una conversación, la comprensión del significado de la misma implica la activación de partes de la corteza motora que simulan la acción. De manera semejante, cuando pensamos en ‘gato’ se activan partes de la corteza visual que se solapan con las que se activaron cuando percibimos realmente gatos en nuestra experiencia pasada, etc. (Carlson, 2006; Hostetter y Alibali, 2019).

Respecto del lenguaje, Zwaan et al. (2002) encontraron que las personas representan mentalmente la forma de objetos al comprender una frase. En un estudio, mostraron oraciones en una pantalla a sujetos, y éstos presionaban una tecla cuando habían entendido la oración. Entonces, tras un intervalo de 250 milisegundos, aparecía en la pantalla una imagen visual, y los individuos debían determinar si la imagen estaba o no en la oración anterior. Los participantes respondían más rápido cuando la imagen tenía una forma acorde a lo descrito en la frase. De este modo, si en la oración se mencionaba un ‘águila en los cielos’, respondían afirmativamente más rápido si aparecía la imagen de un águila con las alas desplegadas que si aparecía la imagen de un águila con las alas cerradas como cuando está posada en un nido. Estos autores sostienen que sus experimentos apoyan la teoría de los símbolos perceptuales de Barsalou, y la idea de que el procesamiento semántico involucra símbolos modales.

Los símbolos perceptuales y el procesamiento cognitivo inconsciente y multimodal

Por otra parte, según esta propuesta, no es necesario que una persona sea consciente del procesamiento imaginativo para que este ocurra. Usualmente sucede de forma inconsciente. Cuando una persona procesa oraciones en lenguaje verbal, por ejemplo, las imágenes de resonancia magnética funcional muestran la activación de áreas de las cortezas motoras, sensoriales y áreas emocionales del cerebro. Sin embargo, la persona no reporta haber imaginado algo cuando comprendió la oración (Barsalou et al., 2005).

Además, durante el procesamiento cognitivo, las personas utilizan la simulación en varias modalidades distintas:

“… asumimos que las simulaciones de experiencia con frecuencia representan categorías. Cuando las personas representan ‘árboles’, por ejemplo, simulan experiencias de ellos. Creciente evidencia conductual y neural apoya esta conclusión. Segundo, asumimos que una simulación es una recreación parcial de los estados de modalidad específica que surgen cuando las personas tienen experiencias de los miembros de una categoría. Las simulaciones de ‘árboles’, por ejemplo, son recreaciones parciales de los estados perceptuales, motores e introspectivos que ocurren cuando las personas de hecho tienen experiencias con árboles. Nuestra tercera suposición es que las representaciones de categoría tienden a ser multimodales (…) Cuando las personas simulan una categoría, generalmente no la simulan en una sola modalidad (…) Cuando las personas representan ‘árboles’, por ejemplo, no solo simulan propiedades visuales sino también olores y sonidos.” (Barsalou et al., 2005, p. 251).

La teoría de los símbolos perceptuales y la formación de conceptos mediante la categorización perceptual

Desde esta perspectiva, entonces, los conceptos se formarían como categorías perceptuales. En otras palabras, antes de que tengamos nombres lingüísticos para designar las cosas, tenemos conceptos perceptuales de ellas. La comprensión del lenguaje aprovecharía las recreaciones de estados neurales vinculados a categorizaciones perceptuales. Esta posición es cercana a la de Edelman y Tononi (2000), que sostienen:

“Por concepto, no nos referimos a una oración o proposición que esté sujeta a las pruebas de la tabla de verdad del filósofo o del lógico. En cambio, nos referimos a la capacidad de combinar diferentes categorizaciones perceptivas relacionadas con una escena o un objeto y construir un “universal” que refleje la abstracción de alguna característica común a través de una variedad de tales percepciones. Por ejemplo, diferentes caras tienen muchos detalles diferentes, pero el cerebro de alguna manera se las arregla para reconocer que todas tienen características generales similares.” (p. 104)

La teoría de los símbolos perceptuales y la solución al problema del anclaje de los símbolos en el mundo

La simulación de estados perceptuales, motores y emocionales mediante la reactivación parcial de las áreas del cerebro involucradas en la percepción y acción ante objetos encontrados en el mundo, resolvería entonces el clásico ‘problema del anclaje de los símbolos’ (‘symbol grounding problem’): ¿Cómo se vinculan los símbolos amodales –como las palabras– con la percepción y con el mundo exterior?

Las palabras y símbolos amodales –que eran los únicos símbolos mentales postulados y tenidos en cuenta por la ciencia cognitiva clásica fodoriana– adquirirían entonces su significado y su vínculo con el ambiente exterior mediante la recreación parcial analógica de experiencias corporeizadas, sensoriomotoras y emocionales, situadas en el mundo.

Constructivismo empirista

Si bien en ocasiones la teoría de los símbolos perceptuales ha sido catalogada como “empirista” (Machery, 2009; Prinz, 2017), es importante aclarar en qué sentido lo es o no. Sin duda esta teoría se opone al racionalismo innatista de Jerry Fodor y enfatiza el origen perceptual y experiencial de las ideas, entendiendo “idea” a la manera mentalista e imagética de la filosofía empirista tradicional de David Hume (Prinz, 2017).

Pero por otro lado, no se trata de un “empirismo” ambientalista radical o anti-mentalista como el de Skinner ni de uno que sostuviera que las imágenes y símbolos perceptuales son copias exactas de la realidad, en las que no hay participación de la abstracción subjetiva.

Se puede sostener que hay un continuo entre el pragmatismo de la teoría de la “conceptualización situada” de los símbolos perceptuales de Barsalou, con su énfasis en el mundo exterior y la completación perceptiva de patrones (Barsalou, 2009a, 2009b), y las interpretaciones más internalistas pero no reduccionistas ni intelectualistas de la cognición tales como las defendidas por Maturana (1970/1980), Hayek (1952) o Guidano (2018).

De acuerdo a Hayek, los organismos abstraen las características del ambiente mediante los órganos de los sentidos[1]. No hay estímulos “independientes de la mente” (humana o animal) que sean sentidos por ésta y sobre los que hipotéticamente la mente solo luego pueda “abstraer”, sino que la experiencia concreta, encarnada y situada es ya abstracta y subjetiva (Balbi, 2008; Guidano, 1994, 2018; Hayek, 1952, 2007).

Es decir, el enfoque de Hayek considera que la percepción ya abstrae y por tanto es constructiva. En cambio, el de Barsalou parece poner mayor énfasis en la abstracción que ocurre durante la conceptualización imaginativa inmediata o posterior de los perceptos, al menos en la interpretación que de la teoría de Barsalou hacen los neo-empiristas como Prinz (2017).

Sintetizando ambas posturas, podemos decir que existe una emergencia de categorías perceptivas que depende tanto del estado corporal interior del animal y de su historia experiencial como de la estimulación actual del ambiente externo, creándose un “presente recordado” mediante la autoorganización dinámica en bucles de redes neuronales, el cuerpo y el mundo (véase Damasio, 2018; Edelman, 1989).

Los símbolos perceptuales y el lenguaje verbal: Los símbolos modales y amodales interactúan en la cognición

De acuerdo a Barsalou (2020), la perspectiva de ‘cognición anclada’ (‘grounded cognition’) a la que él se adhiere asevera que la cognición emerge de la interacción entre símbolos amodales, símbolos modales, el cuerpo y el mundo. Por tanto, esta perspectiva no descarta los símbolos ‘clásicos’ amodales –tales como aquellos propios del lenguaje verbal o el razonamiento numérico– sino que considera que estos interactúan con la imaginación, la emoción, la percepción y la acción situada en el mundo.

Referencias:

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[1] Esta es la crítica que hace Hayek tanto al conductismo anti-mentalista –y a su noción de “estímulo” como entidad pretendidamente únicamente física y objetiva– como a la idea de que en la mente hay “copias” de la realidad exterior. En uno de sus escritos, Hayek asevera:

“No niego que en nuestra experiencia consciente, o introspectivamente, los particulares concretos ocupan el lugar central y las abstracciones parecen derivar de ellos. Pero esta experiencia subjetiva me parece que es la fuente del error de que me estoy ocupando, la apariencia que nos impide reconocer que estos particulares concretos son fruto de abstracciones que la mente tiene que poseer para poder experimentar particulares sensaciones, percepciones o imágenes. En efecto, si todos somos conscientes de que existen particulares concretos, esto no impide que seamos conscientes de ello sólo porque la mente es capaz de operar en consonancia con normas abstractas que podemos descubrir en esa mente, pero que ésta debe haber tenido antes de que fuéramos capaces de los particulares de los que creemos que se derivan las abstracciones…” (Hayek, 2007, p. 527)