Desde que me gradué de Psicóloga y mi licencia se hizo real, soñé con un plan en salud mental y quería hacer cosas grandes, admiraba a los pioneros del Psicoanálisis con Freud y Jung más tarde y no se diga Lacan que obligó a reconocer las limitaciones del meta entendimiento psicológico.

El año pasado abrí mi consulta y quise abarcar varios medios promocionales, tales como un programa radial para hablar de salud mental, artículos en revista para dejar constancia de mi posición y aspiración con respecto a la importancia de la salud mental en el individuo como elemento esencial de la sociedad.

Amplié el uso de mi página en Facebook y abrí Psicomente al día, mi marca personal se consolidaba y mis pensamientos y aspiraciones tomaban forma.

En varias oportunidades mi carta de presentación es el tema símbolo de mi proyecto ¿Qué es salud mental? Así me presento y exploro un aspecto novedoso de la salud psicológica, la naturalización del dolor y la aceptación del sufrimiento y malestar psíquico como normal y llevadero.

El estudio de la psique humana desde la patologización, es poco favorable para aspirar a un Yo integrado y real, superando como diría Adler el complejo de inferioridad con que se forma nuestro inconsciente, aprendiendo a manejar las neurosis o el trauma de separación al cambiar el significante que le dimos a aquellas primeras improntas que en la infancia se fijaron.

Aquello que supera nuestra capacidad integradora y de reparación se queda archivado en la psique y sujeto o sujetado según convenga por los varios mecanismos de defensa freudianos, Jung ayudó a allanar el camino cuando nos conminaba a que, sino aprendíamos a integrar lo mejor posible los componentes de nuestra psique, estábamos en el camino de repetir la historia.

Luego en el siglo pasado muchos, como Melanie Klein, Kohut, Winnicott, o la Gestalt, recorrieron el camino de la mente hacia sus primeros  pasos para explicar su formación y desarrollo, encontraron los nudos en los que el trauma se fijó, las imposibilidades del sujeto en formación para reinterpretar la experiencia al carecer de cuidadores adecuados y dispuestos, de entornos favorables y preparados, así la patología se asentaba en la primera infancia y era posible visibilizarla a lo largo de la vida de una manera más o menos clara según los vaivenes de la vida que llevara.

Una de las críticas a la primera escuela es que describe la enfermedad mental y sus variantes, por tanto, no hay escapatoria posible de ningún sujeto, menos si nos dedicamos a seguirle la pista a las fijaciones descritas por Freud y las implicaciones en los rasgos de personalidad neuróticas.

Entonces cómo hablar de sujetos sanos, felices armónicos consigo mismo y proactivos en su entorno social, si las mismas condiciones familiares sociales y laborales o académicas demandan de individuos capaces de sacrificarse por un bien mayor, aunque esto signifique su propia autolesión.

He ahí el reto de concebir la salud mental como un estado de bienestar intrínseco que se adquiere o mantiene a partir de las satisfacciones emocionales básicas, tales como reconocer su propia emocionalidad, ser capaces de expresar sentimientos y estados de ánimo de manera asertiva, el sujeto con una adecuada salud mental es capaz de reconocer su malestar psíquico y buscar apoyo, ayuda u orientación para corregir enderezar o procesar.

El individuo insertado adecuadamente en el entorno social conserva su individualidad, reflexiona y promueve cambios personales y comunitarios que favorezcan a todos, ha eliminado de su pensamiento creencias y suposiciones de naturalización del dolor y la costumbre del sacrificio, las enfermedades son atendidas desde su contenido psico-emocional a tiempo para evitar el deterioro del cuerpo y la mente.

Saber por experiencia o aprendizaje consciente que las relaciones interpersonales no llenan vacíos existenciales y que el otro no es una muleta o un bombero emocional, ni la víctima propicia de los traumas infantiles sin ventilación ni manejo profesional.

La salud mental es un estado evolutivo, de procesos integrativos de carácter holístico en el cuidado y conservación del cuerpo, desarrollo adecuado de las capacidades cognitivas, ejercicio constante de la coherencia emocional de pensar, hacer y actuar con un solo sentir, la conducta no es esquizo, ni la emocionalidad es psicótica, las relaciones no son limítrofes ni en busca de actividades suicidas ni lesivas.

El papel del psicoterapeuta se amplia al tener la oportunidad de abrir espacios de psico-educación, formación en el conocimiento de las emociones y sentimientos, atiende y entiende la urgencia personal y social de sanar las heridas de la más temprana infancia, es estudioso del medio y   los conflictos ambientales que debilitan los recursos psíquicos del individuo, aprende y desarrolla planes para prevenir según sea el segmento social en que se desarrolla profesionalmente.

La consulta sea privada o pública se acerca al sujeto y lo atiende desde la complementariedad, desde el trato humano, reconoce las fortalezas y habilidades individuales y grupales, los proyectos de vida son trascendentes para generar cambios, lo cual aleja la conformidad o resignación, el conocimiento personal se transforma en poder, poder para cambiar y generar bienestar y felicidad.

Ir a psicoterapia conlleva el compromiso de ser diferente, lleva al sujeto a desarrollar la individuación, no lo aleja de sus pares, familia, trabajo o entorno académico, sino que resignifica el malestar, destruye ignorancias, recupera el control sobre la propia vida y libera a los demás de ser sustitutos o placebos ante el dolor.

Salud mental desde Psicomente al día es sanar el alma, aprehender las experiencias, liberarse de la culpa, recorrer el desarrollo psicosocial y aprender a vivir para que la ancianidad sea una experiencia y no la decrépita espera de la muerte por parte del viejo para quien el tiempo fue verdugo y no oportunidad.