Resulta innegable que el grueso de la población chilena no ve como una opción asistir a consulta de salud mental, esto queda claro en los números, para el 2016 sólo un 38% de la población que necesitaba mantener un proceso de psicoterapia efectivamente lo hacía, es decir que un 62% prefiere buscar otras soluciones o “que se pase solo” evitando acudir a consulta.

Esto bien puede explicarse en parte por factores económicos, los programas de salud mental (PROSAM) de atención primaria pública, llevan a cabo procesos en los que en la mayoría de los casos la frecuencia es 1 o 2 veces al mes, con una extensión de 45 min aproximadamente, lo que obliga a acudir a consultas en salud privada, en este escenario existen profesionales inscritos en el Fondo Nacional de Salud (FONASA) que funciona con sistema de co-pago para los afiliados al igual que las Isapres (privadas) pero a menor costo. Y el eslabón más excluyente es la atención 100% particular.

Chile en salud, invierte un 17% del gasto público, y de ello solo el 1% va a salud mental (2019), en este escenario es coherente tanta diferencia entre los valores y que sea tan difícil para una familia promedio acceder a especialistas.

Por otra parte está la valoración social, “cuando yo era chico nunca se supo de psicólogos ahora tanto que alegan por el maltrato, nos daban correazos para enseñarnos, no eran correazos porque sí no mas, y ninguno salió traumado…” (Paciente masculino, 47 años con sintomatología ansiosa) en frases como esa se pueden concluir varias cosas, primero la necesidad de saber que esos castigos no generaron consecuencias, lo que se percibe en la negación del trauma como estrategia defensiva, en segundo lugar y lo que nos compete en este momento, es la devaluación de la psicología, que para muchos viene a decir cómo deberían hacerse las cosas, lo que genera ciertas resistencias, tildando de “delicados” a quien asiste a psicólogo, pero si nos ponemos a analizar la historia de vida de personas que fueron NNA vulnerados en sus derechos, es esperable que deseen pensar que los otros son débiles, ellos fuertes y pudieron surgir a pesar de todo, es algo incuestionable para ellos, lo que en sí mismo es claramente defensivo.

Esta defensa no es nueva, dentro de las famosas 3 heridas narcisistas la 3era es el psicoanálisis, precisamente porque en general nos incomoda la idea de que no somos 100% dueños de nuestras acciones, y ante la ansiedad que esta realidad genera surgen los mecanismos de defensa como la devaluación.

Pero en general las ciencias sociales son también devaluadas y la razón puede ser en esencia la misma: la angustia que genera lo que no es fácil de comprender. Pero ¿qué es lo difícil de entender? En la opinión de este psicólogo, mucho ha influido la cultura creada en base al neoliberalismo, al centrarse en la acumulación de capital poco importa la comunidad o el tener una perspectiva de mundo amplia, lo más relevante es la producción a menor costo, y el arte, filosofía, sociología, investigación, salud mental, etc… no cumplen esa exigencia, paulatinamente se recortan las horas de historia y filosofía además de artes en muchas escuelas de Chile, las que mantienen estas asignaturas lo hacen por iniciativa. Esto hace que en general la población perciba como menos importante esta área del conocimiento, y en consecuencia, baja la demanda.

Por ley natural nada se pierde, todo se transforma, y al utilizar defensas como el aislamiento, represión, formación reactiva, negación, escisión o negación omnipotente, las emociones que tratan de controlar no desaparecen, y eso es perceptible en las cifras de estrés (las que han aumentado en pandemia), pero también aumentan el consumo de drogas legales para palear los síntomas, o algo mucho más sano, las terapias complementarias, las que se han ido popularizando.

Biomagnetismo, reiki, flores de Bach, etc… en su mayoría tienen perspectivas epistemológicas comunes, y si se analizan pueden alcanzar varias concordancias con enfoques de terapias humanistas o transpersonales, lo que es positivo, pero inevitablemente han arrastrado a la psicología a ser considerada por muchos como una opción más entre las terapias complementarias, o ser considerada como enemiga de estas terapias derechamente. Esto por la reacción casi emocional que como psicólogos podemos tener al leer explicaciones tan variadas del origen o tratamiento de la depresión, u otros trastornos, lo que sólo contribuye a la polarización, como profesionales debemos educar y promover el conocimiento, y aceptar que una explicación diferente puede ser una intervención positiva. Educar es tan importante como la intervención misma, y al aumentar el interés por estos enfoques la población demuestra su interés por querer mejorar, y eso es lo primordial para una buena intervención.

La incertidumbre sin conocimiento genera fantasías, y las fantasías sobre la psicología han masificado mitos y malos entendidos, las personas quieren mejorar, pero la psicología no siempre es vista como opción, educar es esencial para que la psicoterapia sea percibida como lo que es y no como el símil mental de la medicina, esta concepción alimenta expectativas de tener diagnósticos en una sesión o el remedio además de patologizar el quehacer profesional al considerar que hay que “estar enfermo” para acudir.

La tarea de educar recae en los profesionales de la salud mental, recibir al paciente es una de las tareas, pero también debemos mostrar el camino.