En la actualidad es posible encontrar abundante información y literatura relacionada con la teoría polivagal denominada y enunciada así por su creador el Dr. Stephen W. Porges, Universidad Illinois (1995), quien atribuye a su teoría un carácter neurofisiológico, psicofisiológico y filogenético, que explicaría muchas de las emociones y  conductas sociales manifestadas por los humanos y cómo el sistema nervioso autónomo (SNA) participa en el apego, regulación de las vísceras y la interacción social, manteniendo por ende basalmente condicionantes fisiológicos, lo cual se lograría a través del nervio vago, el que, constituye el (X) para craneal y se origina entre el par craneal glosofaríngeo (IX) y el accesorio (XI) descendiendo por el surco posterior del bulbo raquídeo, la base del cráneo, en su trayectoria inerva el músculo esternocleidomastoideo (ECM), emitiendo dos ramas para la faringe y el nervio laríngeo superior, dentro del tórax, se distinguen dos ramas del nervio vago izquierda y derecha, inervando plexo cardíaco y plexo pulmonar, continuando su descenso se introducen en el abdomen, atraviesan el diafragma a través del hiato esofágico, se distribuyen en el estomago llegando al plexo solar donde emite dos ramas más para inervar las vísceras abdominales, es decir, estómago, intestinos, riñones e hígado, alternadamente esófago con su plexo esofágico.

Es de relevancia analizar el funcionamiento de éste uno de los nervios craneales más importantes y complejos de nuestro organismo para comprender su función y actividad fisiológica e influencia en nuestro bienestar físico y emocional, dadas las ramas que en su descenso va creando y con ello inervando órganos importantes en nuestro cuerpo, mantiene además, aferencias sensitivas en el oído medio y trompa de Eustaquio, aferencias parasimpáticas en el corazón, bronquios y vísceras abdominales, inerva músculos de la deglución, emite ramas cervicales. El nervio vago envía fibras parasimpáticas motoras a todos los órganos desde el cuello hasta el colon transverso, excepto las glándulas suprarrenales.

Por lo antes dicho, en su extenso recorrido y existencia el nervio vago controla gran parte del sistema nervioso autónomo y su buen funcionamiento facilita la regulación de la ansiedad disminuye el estrés y facilita la calma, controlando además la velocidad de acción de  algunos neurotransmisores como la norepinefrina y la acetilcolina, fortaleciendo las defensas frente al estrés.

La teoría polivagal adquiere una cuantía relevante para los psicólogos, ya que nos facilita comprender cómo una situación de estrés o miedo conduce a una parálisis del cuerpo y a nivel mental una disociación traumática de la personalidad y/o disociación somática, nos permite reconocer la importancia de la sensación de seguridad de un niño frente a sus cuidadores o de la confianza y seguridad de un paciente y su terapeuta. Las funciones integradas del nervio vago facilitan la expresión de la comunicación social y las emociones positivas, al mismo tiempo, el sistema nervioso se mantiene alerta a la seguridad del medio ambiente, potencialmente peligroso o mortal ya que, a través de la neuropercepción o circuitos neurales específicos pueden activarse estrategias defensivas de lucha, huída o congelamiento también llamados bloqueos o apagados.

Ampliando la significación del nervio en cuestión, agregar que, el nombre proviene del latín “nervus vagus”, su raíz significa deambular, y describe la forma en que deambula por el cuerpo como un “vagabundo”, moviéndose a través de casi todos los órganos esenciales, conectando el tronco cerebral con casi todos los órganos del cuerpo.

Para bajar los niveles de ansiedad y estrés se ha observado la estimulación del nervio vago a través de cantar, tararear o repetir mantras, dichas acciones ayudan a mantener el compás del ritmo del corazón, función directa del nervio vago. El cantar por ejemplo, hace vibrar la garganta y la respiración diafragmática profunda, lo cual estimula el nervio vago.

Referencias:

  • Porges, S. W. (19959. Otienting in a defensive world: mammalian modifications of our evolutionary heritage. A Polivagal Theory. Psychophysiology, 32, 301 – 318.