La semana anterior introdujimos la primera parte de este artículo (pueden leerlo pinchando aquí) explicando las primeras técnicas de neuroimagen. Esta semana complementamos aquella primera entrega con otras técnicas de este sorprendente desarrollo.


Electroencefalograma (EEG)

Es una técnica que nos permite registrar la actividad cerebral que subyace a los procesos cognitivos, motores y sensoriales. Las ondas que podemos observar vienen principalmente de la corteza cerebral y son consecuencia de la actividad de las células piramidales corticales. El flujo de corriente que se produce, da lugar a un movimiento de cargas eléctricas que puede registrarse en la superficie craneal. Para ello es necesario la colocación de unos electrodos colocados en un orden determinado que nos permitirá recoger la actividad de distintos tipos de onda:

  • Alpha, que serán las que observemos cuando el sujeto esté despierto pero con una actitud relajada y libre de estímulos inesperados.
  • Beta, son las que aparecen cuando el paciente está haciendo alguna actividad que suponga un tono de vigilia y alerta más elevado.
  • Theta, las que aparecen en estados de sueño.
  • Delta, pueden observarse en estados de sueño profundo y en algunas patologías cerebrales.

Aportará información realmente útil en patologías como la epilepsia, las enfermedades cerebrovasculares, encefalopatías, etc.

Magnetoencefalografía (MEG)

Permite el registro de la actividad funcional del cerebro gracias a la detección de los campos magnéticos que se generan por los potenciales postsinápticos en las dendritas de las neuronas piramidales. En este caso no es necesario el uso de ningún tipo de electrodo y, entre otras ventajas, permite medir las señales neuronales en tiempo real. El problema es que se trata de una maquinaria muy sensible que puede percibir interferencias de cualquier elemento cercano, distorsionando la prueba. Se utiliza para el diagnóstico y/o evaluación de diferentes patologías (estudios vasculares, epilepsia, migrañas, enfermedades neurodegenerativas, etc.), y además nos permite también estudiar procesos cognitivos básicos como la memoria, la percepción, el lenguaje o las funciones ejecutivas.

Estimulación Magnética Transcraneal (EMT)

Es una técnica por la que se induce una corriente en el cerebro a través de un campo magnético con lo que se pretende generar un beneficio terapéutico y/o establecer relaciones causa-efecto entre la actividad cerebral y la conducta. Se utiliza como elemento complementario a otros métodos para realizar mapeos corticales de diferentes funciones cerebrales y para establecer relaciones causales entre excitabilidad cortical y comportamiento. Tiene diferentes métodos de aplicación y puede usarse con gran número de patologías tanto neurológicas como psiquiátricas.

Estimulación Eléctrica Cortical (EEC)

La EEC se usa fundamentalmente en el campo de la neurocirugía y con ella conseguimos un mapeo cortical para saber qué áreas pueden afectarse durante la intervención. Al igual que con la EEG, es necesario colocar unos electrodos, solo que esta vez se encontrarán en la corteza cerebral. En función de las respuestas que se obtengan, podemos clasificarlas en:

  • Respuestas positivas: las que se dan al estimular una zona con una función concreta y conseguimos que se realice esa función. Ejemplo: movimiento involuntario al estimular el área motora primaria.
  • Negativas: cuando al estimular un área determinada interrumpimos la función que tiene asignada. Ejemplo: producir una anomia al estimular el área de Broca.                                     

Medida del Flujo Sanguíneo (FSC)

Evalúa el flujo sanguíneo cerebral y permite estudiar aspectos funcionales de la actividad cerebral. La intensidad funcional de un tejido está estrechamente asociada a su consumo de oxígeno, que llega a los tejidos gracias a la circulación sanguínea. Para observar los cambios que se producen en la cantidad de flujo sanguíneo que llegan a las diferentes zonas cerebrales en función de la actividad a desarrollar, pueden usarse diferentes técnicas de las descritas con anterioridad.                                                         

Finalmente, es importante añadir que existen otras muchas técnicas de neuroimagen que nos permiten saber más sobre los componentes y funcionamiento de nuestro cerebro. Las técnicas microscópicas, por ejemplo, nos permitirán observar el tejido nervioso a un gran aumento, pudiendo llevar a cabo un estudio pormenorizado de su microestuctura y organización. Entre las más usadas podríamos encontrar:

  • Microscopia de luz transmitida.
  • Técnicas ópticas de contraste.
  • Microscopia de fluorescencia.
  • Microscopia en tejido vivo.