Tras sufrir un accidente cerebro-vascular o alguna lesión que comprometa la anatomía y/o funcionamiento del sistema nervioso central, la rehabilitación neuropsicológica (en conjunto con otras disciplinas), juega un importante papel en la recuperación. Para poder establecer cuáles son los daños sufridos y qué consecuencias comportamentales y emocionales traerán consigo, es necesario conocer, al menos de forma general, cómo funcionan y qué información nos ofrecen las diferentes técnicas de neuroimagen.

Las técnicas de neuroimagen son aquellas que permiten conocer la estructura neuroanatómica del cerebro, así como también nos ayudan a identificar las modificaciones que tienen lugar en la actividad cerebral cuando el sujeto realiza una función específica. Las principales son:

Resonancia magnética (RM)

Es la más utilizada en el campo de las neurociencias, sobre todo en estudios estructurales. No utiliza ningún tipo de rayos X por lo que puede considerarse inocua para el organismo. Su funcionamiento se basa en la utilización de ondas electromagnéticas, que son enviadas, recibidas y posteriormente reenviadas por algún tipo de receptor-emisor. Esta «antena» son los protones de los núcleos atómicos de hidrógeno, que serán alineados respecto al campo magnético que se encuentra en el escáner de la RM, adquiriendo la energía de las ondas para posteriormente emitirlas. Cuando los protones vuelven a su posición emiten una señal que nos permitirá reconstruir una imagen del tejido a estudiar. Podemos obtener dos tipos de imágenes:

  • Imágenes en T1, las más adecuadas para estudiar anatomía. Es útil para observar patologías que cursan con cambios morfológicos.
  • Imágenes T2, se usarán para obtener información de tipo fisiopatológico.

La importancia que ha adquirido la RM en los últimos años se debe a la posibilidad que nos da para medir los cambios hemodinámicos que se dan en el cerebro y localizar la respuesta neurofisiológica que un paciente emite ante estímulos de diferentes modalidades.        

Resonancia magnética funcional (RMf)

Esta técnica de neuroimagen funciona gracias al efecto BOLD, el cual depende fundamentalmente por las propiedades magnéticas de la hemoglobina. Cuando realizamos una tarea, el flujo sanguíneo de las diferentes áreas implicadas cambia. Y ese cambio es el que nos permite obtener una imagen de lo que está ocurriendo, puesto que la desoxihemoglobina (que tiene propiedades paramagnéticas) disminuye en relación con la oxihemoglobina, lo que provoca un incremento de la intensidad de la señal. Por ello, la RMf se utiliza mientras el paciente hace alguna tarea. Una de las limitaciones de esta prueba es que es probable que aparezcan varias zonas activadas, no por estar implicadas todas ellas en la realización de la tarea sino por la interferencia de ruidos, movimientos del sujeto, etc.

Tomografía por emisión de positrones (PET)

Es una técnica de neuroimagen funcional que nos permite crear imágenes que muestran la función fisiológica y específica de algún proceso molecular, por lo que se utiliza para determinar diferentes procesos vitales como la perfusión y flujo sanguíneo, el metabolismo de la glucosa, etc. Para llevar a cabo una PET es necesario el uso de radiación ionizante. Cuando este elemento ya ha sido inyectado (ingerido o inhalado) en el paciente, se acumula en la zona que queremos observar y emite una energía en forma de rayos gamma. Esto nos permite obtener las imágenes por la que podremos apreciar qué cambios se están produciendo o se han producido en el organismo del paciente. Las aplicaciones más usuales de la PET son en:

  • Estudios de tumores cerebrales, donde nos permite realizar tanto el diagnóstico como el seguimiento. También nos aporta datos sobre qué tratamiento puede ser más efectivo y en qué grado se encuentra el tumor.
  • Demencias, donde nos proporciona patrones de actividad bastante específicos para distintas patologías y nos ayuda a establecer un diagnóstico.

Tomografía por Emisión de Fotones (SPECT)

Esta técnica evalúa el flujo sanguíneo cerebral, con lo que nos permite conocer aspectos funcionales de la actividad cerebral. Gracias a ellas obtenemos imágenes digitalizadas y a color del cerebro que nos permite conocer la medida del flujo cerebral. Es una técnica que constituye una de las aplicaciones más importante en el estudio de enfermedades como la demencia, los accidentes cerebro-vasculares, las enfermedades psiquiátricas, los tumores cerebrales, los traumatismos y las epilepsias. Su limitación fundamental radica en que no podemos aceptar esta prueba como único elemento diagnóstico de qué está pasando en el cerebro del sujeto, para poder interpretarlas correctamente debemos considerar la sintomatología que presenta el paciente, así como su valoración neuropsicológica, para ser cautos con su interpretación final.

Tomografía Axial Computada (TAC)

Una de las técnicas más conocidas para el diagnóstico clínico porque nos permite, a través de un plano axial o transversal, observar el interior de nuestro organismo. La imagen que obtenemos de esta prueba depende fundamentalmente del grado de atenuación del rayo X que se usa, esto es, en función de la masa que atraviese el rayo será captado con mayor o menor claridad/intensidad por el detector. Así, los elementos más densos presentarán un color más «brillante» mientras que los menos densos aparecen en tonos oscuros. La TAC también puede llevarse a cabo con la ayuda de radiofármacos, que nos devolverá una imagen mucho más nítida del fenómenos que queremos observar. El uso clínico de esta prueba es mucho y muy variado (tumores, anormalidades cerebrales y medulares, hemorragias, aneurismas, etc.), ya que tienen una gran precisión a la hora de detectar las anomalías por pequeñas que sean y tiene un coste no muy elevado en comparación con otras pruebas. Como limitaciones de la técnica podemos hacer mención a los limitados planos desde los que obtenemos las imágenes y a la necesidad de radiar a los pacientes en determinadas ocasiones.


La próxima semana complementaremos este artículo con otras técnicas de neuroimagen.