Dedicado a mi ex psicoanalista Gustavo Dessal

Para empezar me vuelve loca el mix entre la tragedia más colosal, y el no poder parar, pero literalmente, no poder parar, de reír y de llorar al mismo tiempo. Que no puedas siquiera irte a dormir sin desear despertar enseguida para continuar y verte la serie completa en 8-10 días, que fue lo que hice. Que alguien logre hacer que te ocurra eso para mí es genialidad. Y que encima el guión, la obra en sí, te lleve a las reflexiones más lúcidas y profundas acerca de las relaciones humanas, de lo que es para un ser humano su vida, la psicología del ser humano, no tiene calificativo.

Dice en un artículo un fan de la serie: «Walter llevaba, sin ser del todo consciente, años y años cultivando en su fuero interno un fuerte resentimiento y una frustración por ejercer un trabajo vulgar muy por debajo de su talento, y por sentir que nadie, ni siquiera su familia (y menos que nadie, su cuñado Hank, al que gusta mofarse de su pusilanimidad al tiempo que aprovecha para alardear de hombría), le valora en lo que vale.»

No. No fue así. O al menos falta precisión en el análisis.

No recuerdo con exactitud los hechos, pero sí recuerdo una escena, al principio, casi, en la que Walter estaba con una alumna explicándole en una pizarra cosas que para él eran maravillosas, o al menos sumamente interesantes, por lo menos por la manera en las que se las explicaba a esta alumna, no recuerdo muy bien el tema. A Walter creo que le gustaba mucho esta alumna y creo que eso se notaba (la alumna lo notaba, por supuesto, y todo parecía apuntar a que estaban muy cerca del romance.) Pero luego esta alumna se casa creo que con un colega o amigo de Walter, y montan su multimillonario imperio a partir de alguna de estas ideas de Walter y su éxito es rotundo. Incluso creo que llegan a ofrecerle a Walter algún empleo que él por supuesto rechaza.

Creo que fue este el suceso que marcó a Walter. Que lo dejó por los suelos. El haber sido ninguneado. Mortalmente ninguneado, expoliado y humillado. Tanto es así que se casó con una mujer que no solo no lo valoraba sino que también lo humillaba, estúpida hasta decir basta, atorada en el más puro convencionalismo, amorfa en su manera de actuar y de ser, y de ver el mundo, y que solo podía llorar lágrimas de cocodrilo. Walter, deprimido, dedicó años de su vida a un trabajo vulgar en el que el jefe lo desvalorizaba cada vez que podía, lo mismo que los clientes, que eran testigos.

Luego llega el momento del diagnóstico de cáncer. La mujer de Walter le explica que es urgente que se trate: para ella, en su inefable egoísmo y tiranía doméstica, la salud está por delante de la vida. Walter no piensa igual, intenta explicarle algunas cosas que él considera que no son cosas por las que él quiera pasar, amén de que le mortifica el pensar que no va a poder dejarle nada a su hijo, pero llega un punto en que ya deja de hablar porque ve claramente cuán inútil es intentar hablar con una mujer como la suya. Creo que su mujer convoca en ese mismo momento una reunión-trampa familiar para rematar las resistencias de Walter y lograr que entre todos los comparecientes que tienen a Walter por un fracaso, por un incapacitado mental, pusilánime total, la hermana cleptómana, el cuñado de la DEA, el hijo que creo que en algún momento se va, y que es el único que parece que quiere a su papá y ese sentimiento es recíproco, como se ve al final del apocalipsis-, y no dejan de hacérselo notar a cada minuto, se ríen en su propia cara como si tal cosa, convenzan a Walter para que acepte la oferta de su ex amigo de pagarle generosamente el tratamiento para el cáncer. O sea. Es el no va más. La denigración no puede ser más grande.

También antes hay una escena, que prefigura todo lo que luego va a pasar, en la que están Walter y su mujer en una tienda comprándole ropa al hijo, y una banda de bullies se la toman con el hijo, y para asombro de su esposa, sin rendirle cuentas esta vez, Walter se hace cargo de la situación y pone coto a la banda de sinvergüenzas saliendo en defensa de su hijo.

Es decir. Esta serie no es una oposición entre el bien y el mal encarnada en Walter como Jekyll y Hyde. O sí lo es, pero no en el sentido que le quieren dar. Todo el asunto de la droga, no es sino una excusa magistral para que veamos dónde reside el mal: en la imbecilidad de todos los que rodean día a día a Walter y hacen leña del árbol caído y a los que él les va a tener que dar la lección de sus vidas, cueste lo que cueste porque no es la salud lo más importante, sino la vida. El sentido que le damos a nuestra vida. Nuestra función en esta vida: y la de Walter era la de enseñar.

Porque no se debe humillar ni ningunear jamás a una persona. A las personas se las debe respetar. Y es por eso que me gusta Breaking Bad.