Hasta hace no mucho tiempo se hablaba de que la terapia psicológica debía ser de un carácter neutro, donde el terapeuta se mantiene al margen de la temática que el paciente trae a sesión, de manera de no interferir con ideas o pensamientos que sean propios, pero hoy en día eso no basta.

El ejercer la psicología a través de la psicoterapia implica un acto político que no puede ser neutro, y como tal puede ir orientado de una determinada manera, donde el terapeuta se posiciona desde un lugar y por lo tanto se involucra en el discurso de lo que el paciente relata, se involucra, pero no se apropia de el mismo, estableciendo esa diferencia que es necesario aclarar.

Así surgen nuevas formas de abordar esta supuesta neutralidad del terapeuta, que en la práctica no se produce tal vez como se puede exponer desde una perspectiva netamente teórica. A partir de ahí por qué sería importante establecer una perspectiva de género como parte del proceso terapéutico de la persona.

La perspectiva de género sirve para enmarcar esa postura política asociada a comprender las dificultades que siguen existiendo en cuanto a roles y estereotipos de género que existen en nuestra sociedad, entiendo que cada sujeto construye su personalidad e identidad en la interacción con una sociedad, y esa interacción será diferente según seas hombre o mujer, al entregarnos determinadas formas de relacionarnos con nuestro alrededor. Es decir que hace la diferencia no solamente por su determinación biológica de los sexos, sino también por las diferencias culturales asignadas a los seres humanos, donde muchas veces la figura de la mujer se ve mayormente afectada.

Es necesario aclarar que no se trata de hacer política en terapia, sino que entender que lo personal es político, y que la política se instala desde esta perspectiva, desarticulando estereotipos de género, cuestionando estructuras de poder patriarcales y machistas y entendiendo las diferencias entre hombres y mujeres y cómo se ven afectadas por esas mismas diferencias. Igualmente aclarar como un psicólogo hombre se puede enmarcar desde esta perspectiva que probablemente lo distinga desde otras líneas o corrientes psicológicas.

A su vez, la importancia también radica en hacer conciencia de cómo aquellas diferencias entre hombres y mujeres, finalmente, pueden afectan a nuestra salud mental y cómo a partir de ahí, motivarse a trabajarlas en sesión, identificando aquello que te está aquejando, tomando una postura respecto a la temática y generar un nuevo análisis de esa situación, siempre con miras hacia mejorar la calidad de la salud mental de cada persona. Finalmente, esa será la postura que va a distinguir al psicólogo que opta por esta postura, entendiendo la importancia del género en psicoterapia.