Todos hemos escuchado hablar de las parafilias y existen un número de ellas, más o menos «populares», de las que sabemos su definición y en qué consisten; pero, ¿cuáles son sus descripciones e implicaciones técnicas?, ¿cuántas hay?, ¿tienen tratamiento?

Si recurrimos al Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-5), éste define los Trastornos Parafílicos como aquel «grupo de patrones de comportamiento sexual recurrentes que se caracteriza por la necesidad de usar objetos, rituales o implicaciones en situaciones poco frecuentes, como medio prácticamente exclusivo para obtener una satisfacción sexual completa». Esta necesidad, para que pueda diagnosticarse como «trastorno», ha de traer consigo un malestar significativo hacia la persona que la tiene o hacia otras personas que puedan estar de alguna forma implicadas. Además, han de verse también afectadas otras áreas funcionales para la vida.

Es importante que sepamos distinguir todo esto de aquellas conductas parafílicas que cualquier pareja puede llevar a cabo con el fin de evitar la monotonía sexual en sus relaciones, y que entran dentro de los patrones de excitación normal.

Aclarado este punto, recogemos a continuación una serie de Trastornos Parafílicos más comunes y una breve descripción de cada uno:

  • Exhibicionismo: es una tendencia recurrente a exponer lo órganos genitales a extraños sin intentar un contacto más íntimo.
  • Fetichismo: se produce cuando existe una fuerte dependencia de algún objeto inerte concreto como estímulo principal para la excitación y satisfacción sexual. Sólo se considera un trastorno cuando dicho objeto es la fuente más importante de estimulación o si es totalmente imprescindible para obtener una respuesta sexual completa y satisfactoria.
  • Voyeurismo: en este caso la excitación y satisfacción sexual se obtiene de observar, de forma oculta y sin consentimiento, a personas desnudas y/o que están practicando algún tipo de actividad sexual.
  • Frotteurismo: se da ante la necesidad compulsiva e irrefrenable de tocar o rozarse con una persona desconocida sin su consentimiento.
  • Masoquismo: se produce excitación sexual ante el dolor, físico o psicológico, que puede ejercer la pareja sexual. Puede realizarse de forma real o como una fantasía.
  • Sadismo: en este caso, el placer sexual se obtiene al ser la persona quien provoca un dolor o daño, físico o psicológico, a otra persona y (como en el caso anterior), puede darse de forma real o a través de fantasías sexuales sádicas.
  • Pedofilia: la conducta pedófila está orientada a llevar a cabo contactos sexuales con un menor.
  • Parafilias No Especificadas: en este grupo se encuadrarían aquellos comportamientos sexuales extraordinarios como la zoofilia, clismafilia, ondinismo, coprofilia, urofilia, escatología telefónica, necrofilia

Se han estudiado cuáles son las causas de aparición de estos trastornos, o más bien, cuáles son los factores de riesgo que podrían predisponer a este tipo de alteraciones. En cuanto, a las variables de personalidad que podrían relacionarse con la manifestación de un trastorno sexual de este tipo, se no se han hallado datos concluyentes que nos puedan arrojar luz sobre cuáles son los perfiles de personalidad que discriminarían entre la población con Trastornos Parafílicos de aquella que no manifiesta este tipo de diagnóstico. Sin embargo, sí parece existir una explicación si eludimos a las teorías del aprendizaje, por las que mediante un patrón básico de condicionamiento clásico, un estímulo neutro podría haberse convertido en estímulo sexual por alguna situación de asociación casual.

Durante mucho tiempo, se han relacionado los abusos (tanto emocionales como sexuales) durante la infancia, con un posterior desarrollo de Trastornos Parafílicos. Pero, al parecer, la consecuencia del abuso infantil es más específica: es más probable ejercer conductas sadomasoquistas cuando se han sufrido abusos sexuales en la infancia y presentar conductas exhibicionistas cuando los abusos han sido provocados en el plano emocional.

Actualmente no existe ninguna intervención psicológica que haya demostrado de forma empírica su eficacia, si bien es cierto que se ha encontrado que la Terapia Conductual se ha proclamado como intervención probablemente eficaz, así como la Terapia Cognitivo-Conductual como prometedora en términos de eficacia, en cuanto a lo que se refiere a tratamientos validados para alteraciones que implican actos delictivos (como el caso del trastorno frotteurista, exhibicionista o pedófilo).