Por un asunto, en este caso, privado, contacté con un analista junguiano. Yo misma leí a Jung, vol. IX de sus obras completas, y poco más. Y me gustaron mucho algunas cosas, que eran realmente ciertas. 

El caso es que este señor en concreto al que me refiero, analiza los sueños de una manera realmente brillante. Escribe, sobre psicópatas, perversos narcisistas, ovnis, chamanismo, arquetipos, mitología, mística, estados alterados de conciencia, astrología… novelas.., y analiza sueños de una manera verdaderamente deslumbrante. Fue por algunos de sus escritos que le contacté. 

Pero ojito. 

Porque una cosa es que analices sueños en base a arquetipos y mitos, y otra que sepas ejercer como psicoterapeuta. 

Este hombre analiza los sueños pero no los contextualiza. ¿Y a que lleva eso? Pues a que al final te enreda, te sume en un ensueño, un cuasi delirio que te confunde, y luego, seguidamente, te hipnotiza. Se te va la cabeza. 

Porque si analizas sueños es para que establezcas relaciones directas y sin ambages con la realidad, con tu realidad concreta.. Hay que contextualizar, no se trata de divagar acerca de tal mito, de tal arquetipo, sino confrontarlo luego, con lo real. 

Un psicoterapeuta junguiano es bienvenido siempre y cuando deje de ser «junguiano». Lo mismo que no es posible continuar considerándose «freudiano», o kleiniano, o lacaniano o skineriano o winnicottiano, como no podemos considerarnos «newtonianos», einstenianos… bohrianos. Etc. 

En ciencias hay que tener la capacidad de coger solo lo bueno y lo válido de cada ecclesia, para no solo quedarse con los ensueños, lo teórico, las ficciones, sino introyectar conocimientos, y técnicas. Todas las técnicas, de casi todas las corrientes y escuelas para llegar verdaderamente a empatizar con los pacientes, y ser capaces de actuar, de reaccionar en consonancia con los pacientes.  

Si este señor es junguiano, es porque en realidad, es solo un chamán: un «adivino» o un “cuentacuentos”, sin más.