Llega la Navidad y, con ella, nuestra cotidianeidad se ve invadida por mensajes de paz, amor, buenos deseos y familia. Mientras, nuestra agenda se ocupa con cenas, comidas y encuentros con los compañeros de trabajo, todos los grupos sociales de los que formamos parte, los amigos, el gimnasio, la asociación a la que estamos vinculados y… con la familia. Y es que, si algo caracteriza a la Navidad es la imagen, casi arquetípica, de la familia reunida en varias generaciones, todos sonriendo, felices y compartiendo amor.

¿Y si mi familia no forma parte de mi vida? La casuística para esta pregunta es inmensa: ruptura de vínculos por motivos diversos, falta de conexión, incompatibilidad entre “mi” familia y la familia de mi pareja, emigración o fallecimiento, por nombrar algunas. Esta pregunta se la hacen muchas personas, quizá más de las que imaginamos y más cercanas a nosotros de lo que podamos pensar. Y esta misma pregunta es la responsable de que para muchas personas, el mes de diciembre sea un mes “maldito” en el calendario.

Y desde aquí nos preguntamos, ¿quién es tu familia? ¿Aquellos de donde procedes, lo que llamamos “árbol”? ¿tu pareja e hijos? ¿el árbol de tu pareja es tu familia? ¿tus amigos? Y la respuesta no puede ser más salomónica: todos son tu familia .

Solo yendo tres generaciones atrás (a los bisabuelos) descubrimos que hicieron falta ocho personas (cuatro hombres y cuatro mujeres) para que a día de hoy, tú estés aquí (Salvat, 2019). Y solo dando un paso más, nos encontramos con dieciséis personas, tus tatarabuelos. La suma para las generaciones anteriores, ¡se las dejamos a los matemáticos! Te guste o no, estás aquí “gracias” a aquellos que estuvieron antes que tú (Hellinger, 2010; Van Eersel & Maillard, 2004). Y no es solo una cuestión biológica. A ellos te une, inevitablemente, la historia que vivieron porque eres producto de su biología y de sus circunstancias y experiencias, a las cuales, hoy día, sumas las tuyas. Y eso será lo que “hereden” tus descendientes (Hellinger  2010; Shützenberger, 2007; Weber 1999). ¿Significa esto que estás “obligado” por imperativo bio-psicológico a llevarte bien con tu familia de origen? ¿A admirar y amar a tus padres, a tu hermana, a ese tío que arruinó a la familia? No. Que estemos unidos a ellos no significa que no hayan podido hacernos mucho daño o que, simplemente, no nos gusten. Amarles, disfrutar de su compañía es una elección personal. Aceptar que formas parte del mismo sistema y honrar y agradecer a los que estuvieron antes que tú, solo por el hecho de que por ellos es que estás aquí, sí es un imperativo, si no biológico, para la propia paz mental (Shützenberger, 2007). Eres parte de un sistema (de un árbol) que ya estaba aquí antes de que tú llegaras y que seguirá estando porque de este sistema formarán parte también tus descendientes (Bourquin, 2007; Salvat, 2019; Shützenberger, 2007).

¿Es familia mi pareja y mis hijos? ¿Mi nuera y mi yerno? Sí. Idealmente, asumimos que a tu pareja la escogiste y a ella te une el amor. A tus hijos estarás vinculado siempre. No importa lo que hagan. Lo que elijan. Siempre serán tus hijos porque en el momento en el que nacen ya forman parte de tu árbol. Y no, a ellos no los escoges: “Los hijos (…) vienen a través vuestro pero no son vuestros/ Y aunque vivan con vosotros, no os pertenecen”, expresó bellamente Khalil Gibrán (1883-1931) en su libro “El profeta”. Tu nuera y tu yerno, son elecciones de tus hijos. Tu relación con ellos es tu elección.

Los suegros y cuñados, son parte del árbol de tu pareja. Tu pareja es quien es porque es parte de ellos y ellos parte de ella. Cuando dos personas deciden unirse y crear una familia, están uniendo mucho más que a sí mismos, están uniendo sus propios sistemas, con sus virtudes y sus defectos; con su abundancia y su carencia (Hellinger, 1996). Así que, juzga por ti mismo si son tu familia o no.

¿Y los demás? Esta sí es tu decisión. La biología y el árbol nos señalan de dónde venimos, y a dónde pertenecemos. A partir de aquí, es cosa nuestra. Por tanto, ¡claro! Claro que a esa vecina que siempre te recoge los paquetes puedes sentirla como familia. Claro que tus amigos, aquellos con los que tienes miles de recuerdos, son tu familia. Y esa persona que conoces solo desde hace un mes pero con quien tienes una conexión especial, puede ser tu familia también. Si así lo deseas y así lo cuidas.

Dicen los “grinch” de la Navidad que ésta no deja de ser una festividad como otra cualquiera, gobernada por el consumismo, el postureo en redes sociales y la hipocresía. Es tu decisión vivirla así. Y puede que quien te toque al lado en la cena de Nochebuena no sea alguien con quien escaparte a una isla desierta. Solo pregúntate, ¿de qué sistema forma parte, del tuyo o del de tu pareja? ¿del sistema de tus hijos? ¿quizá forma parte del sistema de alguien a quien quieres? Enfatizamos: forma parte.

Familias… hay muchas. No estás solo. No estás sola porque eres parte de muchos sistemas: el de origen, que es tu árbol, y los demás que has escogido. Nadie dijo que para ser una familia feliz haya que compartir genes. La familia es una cuestión de vínculos. Y al final, en palabras de Carl Sagan, “Somos polvo de estrellas. Todos provenimos del mismo evento cósmico”.

Referencias

  • Bourquin, P. (2007). Las Constelaciones Familiares. En resonancia con la vida. Ed. Desclée de Brouwer.
  • Hellinger, B. (1996). El centro se distingue por su levedad. Conferencias e historias terapéuticas. Ed. Herder.
  • Hellinger, B. (2010). El amor del espíritu. Ed. Rigden Institut Gestalt Salvat, M. (2019). El árbol transgeneracional. Nuestro sistema familiar y sus lealtades. Ediciones Marta Salvat.
  • Shützenberger, A. (2007). Psicogenealogía. Sanar las heridas familiares y encontrarse a uno mismo. Ed. Sirio.
  • Van Eersel, P. & Maillard, C. (2004). Mis antepasados me duelen. Psicogenealogía y constelaciones familiares. Ediciones Obelisco.
  • Weber, G. (ed.) (1999). Felicidad Dual. Bert Hellinger y su psicoterapia sistémica. Ed. Herder.

Artículo escrito por Pilar Rueda, doctora en Psicología de la Asociación Con.Ciencia.