Haremos una lectura muy por encima del mito de Narciso para centrarnos en los aspectos, para mí, más relevantes. 

De mis observaciones:

a. Como en el mito de Edipo, en el mito de Narciso-Eco tenemos de nuevo al vate que es el omnipresente Tiresias. Tiresias según la mitología griega, es un sacerdote ciego: ha quedado ciego por ver copular a dos serpientes[1]. Es importante esto porque en lo que a Narciso respecta, lo que nos importa es el sentido de la vista o pulsión escópica; pero luego, en cuanto a Eco, nos importa sobe todo la pulsión invocante, y por triple partida: 1. El vate ciego “habla” y Liríope le ”escucha”;  2. Eco es castigada por “chivarse” a Hera acerca de las andanzas de Zeus con las demás ninfas (Lara entre los romanos); 3. El castigo consiste en que Eco cuando habla, solo puede repetir la última sílaba de lo que los otros digan (eco). Imita, porque carece de personalidad (mismidad). 

b. Tanto Céfiso como Liríope son dioses líquidos: el elemento que define a Narciso genealógicamente es el agua: su padre es el río Céfiso y su madre, Liríope, una ninfa de las fuentes. Luego Narciso, por su falta, es abrasado por el fuego antes de metamorfosearse en flor.

Sostengo que:

1. Eco y Narciso son las dos caras de una misma moneda. Según Chazarreta, Narciso representa la mismidad y Eco la otredad, pero en el narcisismo, en realidad, mismidad y otredad conviven en la misma persona (y no necesariamente en dos personas como sostendría Marietán aunque esto también se da)[2], anulándose, en un vacío existencial: el sujeto narcisista es solo un eco de los demás -su yo es solamente una ficción, un falso yo o un yo del o para el  otro[3]-, a quienes se adhiere como lapa y se ve obligado a explotar para poder ser, cosa que él rechaza y niega tajantemente, lo mismo que en el mito Narciso rechaza a Eco. 

El narcisista se odia a sí mismo y se lanza a los brazos del halago que busca con desespero, como Eco se lanza a los brazos de Narciso en un irrefrenable buscarse a sí misma/o en el otro, sin que encuentre jamás algo en ese lugar. Eco por consiguiente es Narciso, y el destino de Eco es simplemente, hundirse en la miseria, desolada, y desaparecer. Eco representa la depresión insondable que padece Narciso y que es el aspecto del sujeto narcisista que no solemos ver. 

2. Dice Chazarreta que este mito era muy popular en Grecia. Este mito, dice en su artículo, representaba el miedo a la libre elección que sentían los griegos, propiciado y exacerbado por el embate híper-racionalista de estoicos, epicureístas y neoplatónicos, que exigía de ellos «individuarse» y elevarse hasta las más altas cumbres de la intelectualidad, lo que, como reacción, les empujaba a buscar refugio en el irracionalismo representado por Dionisos y la superstición, que es exactamente lo mismo que ocurre en nuestra época. 

El mito de Narciso, según este artículo, vendría a ser algo así como el consuelo para ese pueblo aterrorizado, ya que a Narciso “el que detenta su individualidad sin importarle los demás” se le representa como soberbio y muy bello[4], indiferente al amor que le profesan, y se le castiga duramente por ello. Pero veamos que antes, Tiresias el vate ciego, como representante de la irracionalidad imperante, es quien va a ser consultado por Liríope, y escuchado atenta y obedientemente por ella que, en lugar de escuchar lo que le dicta el corazón y mirar con sus propios ojos a su hijo para servirle de espejo (ver Winnicott), ya que ella es agua, ni más ni menos, se deja guiar por un ciego lo que conduce a que Narciso -a falta de ese espejo que es la mirada amorosa de una madre-, no pueda desarrollar su propio yo y pase a depender de por vida de la mirada (y de los decires, igual que su mamá) de los demás. Si el pobre Narciso queda atrapado a una imagen de sí mismo, no es sino porque por fin esta se le muestra. 

Pero esta imagen, dice el mito, le ciega y le obnubila: es decir, le paraliza, le hipnotiza (¿como la cópula entre dos serpientes ciega a Tiresias?), porque Narciso no tenía conciencia de ser: los narcisistas, a diferencia de lo que se cree, están ciegos, literalmente, no ven su imagen en el espejo porque evitan confrontarse a la realidad que les devolvería la horrorosa, para ellos, imagen de Eco: repetir sin más lo que dicen los demás a falta de mismidad, de individualidad, de identidad. 

Los narcisistas proyectan, ven fuera ese aspecto de sí mismos, y lo castigan. No importa por consiguiente hasta qué edad vivas, que es lo que a Liríope en cuanto a su hijo, por lo visto le preocupa -es esto lo que le pregunta a Tiresias-, sino qué has hecho de y con tu hijo durante el tiempo de vida que le queda. 

3. Otra enseñanza de este mito es que no puedes amar a nadie si antes no te amas a ti mismo, pero no puedes amarte a ti mismo si no eres nadie para tu madre, para la que, en el mito y en nuestra sociedad, y en la griega, solamente importa el qué dirán: los “ecos” de sociedad.

4.En cuanto a la genealogía “líquida” de Narciso, viene a cuento señalar la manía de Bauman de identificar nuestra sociedad -narcisista-, con este estado de la materia. Vivimos en realidad, en un mundo que está en estado radiactivo, y no líquido, ojalá, que está a punto de explotar si es que no ha explotado ya, ya que la radiactividad en forma de gas asoma una vez que la bomba explota. Es la rigidez del modelo híper-realista (ver La violencia del mundo, Edgar Morin y Jean Baudrillard [En línea] https://biblioteca.multiversidadreal.com/BB/Biblio/Jean%20Baudrillard/La%20violencia%20del%20mundo%20%28679%29/La%20violencia%20del%20mundo%20-%20Jean%20Baudrillard.pdf), racional-mecanicista y reduccionista de los positivistas, y de los nacionalsocialistas de todo signo, lo que empuja a las personas perdidas e inadvertidas a buscar una salida en la irracionalidad ofertada por los gurús (Tiresias[5]) de las mil y una ideologías, religiosas, políticas, cientificistas, que van y se multiplican, de nuevo, por todo el planeta, tal y como ocurría en la antigüedad. 

Una sociedad líquida, fluye, y el agua, que yo sepa, es bendita.

NOTAS 

[1] No vamos a ahondar aquí en el significado simbólico de la serpiente, pero es fácil intuir a qué nos conduciría en lo que a este “vate” en concreto se refiere. En Significación genésica del mito de Narciso: Hacia una clarificación de sus fuentes grecolatinas, Chazarreta alude a la importancia de la sexualidad, de Eros, también en este mito: en la antigua Grecia se distinguía entre Eros, amor pasional intenso, adulto, sexual, Philia, amor o cariño tierno entre iguales, compañeros, comunidad, amigos, Ágape, amor por la Humanidad, Pragma, amor «realista», Philautia, amor por uno mismo, y Storge, amor de padres a hijos.  

[2] Marietán, H. El complementario y su psicópata [En línea] https://alcmeon.com.ar/9/35/Marietan.htm

[3] En psicoanálisis se explica que hay que diferenciar pulsión de perversión. En la perversión el élan vital es puesto al servicio del (presunto) deseo del otro, el sujeto prescinde del deseo o empuje vital propio (se resiste a la libre elección: que elija el otro). De ahí que el narcisista se pase el día «adivinando» cuál es cada vez el deseo del otro, «para servirle.» De ahí que siempre esté buscando Tiresias de todo tipo, «adivinos», que le indiquen y le garanticen el camino.

[4] Chazarreta también habla en su artículo del concepto de belleza, del valor y significado de las apariencias en la antigua Grecia. Es interesante lo que apunta en cuanto a la importancia que para los estoicos tenía la simetría…

[5] La palabra gurú (guía espiritual, maestro religioso hindú) viene del sánscrito (grande, venerable, pesado). Se vincula con la raíz indoeuropea *gwer(e) que también está presente en las palabras barítono, grave y bruto. [En línea] https://etimologias.dechile.net/?guru.-

BIBLIOGRAFÍA