Voy a hacerme eco de lo que dice la psicóloga breve estratégica Alicia García Aguilar en un artículo de su blog.[1]

Dice lo siguiente (copio tal cual el artículo aunque lo limpio de “excusas” que pueden entenderse como una manera, por parte de esta psicóloga, de atenuar el impacto de lo que quiere decir en realidad), y luego analizo, amplío y explico.

«En los últimos años, el enfoque conductual ha evolucionado haciendo suyas ciertas enseñanzas tibetanas. Insignes estudiosos como Goleman y David son (2017), en virtud de sus relaciones directas con el Dalai Lama (Tenzón, Goleman, 2003, 2004), han retomado algunas técnicas tibetanas como:

  • El mindfulness,
  • La aceptación y
  • La compasión

Convirtiéndolas en la piedra angular del cambio psicofisiológico.

Desde el adiestramiento conductual se ha pasado al mental focalizado sobre la conciencia y la gestión de las propias funciones psicofisiológicas. Los libros sobre mindfulness, aplicados a cualquier ámbito, se han convertido bien rápido en best sellers. Por otra parte, la unión entre una visión científica occidental y las prácticas basadas sobre la sabiduría oriental ejercen siempre una gran fascinación. Y la considerada “ciencia de la consciencia” (Solomon, Siegel, 2017) domina hoy la escena de las teorías del cambio en la cultura americana.

El problema surge en la aplicación a la psicopatología

El problema con esta perspectiva, sin duda eficaz como vehículo de crecimiento personal, surge cuando se aplica de manera indiferenciada a las diversas formas de psicopatología como si fuese una suerte de panacea universal.

Si, de hecho, aplico el mindfulness a un sujeto con una forma severa de ataque de pánico, la mayor conciencia de su sentir y actuar no lo ayudará de hecho a superar su trastorno porque, como sostiene LeDoux (2015) (…) la superación de un problema de este tipo requiere experiencias [emocionales] concretas de cambio en la percepción del miedo como una realidad (…) y, por ello, la conciencia mental [la razón] no basta (…)

En otros términos, para superar un miedo invalidante sirven experiencias [emocionales] concretas vividas primero de manera inconsciente, que solo en un segundo momento pasan a ser conscientes.

Los datos de la investigación de campo

Nuestras percepciones, de hecho, activan muchas más respuestas, no mediadas por la consciencia, respecto a las producidas conscientemente (…)

La sobrevaloración del pensamiento y de la consciencia respecto a la intuición y a lo inconsciente es de los mayores límites de la ciencia occidental (…)

Primero es la experiencia y luego el aprendizaje

Jean Piaget, fundador del estudio de las cogniciones … demuestra claramente cómo … son los cambios [afectivos] experimentados los que producen los aprendizajes y no al revés (…)»

EXPLICO, AMPLÍO O ACLARO ALGUNOS PUNTOS 

Cuando hablamos de conciencia, de lo conciente, hablamos de lo racional por oposición a lo que es intuitivo, afectivo, emocional.

Los traumas afectan a nuestras cogniciones, es verdad, pero porque antes, primero, impactan a nuestras emociones (tal y como explica el artículo que explica en su momento Piaget.)

No conseguiremos tratar el trauma que subyace a todos los trastornos mentales recurriendo a terapias o prácticas que se centran en lo cognitivo-racional, sin haber conseguido que antes o después o a la vez, el sujeto tome contacto con lo que siente.

El enfoque conductual es mecanicista, considera que mente y cuerpo no son una unidad funcional, tal y como se creía en el siglo XVII. Este paradigma solamente contempla lo exterior, la conducta, como su nombre indica, sin tomar en cuenta lo emocional-irracional-interior o no conciente porque para el conductismo lo que no se ve no existe o no interesa porque no se puede “medir.» De ahí que lo único que puede proponer (nuevamente: en la Alemania nazi, pero no solo -basta ver la Revolución Francesa, el movimiento del sesenta y ocho también en Francia, el comunal hippie de los Estados Unidos, o “la teoría sueca del amor”[2], en la actualidad, el “desbarre” de gente de valor como el exhausto Ronald Laing, entre muchos otros-, tenemos un muy triste precedente de cómo se recurre al pensamiento oriental cada vez que Occidente entra en crisis política, económica, moral y existencial) es el uso de técnicas que movilicen lo conciente, lo racional del hombre que para estos positivistas hace superior al hombre respecto del animal que únicamente siente. Las prácticas tibetanas, al igual que el conductismo, pueden ayudar a alguien centrado en sí mismo que no padece emocionalmente de nada. O sea, al narcisista.

Nuestra sociedad actual se debate aún entre propiciar este narcisismo estructural que la caracteriza, o dar rienda libre y completa y sin ninguna contención a lo irracional, idéntica disyuntiva a la clásica dualidad apolíneo-dionisíaca que regía el día a día en la antigua Grecia, que pervive y se redescubre y re-entroniza cada vez, y que es alimentada desde la práctica totalidad de corrientes de pensamiento, clases sociales, género, ciencias y artes, instancias e instituciones, económicas, educativas, sanitarias y psicosociales, y políticas globales.

[1] https://aliciagarciapsicologa.com/mindfulness/

[2] https://youtu.be/hhcLwrX9DCo?si=kC-hf7xVskPP0vKv