En la actualidad, mindfulness y meditación son conceptos que generalmente se utilizan como sinónimos y que se usan indistintamente sin tener muy claro cuál es el significado e implicaciones técnicas de cada uno de ellos. Por este motivo, intentaremos aclarar qué significa cada concepto y cómo se relacionan:

Mindfulness

A grandes rasgos, podemos afirmar que el mindfulness es un proceso psicológico central que puede modificar de alguna forma el modo en el que respondemos ante las dificultades y obstáculos que aparecen a lo largo de nuestras vidas. Según su definición tradicional, estaríamos hablando de tres elementos claves: conciencia, atención y recuerdo, pero gracias a la creciente utilización del término en la psicoterapia actual, su definición actualmente es más amplia y abarca una gama de ideas, conceptos y prácticas más extensa. De esta forma, Kabat-Zinn (pionero en la aplicación terapéutica del mindfulness), lo define como «la conciencia que surge de prestar atención intencionalmente en el momento presente y sin juzgar a las experiencias que se despliegan en cada momento». En otra definición más completa y posterior de Bishop et al., encontramos que el mindfulness es «una autorregulación de la atención mantenida en la experiencia inmediata, que permite un mayor reconocimiento de los acontecimientos mentales en el momento presente y adopta una orientación particular hacia la propia experiencia, caracterizada por la curiosidad, la apertura y la aceptación». Para ser un buen terapeuta mindfulness, es necesario adquirir las habilidades propias y establecer una relación terapéutica basada en la aceptación y la compasión para que el proceso sea realmente efectivo.

El mindfulness no es dejar la mente en blanco, es entrenar nuestra mente para que sea consciente de lo que hace en todo momento. No implica apartarse de la vida, sino experimentar de manera más vívida todo lo que en ella pasa. El objetivo del mindfulness tampoco es buscar la dicha o felicidad plena, es aprender a experimentar de forma excepcional tanto los estados de felicidad como los desagradables. A través del mindfulness no se pretende escapar del dolor, lo que se persigue es ser capaces de soportarlo y aceptarlo.

¿Qué es la meditación?

Situamos la mente en un objeto determinado (que puede ser físico o conceptual). Se produce la deambulación de nuestra mente por caminos de ensoñación, asociación, juicio… Al hacernos conscientes de esta deambulación, volvemos al objeto primario con paciencia y suavidad.

Al igual que con el concepto de mindfulness, el término «meditación» ha ido desarrollándose e integrando conceptos más amplios a medida que su uso se ha hecho frecuente y ha empezado a formar parte de un lenguaje más coloquial. En el sentido tradicional, la definición de meditación hace referencia al pensamiento constante sobre un tema. Se trataría de un ejercicio de contemplación conceptual que implica la utilización sistemática y disciplinada de lenguaje, símbolo y concepto. De esta forma, podríamos afirmar que consiste en centrar la mente en un punto, unificarla y situarla en un objeto en particular.

Sin embargo, haciendo una «modernización» del término, o más bien adaptándolo a los objetivos que se persiguen en la psicoterapia actual, el proceso de meditación sería:

  1. Situamos la mente en un objeto determinado (que puede ser físico o conceptual).
  2. Se produce la deambulación de nuestra mente por caminos de ensoñación, asociación, juicio…
  3. Al hacernos conscientes de esta deambulación, volvemos al objeto primario con paciencia y suavidad.

Esto que así expuesto puede parecer fácil, es un proceso no sólo complicado, sino que precisa de práctica y constancia. De hecho, es relativamente sencillo que nos encontremos con varios obstáculos que dificulten la práctica de la meditación como pueden ser:

  • El impulso de los sentidos para buscar sus objetos, es decir, la tendencia de los ojos de ver lo que tenemos alrededor; la de los oídos de escuchar los sonidos; la del olfato la de percibir los aromas del lugar donde nos encontramos…
  • La aversión a aquellos objetos que percibimos que no nos gustan y que puedan ser dolorosos de alguna forma.
  • La agitación y la pereza, que trabajan de forma conjunta y opuesta. El exceso de energía que supone un estado.
  • de agitación es contrapuesto por la falta de energía por la que se define la pereza.
  • La duda manifestada en forma de falta de confianza, no saber cómo progresar, cómo aprender una tarea tan compleja como la de meditar…

Relación entre Mindfulness y Meditación

Una vez aclaradas las implicaciones y definiciones de ambos conceptos la duda es: ¿cuál es entonces la relación entre mindfulness y meditación si, como hemos visto, son conceptos con matices similares? Pues bien, podemos establecer que en esta ocasión hablamos de una interacción herramienta-medio. Es decir, si entendemos la meditación como el medio por el que podemos transformar el sufrimiento reflexivo en un bienestar profundo, podemos afirmar que la herramienta que usaríamos para tal fin sería el mindfulness. ¿Por qué? Porque la meditación entendida como la hemos descrito anteriormente, nos limita a concentrarnos en un único punto, mientras que lo que necesitamos para entender el complejo funcionamiento de nuestra mente es una herramienta más ágil. Y el mindfulness tiende a abrirse a una gama más amplia de fenómenos en lugar de restringir el enfoque a un único objeto. Por este motivo, toda meditación mindfulness requiere un nivel de concentración elevado con el fin último de reunir y centrar los poderes de la mente y dirigirlos a un objetivo cambiante como es el flujo de la consciencia. Esto permite que la mente siga a aquello que surja en la experiencia, sin control sobre a dónde se dirige y dando más importancia a cómo se manifiesta la conciencia.