Vivimos en un mundo globalizado, en palabras de Ianni (2002, cit en Valles, 2012) “la globalización se debe a todos los procesos por medio de los cuales los pueblos del mundo son incorporados a una única sociedad mundial, la sociedad global. El Globalismo es una de las fuerzas que actúan en el desarrollo de la globalización”. En este mundo global se hace más patente la creencia del neoliberalismo, donde la humanidad no confía en la intervención gubernamental, y el mercado es el único capaz de satisfacer los requerimientos y necesidades de los individuos.

Bajo esta necesidad, aparece una sociedad marcada por la individualidad. Esta nos ha provocado un vacío en nuestras relaciones, que intentamos llenar consumiendo (Valles, 2012). De esta forma, compras muchísimos objetos (para sentirte lleno) y luego te desprendes de ellos (para sentirte vacío), recordando mucho al concepto de compulsión a la repetición de Freud, donde buscamos repetir una y otra vez una conducta como forma de controlar aquello que nos causa angustia. Es posible, desde esta postura, hacer un buen símil de esta forma de actuar en la sociedad del siglo XXI con la bulimia; donde te llenas el estómago rápidamente y mucho para luego vaciarlo rápidamente; de igual modo que en el neoliberalismo te llenas de objetos para luego sentir rápidamente el vacío (Valles, 2012).

Bajo todo este marco de individualidad, los sujetos que buscan la diferencia querrán ser los mejores, tener el mejor coche y, por supuesto, la mejor imagen corporal, traída de la televisión, campañas de publicidad, etc. Además, esta imagen corporal parece típica de la cultura anglosajona, caracterizada por tener cada vez una mayor exigencia sobre cómo tiene que ser el cuerpo. De esta forma, la imagen de perfección que tenemos del cuerpo se nos muestra cada vez más irreal e imposible de conseguir, mientras las personas realizan auténticos esfuerzos para conseguir ser aceptados en una sociedad cada vez más crítica.

Por otro lado, vivimos en una sociedad donde los alimentos procesados y producidos industrialmente son mucho más baratos que los alimentos frescos; además los anuncios publicitarios nos muestran por lo general alimentos de comida basura, es decir altos en grasa, azúcares y aditivos. Un estudio de López en el año 2001 (cit en Valles, 2012) nos muestra que los adolescentes ven alrededor de 28 horas semanales la televisión y de esas horas, 1100 son anuncios de comida “Chatarra”, esos anuncios producen en el adolescente el gusto por esos alimentos y, además, a eso habría que sumarle la inactividad que suponen 28 horas semanales sentado viendo la televisión. Por lo tanto, no es extraño el aumento que ha habido de población obesa en los últimos años (parece que la incidencia de trastornos alimenticios se triplicó del 1997 al 2003, cit en Valles, 2012).

De ese modo, podemos ver como investigaciones actuales nos muestran cómo ha habido un cambio de paradigma en la forma de entender los trastornos alimenticios, donde antes se consideraban los desórdenes biopsicológicos, ahora mismo se entienden más como una consecuencia de una sociedad enferma (Malson y Swann, 1999).

Gómez Peresmitré (2008, cit en Valles 2012) en una investigación muestra los patrones o estereotipos de belleza y el riesgo de sufrir trastornos alimentarios. Como conclusiones observó que el 49% de las niñas prepúberes (42% para los niños prepúperes) tenían el deseo de tener una figura delgada; en estas niñas además un 68% mostraban insatisfacción con su imagen corporal, algo que aumenta en la adolescencia al 74%.

Además, se observa cómo la preocupación por la comida y la imagen corporal cada vez está más dentro de contextos culturales y políticos. A lo que se añade la todavía patente desigualdad de género que sigue limitando la vida de las mujeres pues nos es fácil de entender por qué los porcentajes de las mujeres son todavía mayores (Malson y Swann, 1999); sin embargo, desde mi punto de vista cada vez hay más hombres preocupados por su imagen corporal. Y es que yo creo que al final en vez de librar a la mujer de las cadenas de la opresión lo que estamos haciendo ahora es ir atando poco a poco al hombre también.

Existe una presión social por tener una apariencia ideal, ¿qué ocurre si no se logra tener esta apariencia? Aparecen sentimientos de frustración, rechazo, disminuye la autoestima, la depresión; y si a todo esto le sumas que es un adolescente que ya de por sí está buscándose un hueco en la sociedad, donde le están creciendo los caracteres sexuales secundarios y está creciendo (todo esto puede que a destiempo y no le dé tiempo a ir asimilando su nuevo cuerpo) pues hace que sea más susceptible de desarrollar algún trastorno de la alimentación (Reynaga, 2009).

Hoy en día, en esta búsqueda de la apariencia ideal han aparecido nuevos trastornos alimenticios, por ejemplo la ortorexia, termino acuñado por Steve Bratman en el año 2000 (cit en Muñoz y Martínez, 2007); entendida como la obsesión por la comida sana. Este trastorno se caracteriza por el control psicológico y aunque todavía no tiene un diagnóstico fijo, las consecuencias tanto físicas (desnutrición, anemia, hiper/hipovitaminosis, carencias de oligoelementos, hipotensión…) como psicológicas (depresión, ansiedad, hipocondriasis…) nos llevan a preocuparnos por estos nuevos trastornos.

Si bien todavía hay mucho debate sobre si realmente son o no trastornos de la conducta alimentaria (pues algunos los consideran trastornos somatomorfos, o del grupo de los trastornos obsesivos) parece que cada vez tienen más prevalencia en la sociedad. Por ejemplo, la permarexia (creer que todo lo que comes engorda y por ello pruebas diferentes dietas), drunkorexia (compensar las calorías que proporcionan las bebidas alcohólicas con restricciones en la comida), etc. (Villarino, 2012). Todo esto da qué pensar, pues se busca, como ya he dicho, la perfección, y se compite por la apariencia física. Además, en un mundo donde cada vez hay una peor tolerancia a la frustración, buscamos que rápidamente se nos solucione el problema.

Por ello no nos ha de extrañar el surgimiento de, cada vez, dietas más rápidas y cortas para disminuir el peso. Esto puede verse incluso a nivel psicológico, por ejemplo, con el couseling, que también es como el “milagro” para determinado problema, con pequeños talleres para la autoestima, la capacidad de liderazgo…

Creo que debemos hacernos cada vez más conscientes de esta problemática y como es un problema a nivel mundial. Quizás deberíamos plantearnos hacia dónde creemos que va nuestra sociedad y hacia donde nos gustaría que fuera. Pues, bajo mi punto de vista, va siendo necesaria una educación basada en la moral (donde filósofos, psicólogos, biólogos deberían de hacer un trabajo interdisciplinar), y una educación más relacionada con la gestión emocional (parece que esto último cada vez hay más).

Además, los psicólogos pertenecientes al mundo de la publicidad podríamos hacer una reflexión sobre hasta qué punto es ético el tipo de anuncios que se están haciendo. Sabiendo que esto es un problema mundial, parece necesario hacer múltiples tipos de prevenciones contra este tipo de trastornos; así como explicar cómo es un buen hábito de alimentación, dado que hoy en día encuentras en internet multitud de ofertas alimentarias (pero tanta información, que además no está contrastada, puede dar lugar a error) que no tienen por qué ayudar a la persona.

Referencias
• Malson, H. y Swann, C. (1999). Prepared for Consumption: (Dis)orders of Eating and Embodiment. Journal of Community & Applied Social Psychology (9), 397-405
• Reynaga, M. G. (2009). El cuerpo perfecto, ¿ficción o realidad? [email protected] CONCYTEG 4 (49), 743-751
• Sánchez, R. M., & Moreno, A. M. (2007). Ortorexia y vigorexia: ¿nuevos trastornos de la conducta alimentaria? Trastornos de la conducta alimentaria, (5), 457-482.
• Valles, L. I. (2012). Patologías Alimenticias de la Globalización: Obesidad y Bulimia. In J. Acebedo; M. A. Trujillo y M. L. López, Problemática de los grupos vulnerables: Visiones de la realidad (Tomo II).
• Villarino, A. (2012). Los nuevos trastornos de la conducta alimentaria. Efesalud (Nutrición). Retrieved from http://www.efesalud.com/noticias/los-nuevos-trastornos-de-la-conducta-alimentaria/


Este artículo fue escrito por Alicia García, directora de psicoterapia de Cotera.