El abuso y negligencia parentales son importantes causas de morbilidad y mortalidad infantiles. El maltrato infantil es determinado por varios factores, entre ellos factores económicos y culturales, aislamiento social, abuso de sustancias de los padres, patología psiquiátrica en uno o ambos padres, e historia de abuso en la infancia de los padres (Reijneveld et al., 2004).

En el desarrollo normal, el llanto del bebé es un estímulo que funciona como “sirena biológica” generando sincronía en la activación afectiva del infante y del adulto que brinda respuestas de cuidado físico y afectivo (Crowe y Zeskind, 1992; Zeskind, 2013).

Sin embargo, los padres maltratadores perciben el llanto de su hijo como un estímulo fuertemente aversivo y suelen mencionar que este estímulo precipitó episodios de abuso. En otras palabras, en ocasiones el llanto desencadena la conducta disfuncional de maltrato. De hecho, los estudios experimentales muestran que los padres maltratadores responden al llanto infantil con una mayor aceleración de la tasa cardíaca, mayor conductancia de la piel y mayor tasa de respiración, o sea, con mayor reactividad fisiológica, que otros padres. Este rasgo hiper-reactivo de activación fisiológica mayor de la común frente al llanto infantil se encuentra en ciertos hombres y mujeres incluso cuando no son padres, y es un factor de riesgo para que se vuelvan padres maltratadores.

Por otra parte, los niños cuyo llanto tiene hiperfonación, un sonido particularmente agudo y desagradable que da la impresión de que el bebé está enfermo, están en mayor riesgo de ser víctimas de maltrato.

La presencia de llanto agudo es característica de los recién nacidos con varias condiciones prenatales que afectan a la integridad del desarrollo de su sistema nervioso y su capacidad de regulación de la activación fisiológica. La hiperfonación en el sonido del llanto de relaciona con el parto prematuro, el bajo peso al nacer y el uso materno de drogas lícitas o ilícitas durante la gestación (Zeskind, 2013).

El llanto con hiperfonación puede generar una respuesta especialmente afectuosa de cuidado en un ambiente parental adecuado, responsivo y cálido; pero por otra parte puede generar respuestas de maltrato o negligencia en padres con los factores de riesgo para ellas (Zeskind, 2013).

Las mujeres que padecen depresión perciben el llanto infantil como menos estimulante afectivamente y menos generador de respuestas urgentes de cuidado afectivo que las mujeres sin depresión. De hecho, las mujeres con depresión severa perciben el llanto como menos afectivamente estimulante y urgente a medida que se trata de un llanto más agudo (con frecuencia de sonido más alta), este patrón es exactamente opuesto al que ocurre en mujeres sin depresión, que perciben como más estimulador y requeridor de cuidados urgentes el llanto infantil en la medida que este es más agudo. Es decir que en las mujeres más deprimidas, el llanto que en otras mujeres provocaría conductas de cuidado, genera por el contrario conductas de retirada.

Un patrón inverso semejante ocurre en mujeres que consumieron cocaína durante el embarazo: también en ellas a medida que aumenta lo agudo del sonido del llanto infantil, en lugar de aumentar la tendencia a brindar cuidados urgentes aumenta la tendencia a retirarse y no percibir al infante como requiriendo cuidados afectivos inmediatos. Además, mientras en otras mujeres el aumento de la frecuencia fundamental del llanto aumenta la tasa cardíaca, en mujeres que usaron cocaína durante la gestación tal aumento de frecuencia del sonido provoca disminución de la tasa cardíaca.

Así, tanto la depresión materna como el uso de cocaína en el embarazo se relacionan con retirada de la madre y menor activación afectiva en la interacción con su hijo. Este patrón inverso de reactividad se encuentra igualmente en madres que antes de dar a luz creían que su futuro hijo sería “difícil de manejar” (Zeskind, 2013).

Es importante que los trabajadores de la salud estemos al tanto del riesgo de abuso en que pueden estar los niños que lloran mucho o el sonido de cuyo llanto es especialmente agudo, y que se elaboren intervenciones preventivas y educativas para ayudar a los padres a abordar de modos no abusivos el llanto de sus hijos.

Referencias

  • Crowe, H. y Zeskind, P. S. (1992). Psychophysiological and perceptual responses to infant cries varying in pitch: Comparison of adults with low and high scores on the child abuse potential inventory. Child Abuse and Neglect, 16, 19-29.
  • Reijneveld, S. A., van der Wal, M. F., Brugman, E., Hira Sing, R. A., Verloove-Vanhorick, S. P. (2004). Infant crying and abuse. The Lancet, 364, 1340-1342.
  • Zeskind, P. S. (2013). Infant crying and the synchrony of arousal. En E. Altenmuller, S. Schmidt y E. Zimmermann (Eds.), Evolution of emotional communication (pp. 155-174). Oxford University Press https://doi.org/10.1093/acprof:oso/9780199583560.003.0010.