“En su estado natural todos los hombres tienen el deseo y la voluntad de causar daño”. Leviatán

Es inevitable que en estos tiempos se voltee a ver hacia este tema tan doloroso que está sucediendo día con día no solo en México, sino en otros países del mundo. Ustedes recordarán que desde hace aproximadamente 30 años, desde 1990 en Ciudad Juárez, Chihuahua hubieron asesinatos de mujeres y se les denominó de una forma despectiva “las muertas de Juárez”, como si esas violencias no nos alcanzaran y solo fuéramos espectadores, de lo que a lo lejos aparecía como homicidios de mujeres, puesto que en esa época aún no se tipificaba el feminicidio como tal, a nivel federal el 14 de junio de 2012 se publicó en el Diario Oficial de la Federación la reforma que incorporó al delito de Feminicidio en el Código Penal Federal que lo define como:

“Artículo 325. Comete el delito de feminicidio quien prive de la vida a una mujer por razones de género. Se considera que existen razones de género cuando concurra alguna de las siguientes circunstancias:

I. La víctima presente signos de violencia sexual de cualquier tipo;

II. A la víctima se le hayan infligido lesiones o mutilaciones infamantes o degradantes, previas o posteriores a la privación de la vida o actos de necrofilia;

III. Existan antecedentes o datos de cualquier tipo de violencia en el ámbito familiar, laboral o escolar, del sujeto activo en contra de la víctima;

IV. Haya existido entre el activo y la víctima una relación sentimental, afectiva o de confianza;

V. Existan datos que establezcan que hubo amenazas relacionadas con el hecho delictuoso, acoso o lesiones del sujeto activo en contra de la víctima;

VI. La víctima haya sido incomunicada, cualquiera que sea el tiempo previo a la privación de la vida;

VII. El cuerpo de la víctima sea expuesto o exhibido en un lugar público.[…]”

Como podemos observar, dicha reforma y adición ocurrió después de casi 30 años de los asesinatos de mujeres en Ciudad Juárez, que nos pondría a re-flexionar acerca del por qué después de tantos años… aún que en la actualidad las violencias se han ido incrementando, y han alcanzado no solo a las mujeres mayores de edad, sino también a adolescentes, niñas y bebés, donde diariamente acontecen en todo el país muertes, por ejemplo; el Estado de México es uno de los lugares que desafortunadamente encabeza las estadísticas de feminicidios, sin embargo otros estados han ido incrementando las víctimas como Guerrero, Michoacán, Chihuahua, Jalisco y Oaxaca.  

Recordarán el caso de Gregorio Cárdenas, quién por allá de 1942 en la Colonia Tacuba Ciudad de México, encontraron en su casa a varias mujeres enterradas en su patio, e incluso a él lo apodaron el monstruo de Tacuba,

Las violencias son tan actuales que habrá que retornar la mirada hacia el pasado, y no dejar de recordar para no reprimir, porque si olvidamos repetimos aquello que no nos queda claro, y es como un cuento donde se repite una y otra vez, el Real aparece insistente y avasalla con su acto criminal. El síntoma actual de las violencias nos acompaña a diario, como una sombra de muerte, de eso que no deja de insistir hasta ser escuchado, como lo inconsciente, que aparece y se manifiesta cuando el sujeto menos lo espera. Las violencias no sólo son externas, fuera del hogar, sino que también se vinculan con una cuestión interna dentro del hogar y que eso es lo que lo expone como algo ominoso, que está dentro y como diría Lacan en el neologismo: es “éxtimo”, es externo pero a la vez es interno, que siempre ha estado ahí, pero que no se quiere voltear a ver, la maldad que es propia e inherente al ser. Miller y Laurent definieron a la época actual como del “Otro que no existe”, donde está signada y marcada por la crisis de lo real, de eso que está fuera de lo simbólico y de lo imaginario, que es perturbador para el sujeto que no lo puede tramitar por medio de la palabra y lo tiene que actuar. En esa escena todos como sociedad estamos inmersos e incluidos, no solo como espectadores (escópicos) de la violencia, en algunos casos como protagonistas, a manera de víctimas o victimarios, formamos parte de esa formación de las violencias, y lo que acontece alrededor, por lo que se tendrá que dar paso a la palabra que medie la pulsión estructural de la agresividad puesta en la violencia.