La psicologías humanista y transpersonal fueron fundada en parte en oposición al psicoanálisis y al conductismo, como un intento de suplir los déficits de esas teorías (Fadiman y Frager, 1999; Hayes, 2012; Walsh y Vaughan, 2008). Desde los años 1950s, los psicólogos humanistas afirmaron que las teorías de Skinner, Freud y otros eran reduccionistas y limitadas, y permitían solo comprender los aspectos de la conducta humana que compartimos con las demás especies animales.

Con todo, los psicólogos humanistas, existenciales y transpersonales siempre sostuvieron que eran partidarios de la integración teórica. A diferencia de sus colegas psicoanalíticos y conductistas, Maslow y los demás psicólogos humanistas y transpersonales desde el principio afirmaron que hay elementos rescatables en las otras teorías, incluso en las teorías psicoanalítica y conductista (Maslow, 1969; Villegas, 1986; Walsh y Vaughan, 1980).

LOS PSICÓLOGOS “CONDUCTISTAS” ACTUALES ABORDAN LOS VALORES, LA ESPIRITUALIDAD Y EL PROPÓSITO, TEMAS HUMANISTAS

En su artículo Humanistic Psychology and Contextual Behavioral Perspectives (2012), el psicólogo neo-skinneriano Steven Hayes sostiene que hoy está ocurriendo un nuevo tipo de relación entre las psicologías conductual y humanista, debido a que “la psicología conductual ya no está limitada a principios tomados del aprendizaje animal” (p. 455).

Hayes agrega que:

“Los investigadores de la terapia cognitiva conductual (TCC) ahora prueban y desarrollan rutinariamente métodos que se basan explícitamente en la psicología humanista (p. ej., entrevistas motivacionales, Miller y Rollnick, 2002). Sin embargo, el realineamiento va más allá de eso. Ha surgido un gran conjunto de métodos basados en la aceptación, la atención plena y los valores dentro de la TCC que tratan ampliamente los temas que la psicología humanista clásicamente abarca. Estos incluyen la Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT: Hayes, Strosahl, & Wilson, 2011), la Terapia Dialéctica Conductual (Linehan, 1993) y la Terapia Cognitiva Basada en Mindfulness (Segal, Williams, & Teasdale, 2002), entre muchos otros métodos.” (Hayes, 2012, p. 455)

En el artículo, Hayes se pregunta por qué se ha tardado tanto tiempo en explorar lo que él considera una “alianza natural” entre la psicologías conductual y humanista. La respuesta que él mismo da es:

“La parte más relevante era un problema en la psicología conductista en sí misma: incluso las alas más contextualistas no podían abordar de manera significativa el lenguaje y la cognición en el momento en que se estaba formando la psicología humanista. Sin una forma de abordar la cognición humana, las preocupaciones centrales de la psicología humanista son simplemente incomprensibles. Los principios de comportamiento derivados de animales no humanos no son por sí solos una base adecuada para explorar el significado, el propósito, los valores, la elección, la espiritualidad, la autoaceptación y la autorrealización. En la década de 1960, incluso esa afirmación habría sido controvertida dentro de la psicología conductista, pero para la mayoría de los psicólogos conductuales de hoy, no lo sería.” (Hayes, 2012, p. 456)

Más aun, en los libros que presentan oficialmente el modelo de terapia ACT de Hayes se encuentran por doquier referencias a la sabiduría espiritual de las tradiciones místicas de oriente, a la necesidad de “salir de la mente”, de no ser esclavo del pensamiento, etcétera, todas temáticas de la psicología humanista experiencial:

De hecho, muchas o incluso la mayoría de las técnicas de ACT se han tomado prestadas de otros lugares: del movimiento del potencial humano, las tradiciones orientales, la terapia conductual, las tradiciones místicas y similares.” (Hayes et al., 1999, p. 15)

Así, resulta absurdo e insostenible que psicólogos seguidores de las nuevas “terapias conductuales” (que son en realidad terapias fuertemente humanistas, místicas y espirituales), pretendan ser científicos puros que critican a la psicología humanista y al eclecticismo (por ejemplo, García Morilla, 2018). Recuérdese también que se ha denunciado una grave manipulación de datos en algunos ensayos aleatorios controlados efectuados por Hayes, estudios que supuestamente demostrarían la superioridad terapéutica de ACT sobre otros modelos (Gissi, 2021b).

LAS CRÍTICAS QUE LOS PSICÓLOGOS HUMANISTAS (Y COGNITIVISTAS) HAN HECHO AL CONDUCTISMO DESDE HACE DÉCADAS SON CORRECTAS

De acuerdo a Hayes, la teoría de marcos relacionales es una nueva teoría conductual del lenguaje que muestra que el lenguaje y las formas superiores de cognición cambian la función de los eventos directos sobre la experiencia y el comportamiento humanos. Por ejemplo, si a una persona se le dice que X es mayor que Y, e Y es mayor que Z, y luego Z es emparejado con una descarga eléctrica, X provoca mayor activación emocional que Z, a pesar de que X nunca fue emparejada directamente con una descarga en la experiencia del sujeto.

“Dicho de otra manera, el lenguaje humano y la cognición cambian la forma en que operan los principios de aprendizaje directo. Varios estudios han demostrado que aprendemos a derivar relaciones de este tipo, pero una vez aprendidas, los seres humanos viven en un mundo psicológico radicalmente diferente, como han afirmado los humanistas desde hace tiempo.” (Hayes, 2012, p. 456)

Aquí puede señalarse que el hecho de que la cognición y el lenguaje humanos cambian la función y el efecto de los estímulos directos del ambiente no es en realidad un descubrimiento de la teoría de marcos relacionales, sino que ha venido siendo sostenido durante todo el siglo XX por diversos autores, muchos de ellos cognitivistas, desde Lev Vygotsky en la Rusia de los años 1920s y 30s (Wertsch, 1985) hasta William Brewer en EE.UU. en los 1970s. De ahí el título provocador y polémico de un artículo de Brewer, No Hay Evidencia Convincente de Condicionamiento Operante o Clásico en Humanos Adultos (Brewer, 1974). William Brewer y Michael Dawson proporcionaron abundante evidencia experimental a este respecto (Brewer, 1974; Dawson y Furedy, 1976; Dawson y Shell, 1987; Dawson et al., 1979), lo que causó una polémica entre conductistas y cognitivistas en los años 70s y 80s (Hardy-Leahey y Jackson, 1998; Maltzman, 1977, 1987).

Por tanto, no es verdad que la terapia conductual “pura” se base en ciencia experimental y en cambio la terapia cognitiva no, como han sostenido Eysenck (1987, véase Gissi, 2021a) y Hayes (Muñoz, 2017). Tal afirmación es solo una forma de marketing. Además, la teoría de marcos relacionales no aportó apoyo experimental a algo que antes no lo tuviera, y de hecho es dudoso que esa teoría pueda ser llamada “conductista”.

Tampoco la integración de elementos humanistas y experienciales en la terapia conductual o conductual-cognitiva es nueva (aunque probablemente ha ido aumentando con el tiempo). Ya Joseph Wolpe (1969) denominó inicialmente “psicodrama conductual” a su método de entrenamiento en asertividad[1]. También Michael Mahoney, Albert Bandura, Arthur Freeman, Donald Meichenbaum, Aaron Beck y otros han incluido elementos experienciales y humanistas en sus modelos (por ejemplo Alford y Beck, 1997; Mahoney y Freeman, 1985; Meichenbaum, 1995).

Teniendo en consideración lo anterior, así como el lugar central que ocupan el mindfulness y la psicología budista en las nuevas terapias “conductuales” y “cognitivo conductuales” como la terapia conductual dialéctica de Marsha Linehan y la terapia de aceptación y compromiso de Hayes, es inevitable concluir que los “nuevos conductistas” no son ya conductistas en el sentido relevante, sino que son en realidad psicólogos integrativos y eclécticos que se han visto obligados a reconocer que las críticas tradicionales de la psicología humanista al conductismo son correctas, y que el conductismo reduccionista es una teoría limitada y con serias deficiencias.

Referencias

  • Alford, B. A. y Beck, A. T. (1997). The integrative power of cognitive therapy. Guilford Press.
  • Brewer, W. F. (1974). There is no convincing evidence for operant or classical conditioning in adult humans. En: W. B. Weimer & D. S. Palermo (Eds.), Cognition and the symbolic processes (pp. 1-48). Erlbaum.
  • Dawson, M. E., Catania, J. J., Schell, A. M. y Grings, W. W. (1979). Autonomic classical conditioning as a function of awareness of stimulus contingencies. Biological Psychology, 9, 23-40.
  • Dawson, M. E. y Furedy, J. J. (1976). The role of awareness in human differential autonomic classical conditioning: The necessary-gate hypothesis. Psychophysiology, 13, 50-53.
  • Dawson, M. E., y Shell, A. M. (1987). Human autonomic conditioning and skeletal classical conditioning: The role of conscious cognitive factors. En: G. C. L. Davey (Ed.), Cognitive processes and Pavlovian conditioning in humans (pp. 27-55). Wiley.
  • Eysenck, H. J. (1987). Behavior therapy. En: H. J. Eysenck & I. Martin (Eds.), Theoretical foundations of behavior therapy (pp. 3-35). Springer.
  • Fadiman, J. y Frager, R. (1999). Teorías de la personalidad. Oxford.
  • García Morilla, S. (2 de marzo de 2018). La mala ciencia de la terapia gestalt. Psyciencia. https://www.psyciencia.com/la-mala-ciencia-de-la-terapia-gestalt/
  • Gissi, S. (22 de agosto de 2021a). Se devela que el conductista Hans Eysenck falsificaba datos en sus publicaciones sobre la efectividad de distintas terapias. Psico Network. https://www.psiconetwork.com/se-devela-que-el-conductista-hans-eysenck-falsificaba-datos-en-sus-publicaciones-sobre-la-efectividad-de-distintas-terapias/
  • Gissi, S. (18 de octubre de 2021b). Terapia de aceptación y compromiso de Steven Hayes: Denuncian manipulación de datos en estudios que apoyan su eficacia. Psico Network. https://www.psiconetwork.com/act-de-steven-hayes-denuncian-manipulacion-de-datos-en-estudios-que-apoyan-su-eficacia/
  • Hardy Leahey, T. y Jackson, R. (1998). Aprendizaje y cognición. Pearson.
  • Hayes, S. (2012). Humanistic psychology and contextual behavioral perspectives. Psychotherapy, 49, 455-460.
  • Hayes, S., Strosahl, K. y Wilson, K. (1999). Acceptance and commitment therapy. Guilford.
  • Locke, E. A. (1971). Is “behavior therapy” behavioristic? An analysis of Wolpe’s psychotherapeutic methods. Psychological Bulletin, 76, 318–327.
  • Mahoney, M. y Freeman, A. (Eds.) (1985). Cognition and psychotherapy. Plenum Press.
  • Maltzman, I. (1977). Orienting in classical conditioning and generalization of the galvanic skin response to words: An overview. Journal of Experimental Psychology: General, 106, 111-119.
  • Maltzman, I. (1987). A neo-Pavlovian interpretation of the OR and classical conditioning in humans: with comments on alcoholism and the poverty of cognitive psychology. En: G. C. L. Davey (Ed.), Cognitive processes and Pavlovian conditioning in humans (pp. 251-286). Wiley.
  • Maslow, A. H. (1969). Toward a humanistic biology. American Psychologist, 24, 724-735.
  • Meichenbaum, D. (1995). Changing conceptions of cognitive behavior modification: retrospect and prospect. En: M. Mahoney (Ed.), Cognitive and constructive psychotherapies (pp. 20-26). Springer.
  • Muñoz, O. (24 de julio del 2017). Entrevista con Steven Hayes: sal de tu mente, entra en su charla (Subtitulado al español). Centro Integral de Psicología. https://cideps.com/steven-hayes-entrevista/
  • Villegas, M. (1986). La psicología humanista: Historia, concepto y método. Anuario de Psicología, 34, 9-45.
  • Walsh, R. & Vaughan, F. (1980). Beyond the ego: Toward transpersonal models of the person and psychotherapy. Journal of Humanistic Psychology, 20, 5-31.
  • Walsh, R. y Vaughan, F. (Eds.) (2008). Más allá del ego. Textos de psicología transpersonal. Kairós.
  • Wertsch, J. V. (1985). Vygotsky and the social formation of mind. Harvard University Press.
  • Wolpe, J. (1969). The practice of behavior therapy. Pergamon Press.

[1] Adicionalmente, Locke (1971) señaló que los métodos terapéuticos de Wolpe incluyen la introspección sobre las propias emociones, la imaginación y un cierto control voluntario de los propios estados mentales y comportamientos, por lo que “los procedimientos de Wolpe contradicen todas las premisas principales del conductismo” (p. 318).