En el anterior artículo (https://psiconetwork.com/hoy-tampoco-tengo-ganas-la-falta-de-deseo-sexual-en-la-mujer-i/), abordamos algunos aspectos generales e históricos sobre el deseo sexual de la mujer, una disfunción sexual muy frecuente y señalábamos su complejidad. Hoy queremos presentar determinadas cuestiones sobre su abordaje terapéutico y el papel de las fantasías sexuales.

¿Qué es el trastorno del interés sexual?

Para esta aproximación divulgativa, baste ahora considerar como punto de partida, una disminución significativa -que puede llegar hasta la ausencia total- de la motivación para involucrarse y participar en la actividad sexual. Esta situación provoca un malestar con diferentes implicaciones para la mujer y su pareja que, con frecuencia, puede vivirse como un conflicto de diferente intensidad, si bien el sufrimiento psicológico es generalizado para las dos personas implicadas.

En su diagnóstico deben darse determinados criterios según vimos en el artículo precedente: poco interés sexual, fantasías escasas, exigua iniciativa y poca receptividad, dificultades para sentir placer, ausencia de respuesta a otros estímulos sexuales, sensaciones genitales reducidas…etc. Además, tienen que darse al menos durante 6 meses, provoca malestar en la persona, incide en la relación de pareja, no hay causas farmacológicas asociadas…etc. También hay que considerar la variabilidad en la presentación de este trastorno en las diferentes mujeres y en las relaciones en las que están involucradas.

Este problema lo encontramos en la consulta a menudo, en forma de discrepancias en las demandas de la mujer y las de su pareja: una clara desigualdad que puede provocar conflictos de muy diferente naturaleza. Por otra parte, no es nada nuevo si tenemos en cuenta las creencias y comentarios populares al respecto, comunes por ejemplo en las “bromas” de parejas en la cuadrilla, incluso en parejas jóvenes: Es típico oír comentarios y quejas que resumen la idea de que ellos siempre tienen ganas y ellas casi nunca o que ellas dan sexo a cambio de amor y ellos al revés.

En este sentido, tenemos que señalar que persisten todavía diferentes creencias erróneas sobre el deseo que convendría subsanar (las mujeres tienen muchas menos ganas, el deseo tiene que surgir de manera natural, si nos queremos nace espontáneamente, a cierta edad desaparece, los hombres siempre tienen ganas, después de tener hijos las mujeres pasan del sexo, comer chocolate o una copita de moscatel aumenta el deseo… etc.) Para nosotros si bien el deseo está anclado en un soporte fisiológico, es resultado, ante todo, de complejos procesos psicológicos y de relación.

En nuestra opinión, el deseo casi siempre hay que provocarlo. En efecto, para que el fuego no se apague hay que echarle leña. Fuera de los procesos de enamoramiento, el deseo necesita una permanente estimulación, debiéndose adaptar a los inevitables cambios que implica el ciclo vital. Promover y estimular todos los sentidos serán actuaciones necesarias para normalizar el deseo. Uno de los recursos más interesantes son las fantasías sexuales que habrán de ser desarrolladas a partir de lecturas, visionado de audiovisuales, recuerdos…etc. Las fantasías sexuales son el músculo del deseo y los músculos hay que ejercitarlos para evitar su atrofia.

A menudo, podemos constatar que la falta de deseo acaba provocando una menor excitación y esta, a su vez, ausencia de placer lo que puede desembocar en un rechazo-aversión al sexo, más acusado si las relaciones se viven como una cierta imposición, explícita o no, por parte de la pareja. Cuanto más presiona la otra persona por tener sexo, más tiende a cerrarse la mujer, aumentando la disfunción. No es infrecuente que la mujer sienta culpabilidad por ello y afecte a su autoestima.

En el deseo, interactúan muchos componentes de los que destacamos al menos tres: La capacidad de excitabilidad neurofisiológica que se asienta en unas estructuras corporales, una capacidad cognitiva favorecedora de actitudes positivas y abiertas hacia la sexualidad, así como una capacidad para sentir y expresar sentimientos y sensaciones.

Cuando una mujer acude a la consulta, sola o con su pareja, se hace preciso, entre otros aspectos, llegar a un consenso sobre el diagnóstico. Para ello es imprescindible, a nuestro juicio, un análisis exhaustivo de la calidad de la relación en pareja, previa a la terapia sexual, considerando entre otros aspectos: la mejora en la comunicación, facilitar un entorno afectivo más adecuado, actitudes y conductas comprensivas y generosas, así como controlar determinadas presiones sexuales sean estas explícitas o no. Se habrán de abordar cualesquiera conductas de presión hacia la mujer, si las hubiera.

Dentro de la terapia sexual, hay una intervención individual y otra de pareja. En el primer caso se analizaran los recursos disponibles para potenciar el deseo, re-sensibilizar los diferentes sentidos, en ocasiones actualizar nuevas informaciones sexuales debido a la edad por ejemplo, (valor del coito, estimulación del deseo, corresponsabilidad…) potenciar la imagen corporal positiva (alimentación, dietas, estética corporal…) redescubrimiento de la autoestimulación, potenciar capacidad cognitiva (control de pensamientos negativos, ansiedad anticipatoria, miedo a fracasar…) abordaje de las fantasías sexuales, estímulos sexuales complementarios y actitudes igualitarias y respetuosas entre los miembros de la díada, como algunas intervenciones de interés.

Pues bien, en lo que concierne a las fantasías sexuales, tenemos que señalar el papel extraordinariamente importante, que tienen en la actividad sexual. Es cierto que en los últimos 5 años se han puesto de moda con ocasión del calentón editorial de algunos libros al respecto, con sus consiguientes saltos al cine e incluyendo los juguetes sexuales. Nos ha sorprendido la generalización de las conversaciones de mujeres de todos los niveles socioeconómicos y culturales, sobre las fantasías sexuales. De ser cierto, e independientemente de la valoración de ese tipo de literatura o filmografía, nos parece un avance extraordinario en un tema tabú en el mundo femenino, ya que permite una mayor visibilización y reconocimiento del mismo.

De hecho, en Navarra tuvimos la oportunidad de contribuir a una original aportación sobre este tema como, por ejemplo, un estudio que se ha hecho en nuestro servicio por parte de Amaia Kowasch, con diferentes fantasías sexuales escritas por pacientes atendidas en nuestra consulta, estudio que fue presentado en un Congreso de la Sociedad Vasca de Contracepción en San Sebastián, en marzo de 2014.

Se acepta que la elaboración de fantasías es una habilidad cognitiva que permite entre otras finalidades: “circunvalar” las tensiones e insatisfacciones de la vida cotidiana “creando” una especie de nube que nos aísla de las presiones y exigencias. En el caso de las de naturaleza sexual tienen además un carácter de estimulación, de poner en marcha y activar el deseo y la excitación.

A menudo, las fantasías son irrealizables, circunstancia esta que le confiere un morbo especial. Además de ser gratuitas y fáciles de elaborar, tienen el sello personal de cada cual, tanto los contenidos como su desarrollo pertenecen a la selecta esfera particular y por tanto vedado al resto de personas. La lectura de determinados relatos o el visionado de ciertos films, pueden coadyuvar a enriquecer las fantasías.

En la fantasía podemos hacer todo los que nos plazca, esté vedado o prohibido. Sea o no una conducta que jamás haríamos en la realidad. Podemos realizar el papel de activos o de pasivos. Y no experimentar culpabilidad por ello. Tal vez el límite, la línea roja, podría situarse en cualquier tipo de conducta violenta o de alguna conducta parafílica como la paidofilia. En el caso de que fantasías de esta índole se nos impusieran y perdiéramos el control sobre las mismas, sería el momento de consultar a un psicólogo/a especialista en Sexología. Fantasías sexuales con familiares, también pueden ser objeto de consulta profesional para saber manejarlas adecuadamente.

Es frecuente que algunas personas mayores asocien fantasear a un asunto de infidelidad y algunas no las desarrollen, mientras que otras son conscientes de que no tiene las consecuencias devastadoras si se descubre, y las viven con normalidad. Para nosotros lo relevante de las fantasías sexuales es que son extremadamente útiles para la vida sexual de las personas, que así lo consideren y quieran, con la finalidad de enriquecerla y que esta sea más placentera y saludable.

Desde nuestra experiencia profesional podemos afirmar que las fantasías sexuales son un recurso de extraordinaria importancia para estimular, explorar, incentivar y alimentar el deseo sexual tanto en hombres como mujeres, lo que redunda en una vivencia sexual más divertida y gratificante. Las fantasías serian algo así como la gasolina del motor del deseo. Por tanto, todo aquello que las mujeres, y sus parejas, hagan en esta dirección redundará en unas relaciones sexuales de mayor calidad.

En algunos estudios se ha puesto de relieve diferencias entre hombres y mujeres en lo concerniente, por ejemplo, a las reacciones a pensamientos y fantasías sexuales, así como a la aceptación de las mismas, Los hombres parecen tener una mayor habilidad para fantasear que las mujeres porque, muy probablemente, dedican mucho más tiempo a desarrollar esa capacidad, es decir meten más horas en tal empeño. Los contenidos de las fantasías también parecen presentar diferencias importantes, siendo las que tienen un carácter de sumisión y sometimiento femenino las que más controversia generan. En cualquier caso, una de las características de las fantasías es su extraordinaria plasticidad y diversidad. Incluso sabemos que los días de la ovulación femenina parecen ser más proclives a fantasear.

Respecto del “guion” de las fantasías, si bien hay numerosas aportaciones y una enorme diversidad al respecto, suelen destacarse algunos de los contenidos que más a menudo utilizan los hombres: relaciones con más de una mujer, situaciones de dominación-rol activo y prácticas sexuales novedosas. En lo que concierne a la mujer serían: sexo lésbico, encuentro con desconocidos, situaciones de sumisión-dependencia o ser observada por otros mientras hace el amor salvajemente, provocando descaradamente a los mirones. Igualmente suele señalarse que los hombres tienden a interesarse más por imágenes explícitas del coito y las mujeres por la trama de la fantasía (relaciones afectivas, olores, textura de las ropas, por poner algunos ejemplos más frecuentes).

Algunas mujeres rompen en sus fantasías el corsé estrecho de pasividad que el papel cultural les ha otorgado durante siglos. En su imaginación se trasforman en protagonistas del guión que ellas mismas pueden elegir libremente, sin dar explicaciones a nadie, haciendo el amor con quien le place, muy a menudo con hombres más jóvenes, sin tener nada que justificar. Con uno o dos amantes simultáneamente, siendo sumisas o dominantes, pidiendo que las aten o atar al otro/a.

En cualquier caso y con una finalidad preventiva y de promoción de la salud, nos gustaría sugerir la necesidad de que, los/as propios ciudadanos/as, se atrevan a preguntar cualquier cosa relacionada con su vida sexual y afectiva al personal sanitario que les atienden, en sus Centros de Salud o de Atención Primaria.

O a los/as profesionales de la salud que puedan preguntarles, dentro de la historia clínica, como un aspecto más de su vida de manera normalizada. Porque estamos hablando de salud sexual y por tanto de salud. Y en todo caso, para acabar, si en algunas ocasiones fantaseamos con otras personas no hay que preocuparse, es normal: forma parte de una vida sexual activa, placentera y saludable.


Si quieres más información sobre el trabajo educativo de José Luis García, visita su página web: www.joseluisgarcia.net