El último año y medio ha sido extraño. A finales de 2019 surgió un virus que se convirtió en pandemia y en Marzo de 2020, provocó el cierre de la mayor parte de los países del mundo, que se vieron obligados a encerrar a su población para poder protegerla. Ninguno lo esperábamos y de la noche a la mañana, colegios y empresas se vieron en la necesidad de ampliar, o comenzar,  el uso de sistemas de trabajo remoto. Las empresas instauraron el teletrabajo mientras los colegios montaban una infraestructura que les permitiera continuar con las clases en una modalidad online y más adelante, a través de grupos burbuja y días alternos de presencialidad. De esa manera, familias enteras se vieron en una situación que nunca habían experimentado, encerrados en casa con una nueva estructura familiar que no controlaban. La vida familiar, escolar y laboral, se mezclaba en los mismos espacios generando situaciones nuevas en las que se hacían las cosas lo mejor que se podía.

Con el paso del tiempo, en muchas casas las normas se fueron difuminando. Los menores se iban acostando más tarde, teniendo más tiempo libre sin poder salir (las extraescolares desaparecieron), el tiempo frente a pantallas se disparó, etc. En definitiva, desapareció la rutina, siendo sustituida por un caos que acabó aplastando las normas, generando muchas situaciones de conflicto que pasaron factura a cómo se relacionan las familias.

Ahora, con una situación muy diferente gracias a las vacunas, los centros educativos están volviendo a abrir. Las empresas también están volviendo a decir a sus empleados que se vuelve al trabajo presencial. Con todo esto, se está poco a poco volviendo a las rutinas familiares y con eso, a las normas que se tenían antes de que el mundo se pusiera patas arriba.

Ahora bien, recuperar normas no es fácil. Normalmente generan rebeldía en la persona que tiene que cumplirlas (puesto que implica ceder “privilegios” que se tenían y con los que se sentía bien). Esto implica normalmente un aumento de los conflictos, lo que puede llevar a que esas normas no terminen de ponerse del todo, pues acaban perdidas dentro de la pelea familiar que se da por el poder.

Para favorecer esta puesta de normas aquí van unos consejos a tener en cuenta para poder ponerlas adecuadamente:

  • Explicita las normas, asegurándote de que quedan bien entendidas. Esto incluye explicar qué sucede si no se cumple la norma.
  • Explicarlas por adelantado, con tiempo suficiente para que no sean una sorpresa. Es importante que la persona sepa cuando se empieza a cumplir la norma, para poder prepararse psicológicamente para hacerlo.
  • Repite la norma las veces que haga falta. No se va a cumplir perfectamente de la noche a la mañana, hay que recordarla para que cale.
  • Da ejemplo. Si la norma afecta a toda la familia, también los adultos deben cumplirla. La mejor manera de que una norma se cumpla es que todos la cumplan, teniendo en cuenta que se aprende mucho de lo que se ve y siendo figuras de referencia.
  • Al poner una norma, esta tiene que ser breve, concisa y fácil de cumplir.
  • Una de las cosas más importantes es tener paciencia y mantener la calma. No alterarse ni gritar es necesario para poner la norma y que esta se cumpla.

Este artículo fue escrito por Adrián de Frutos, director del departamento psico-educativo de Cotera.