Las ideas de cognición, mente o memoria colectiva tienen una larga historia en las ciencias sociales, y han adoptado diversas formas.

En la primera mitad del siglo XX, el sociólogo francés Maurice Halbwachs acuñó el concepto de ‘memoria colectiva’ al desarrollar su teoría de los ‘marcos sociales de la memoria’ y el rol de los grupos sociales en la reconstrucción del pasado compartido, un pasado que da sentido e identidad a cada comunidad, y que se vincula a lugares determinados como construcciones, edificios, esquinas, calles y objetos que evocan eventos históricos o míticos. Esta teoría tiene influencia en los estudios socioculturales hasta hoy (Díaz, 2013; Halbwachs, 2004, 2011; Jacobs, 2010; Litvak, 2009).

Más recientemente, en los años 1990s, el científico cognitivo y antropólogo cultural Edwin Hutchins desarrolló su teoría de la ‘cognición distribuida’ (Hutchins, 1990, 1995; Flor y Hutchins, 1991). Basándose en sus estudios de etnografía cognitiva, Hutchins sostiene que las representaciones mentales humanas están distribuidas en sistemas socioculturales que constituyen herramientas para pensar y percibir el mundo. Así, la cognición involucra no solo al individuo sino también a artefactos externos, equipos de trabajo compuestos por varias personas y sistemas simbólicos culturales para interpretar la realidad.

La teoría de la cognición distribuida forma parte de los paradigmas más modernos en el campo de las ciencias cognitivas, conocidos en conjunto como ‘ciencia cognitiva corporeizada’, ‘cognición corporeizada’ o ‘cognición 4E’ (encarnada, embebida, enactiva y extendida).

En 1995 Hutchins publica su libro Cognition in the Wild, donde analiza la navegación marítima como un acto cognitivo y computacional distribuido. Aborda el caso de un buque de la armada de Estados Unidos, donde la información es procesada por un equipo que abarca a toda la tripulación y artefactos técnicos. Éstos últimos incluyen dispositivos telescópicos, cartas de navegación para atracar en determinados puertos, transportadores, etc. El capitán, los tomadores de rumbos, etc., reciben y transmiten entre sí información representacional sobre puntos de referencia, ubicación del barco, rumbos y mapas. Por tanto, la unidad funcional cognitiva es el equipo de trabajo y los artefactos que utilizan situados en su medio ambiente. Además, la coordinación puede ocurrir sin que exista un plan explícito o guión global de cómo realizar la tarea. El sistema distribuido ensambla de manera espontánea recursos cognitivos con distintos soportes materiales, incluyendo personas, instrumentos de navegación y el ambiente en el que la acción náutica ocurre (Hutchins, 1995; Clark, 1999).

En la misma obra Hutchins (1995) describe también el sistema de navegación de los nativos de las Islas Carolinas centrales de Micronesia, Oceanía, que no utilizan brújulas ni dispositivos mecánicos, eléctricos o magnéticos para orientarse en sus viajes marítimos.

Estas personas realizan de forma permanente viajes en canoa que los llevan varios días por el mar, donde no hay tierra a la vista. Además, en cualquier momento del viaje pueden indicar hacia dónde está el lugar desde donde partieron, el lugar de destino y otras islas colaterales.

En las Islas Carolinas, menos del 0.2 por ciento de la superficie es tierra. Son islas pequeñas en medio de grandes extensiones de océano. Cerca de donde hay tierra, los patrones de las olas tienen ciertas propiedades distintivas, y suele haber abundantes aves.

El movimiento de rotación de la Tierra es de oeste a este. Por tanto, a medida que pasa un día, en el cielo las estrellas parecen moverse de este a oeste. Cada estrella específica siempre sale desde el mismo punto en el horizonte oriental y se pone en el mismo punto en el horizonte occidental. Para orientarse en el océano, los navegantes nativos usan como claves de referencia los “caminos estelares” también denominadas “constelaciones lineales”: los conjuntos de estrellas que “siguen el mismo camino” durante el paso de un día. Cada constelación consta de unas 6 a 10 estrellas.

Los nombres de las estrellas no son los mismos que aquellos que reciben en occidente, y las constelaciones (agrupaciones de estrellas) son distintas de las constelaciones de la tradición occidental. Como señala el autor:

“Ver el cielo nocturno en términos de constelaciones lineales es un simple artificio de representación que convierte el campo en movimiento de las estrellas en un marco de referencia fijo. 

Este ver no es un proceso perceptivo pasivo. Más bien, es la proyección de la estructura externa (la disposición de las estrellas en los cielos) y la estructura interna (la capacidad de identificar las constelaciones lineales) en una sola imagen espacial. En esta superposición de elementos internos y externos, los elementos de la estructura externa reciben relaciones culturalmente significativas entre sí. El proceso es activamente constructivo.” (Hutchins, 1995, p. 68)

Por tanto, las estrellas y su movimiento aparente, y las “constelaciones” que el sistema cultural de las islas Carolinas centrales distingue, son las representaciones de un sistema computacional para la orientación espacial, una “brújula sideral” que los nativos utilizan en sus viajes en canoas.

Hutchins (1995) sostiene que las “representaciones mentales” que la ciencia cognitiva clásica de los 1970s postulaba que estaban dentro de los cerebros individuales, en realidad están en los sistemas socioculturales distribuidos a través de grupos de personas, artefactos tecnológicos y sistemas de simbolización externos como el lenguaje hablado y la escritura.

De hecho, argumenta este autor, los sistemas matemáticos y formales son productos históricos de la actividad humana. Hutchins critica el estatus de verdades eternas platónicas que se ha dado a las matemáticas en las teorías simbolistas de la ciencia cognitiva, señalando que ellas han llevado a una visión “desencarnada” de la mente, como si lo mental consistiera en operaciones lógicas que tienen lugar de manera separada respecto de la percepción, los actos motores, el cuerpo, las emociones y la cultura.

El autor critica tanto a la ciencia cognitiva simbolista como a la antropología estructuralista por otorgar primacía a las supuestas propiedades abstractas de la mente o cerebro individual, marginalizando la cultura o viéndola como derivada.

Hutchins está de acuerdo con la idea de que los humanos procesamos representaciones internas de símbolos, pero señala que ontogenéticamente las representaciones simbólicas están primero fuera, en el ambiente, y solo después “dentro de la cabeza”. Además, la cultura no es un conjunto de objetos materiales o abstractos sino que es un proceso cognitivo humano que tiene lugar tanto dentro como fuera de la mente de las personas.

Así, la metáfora de la mente como un computador que fue adoptada por el cognitivismo ha tenido el costo de llevar a una consideración insuficiente del lugar central del cuerpo y el ambiente cultural en la cognición. Las prácticas culturales como la navegación se desarrollan a lo largo de los siglos en sociedades humanas. Incluso procesos aparentemente puramente abstractos como las operaciones con números implican al cuerpo, como cuando un matemático utiliza sus manos y ojos para contar o para escribir con un lápiz y papel las operaciones mentales que está realizando. Por otra parte, el matemático opera con símbolos que forman parte del sistema sociocultural en que vive (Hutchins, 1995).

Los planteamientos de Hutchins han sido influenciados por la psicología histórico-cultural de Lev Vygotsky. De acuerdo a Vygotsky (1979), la mente humana se forma a través de lo social desde la niñez, y la consciencia surge por la mediación del lenguaje, que es una herramienta mental. En la visión de este psicólogo ruso, el funcionamiento mental es intrínsecamente sociocultural incluso cuando un individuo actúa aisladamente.

Otro teórico neo-vygotskyano, James Wertsch (2009), utiliza el concepto de “distribución instrumental” para referirse al uso de calendarios, registros escritos, computadores, narrativas y otras herramientas culturales, en este caso en el recuerdo individual.

Paul Connerton (1989), por su parte, critica el énfasis de las teorías antropológicas y socioculturales de la memoria en los recuerdos explícitos únicamente. Connerton sostiene que existe una memoria social corporal en la forma de hábitos como los rituales. Estos recuerdos serían colectivos y tendrían la forma de prácticas y acciones. Los ritos son actos estilizados, con ciertas pautas y no sujetos por completo a variación espontánea. Las ceremonias conmemorativas, a su vez, representan eventos del pasado a través de actos que son un simulacro de una escena o situación del pasado. Las posturas corporales, por ejemplo los modos “correctos” de sentarse para los hombres y para las mujeres en una cultura determinada, se transmiten por imitación y si un niño en una cultura que enfatiza estos aspectos no se sienta de manera “correcta”, puede ser corregido: “siéntate bien”. De este modo, los recuerdos corporales y enactivos son parte fundamental de la memoria colectiva de las sociedades humanas.

Referencias

  • Clark, A. (1999). Estar ahí: cerebro, cuerpo y mundo en la nueva ciencia cognitiva. Paidós.
  • Connerton, P. (1989). How societies remember. Cambridge University Press.
  • Díaz, D. A. (2013). Maurice Halbwachs y los marcos sociales de la memoria. Defensa y actualización del legado durkheimiano: de la memoria bergsoniana a la memoria colectiva. X Jornadas de Sociología. Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de Buenos Aires. Disponible en https://cdsa.aacademica.org/000-038/660.pdf
  • Flor, N. y Hutchins, E. (1991). Analyzing distributed cognition in software teams: a case study of team programming during perfective software maintenance. En: J. Koenemann- Belliveau, T. G. Moher, y S. Robertson (Eds.), Proceedings of the Fourth Annual Workshop on Empirical Studies of Programmers (pp. 36-59). NorwoAblex Publishing.
  • Halbwachs, M. (2004). Los marcos sociales de la memoria. Anthropos Editorial. (Obra original de 1925).
  • Halbwachs, M. (2011). La memoria colectiva. Miño y Dávila. (Obra original de 1950).
  • Hutchins, E. (1995). Cognition in the wild. MIT Press.
  • Hutchins, E. (1990). The technology of team-navigation. En: J. Galegher, R. Kraut y C. Egido (Eds.), Intellectual teamwork. Social and technological foundations of cooperative work (pp. 191-220). LEA.
  • Jacobs, J. (2010). Memorializing the holocaust. Gender, genocide and collective memory. I. B. Tauris.
  • Litvak, M. (2009). Introduction: Collective memory and the palestinian experience. En M. Litvak (Ed.), Palestinian collective memory and national identity (pp. 1-26). Palgrave Macmillan.
  • Vygotsky, L. (1979). El desarrollo de los procesos psicológicos superiores. Crítica.
  • Wertsch, J. V. (2009). Collective memory. En P. Boyer y J. V. Wertsch (Eds.), Memory in mind and culture (pp. 117-137). Cambridge University Press.