Esta semana tenemos el agrado de presentar una entrevista con el psicólogo español Adrián Jiménez Martínez-Conde, especialista en el trabajo con adolescentes. Adrián, en esta conversación nos habla, precisamente, sobre la psicoterapia con adolescentes descubriéndonos de manera más amplia en qué consiste reseñándonos, además, las características más importantes que deben tenerse en mente para afrontarla con éxito. Les dejamos con esta importante conversación.


1.- Tú nos comentabas que estuviste algún tiempo trabajando desde una perspectiva cognitivo-conductual para devenir en una de tipo psicodinámica ¿Cómo se produce ese proceso?

Efectivamente, realicé mis estudios superiores en la Universidad Complutense de Madrid, que sigue una perspectiva claramente cognitivo-conductual. Acabada la Licenciatura seguí profundizando en esa orientación con el Máster de Psicología Clínica y de la Salud, también en la UCM. Ese máster me aportó muchísimo en su momento, gracias sobre todo a la práctica profesional. Sin embargo, cuando llevas un tiempo viendo pacientes, empiezas a plantearte preguntas para las que, en mi opinión, es difícil encontrar respuesta desde ese enfoque. Es esa falta de respuestas la que hace que uno haga autocrÍtica y se plantee la necesidad de mejorar.

El cambio de residencia a Valladolid por motivos laborales me dio la oportunidad de conocer los enfoques psicoanalítico y psicodinámico, gracias al Máster de Psicopatología y Clínica Psicoanalítica de la Universidad de Valladolid y a José María Álvarez. Encontré que había muchos más profesionales de los que pensaba en mí misma situación, con formación cognitivo-conductual y dudas de cara a nuestro papel como psicólogos en la búsqueda de respuestas ante preguntas que una y otra vez se nos presentaban durante las consultas. Y descubrí en la psicodinámica una manera más humana y acertada de apreciar la historia de cada paciente y acompañarlo hacía el futuro que quiera seguir.

2.- Esa primera pregunta me parecía importante como para introducir el corazón de esta entrevista que es sobre la psicoterapia en adolescentes ¿Qué elementos utilizas de ambos enfoques en tu aproximación a los adolescentes?

En los adolescentes, igual que en el resto de los pacientes, resulta fundamental cuidar el vínculo desde el primer momento. El hándicap al que nos enfrentamos habitualmente es que acudan a consulta obligados, o como si fuese un castigo. Por ello, me parece fundamental que desde el principio entiendan que los psicólogos no somos “el enemigo”, distanciarnos del rol de profesores, del de padres o del de hermanos mayores. Es imprescindible hacerles ver que no somos un canal de comunicación entre ellos y sus padres, y que lo que nos cuenten será un secreto entre nosotros. Por desgracia esto acostumbra a llevar un tiempo, y durante ese tiempo es esencial un buen manejo de la transferencia/contratransferencia.

Además de distanciarnos de esos roles, tiene que quedar claro que somos una figura que les respeta y se interesa por su visión del mundo. La utilización de juegos es una herramienta muy útil para ver cómo entienden diversos aspectos de la vida, a la vez que nos sirve para afianzar el vínculo terapéutico.

También hay que fomentar un encuadre claro (objetivos, tiempo, lugar, horarios, honorarios…), pues estas normas mínimas a cumplir dentro de la consulta nos darán información valiosa acerca de la manera que tiene el adolescente de manejarse con los límites impuestos, y también nos permitirá ver cuál es su capacidad de negociación, algo que es crucial en esta etapa.

3.- En tu consulta ¿Cuáles son los problemas o conflictos más habituales por los que llegan adolescentes a visitarte?

Las problemáticas más frecuentes a las que aluden cuando llegan a la consulta son dificultades en la dinámica familiar, ansiedad o bajo estado de ánimo. Pero muchas veces esos problemas son solo la punta del iceberg, síntomas producidos por otras carencias de base de las que no siempre son conscientes, o por conflictos a los que en su momento no se les dio la mejor solución.  

4.- ¿Qué diferencias existen, en términos generales, entre la terapia en adolescentes y en adultos?

En términos generales los adolescentes son mucho más herméticos que los adultos, aunque el camino para lograr que la terapia fluya es el mismo: la confianza. Además, a la hora de trabajar con adolescentes siempre dependemos de que los padres apoyen nuestra labor y recomendaciones. Una de las mayores dificultades que percibo es conseguir que el adolescente sienta que el espacio de la consulta es suyo, para ello hay que trasladar esta prioridad a los padres, hacerles ver que sin este elemento es inviable la terapia.

Por otro lado, no hay que perder de vista la etapa que están viviendo, caracterizada por el cambio (corporal, de amistades, de intereses, de obligaciones, …) y por la búsqueda de identidad. Esto hace que sus preguntas se acumulen, pero también que aparezcan algunas emociones que dificultan la expresión de esas preguntas, como vergüenza, rabia, frustración… Además, son proclives a poner el foco de todo aquello que sienten que no funciona en su vida fuera de sí mismos, por lo que una tarea que a menudo se hace necesaria es devolverles parte de la responsabilidad que están rechazando.

5.- La terapia con un adolescente en muchas oportunidades está mediado por la acción de un adulto ¿Cómo se trabaja con esa resistencia inicial que puede existir producto de asistir a terapia como consecuencia de un tercero?

Que un paciente no llegue por propia iniciativa no es lo más recomendable para comenzar una terapia, pero cuando trabajamos con adolescentes, en más ocasiones de las que nos gustaría nos encontramos con esa situación. En estos casos es interesante citar previamente a los padres, lo que nos permitirá obtener una información que podremos aprovechar para planificar la primera sesión de terapia. También es importante instar a los padres a que informen desde el principio a los adolescentes de las sesiones que mantengan con nosotros, pues (aunque quizá no de inmediato), sus hijos agradecerán que vayan de cara, y estarán recibiendo un valioso ejemplo.

Durante el primer encuentro con el adolescente conviene informarle sobre nuestro papel como terapeutas a fin de evitar malentendidos, así como validar y aceptar aquello que nos transmita. Si la resistencia es fuerte podemos pedirle que tome esa sesión como una prueba con la que no tiene nada que perder, pues hablar es algo inofensivo. Dicho esto, conviene realizar una actividad que le permita relajarse, pues éste es un paso fundamental para vencer resistencias. Para ello no hay nada mejor que jugar. La información previa recabada en la entrevista con los padres sobre los gustos e intereses del adolescente puede permitirnos diseñar una estrategia adecuada para esa primera sesión.

6.- También es conocido que en el tratamiento de un adolescente existen múltiples resistencias por parte de éstos ¿Cómo trabajas con éstas y qué te ha resultado efectivo para que éstos continúen en el proceso terapéutico?

Así es, las resistencias en los adolescentes afloran durante el proceso terapéutico y es algo normal, son defensas que en mayor o menor medida todo el mundo tiene, y que permiten a la persona sentirse protegido. Como decía al principio de la entrevista, es fundamental construir confianza. Siempre les digo, tanto a jóvenes como a adultos, que mi consulta, durante la hora que estoy con ellos, aspira a ser un lugar libre de prejuicios. Por supuesto, eso es bastante más fácil de decir que de percibir.

Dependiendo de la resistencia que observemos, el trabajo a realizar cambiará. A mí me resulta muy útil pensar en el mensaje que la persona me está lanzando con cada una de las resistencias que se observan. Por ejemplo, un joven que se dedica a retarme constantemente me estará poniendo sobre aviso de que no estoy situado en el lugar adecuado para una transferencia que beneficie la terapia. Mi tarea, en este caso, consistirá en conseguir situarme en una posición más oportuna para la terapia, que tenga poco que ver con aquella otra que tanto rechaza. Cada reto es un mensaje de cuya importancia debemos ser conscientes.

Si la resistencia, por el contrario, tiene que ver con la culpa puesta al servicio del goce, la tarea a realizar será diferente. Si el adolescente me dice “Soy tan, tan, tan culpable que no puedo hacer nada que repare haberle puesto los cuernos a mí novia” y utiliza ese argumento para justificar seguir siendo un novio infiel, la actuación por mi parte consistiría en hacerle ver su autojustificación y después preguntarle si realmente quiere disculparse con ella o seguir actuando como hasta ahora, eso sí, con los perjuicios y beneficios que se deriven de esa conducta “puestos encima de la mesa”.

En definitiva, cada resistencia que identificamos también es una ayuda para el terapeuta de cara a orientar las sesiones. Ese “no darse cuenta” o ese “no querer hablar de un tema” tiene una valía especial si lo sabemos leer de manera adecuada.

7.- ¿Qué función suelen cumplir en la terapia de un adolescente los adultos con los que vive?

Los adultos con los que convive deben proporcionarle soporte. Son figuras que tienen que mostrarse atentos y disponibles para los adolescentes, aunque éstos no siempre (o casi nunca) les hagan caso.

Uno de los dilemas adolescentes que con más frecuencia se presentan es su necesidad simultánea de autonomía y de seguridad, que produce un sinfín de situaciones paradójicas. Si los padres intentan imponer su criterio, lo más habitual es que el adolescente se defienda, aun cuando sea simulando aceptar las órdenes (“Dime lo que quieras, que luego yo haré lo que me dé la gana”). Es mucho más adecuado y eficaz darles la oportunidad de expresarse mediante espacios en los que pueda fluir la comunicación e incluso la negociación. Si logramos que los padres les muestren su aceptación incondicional, seguramente eso tendrá bastante más efecto que el trabajo que durante horas podamos hacer en la consulta. Pero no debemos pretender, en ningún caso, que padres y madres sean coterapeutas, sino que disfruten de sus hijos e hijas.

8.- ¿Qué le sugerirías a un adolescente de cara al inicio de terapia?

Depende completamente de la persona que tenga delante, si viene por propia voluntad o por obligación, si es ella la que empieza moviendo ficha (hablando) o si tengo que ser yo… Aún así, creo que no sugeriría mucho: la terapia es un plato que requiere de paciencia y no hay que adelantarse a los acontecimientos. Más que sugerir, conviene que los terapeutas pongamos nuestros cinco sentidos en la labor que realizamos.

9.- ¿Bajo qué circunstancias le sugerirías a un adolescente que acuda a un tratamiento?

Bajo las mismas que a un adulto: Cuando se sienta estancado o estancada. Cuando sienta que su vida no va hacía donde el o ella quiere. Cuando sienta que las heridas no están cerradas tras un tiempo. Cuando quiera pagar su frustración consigo mismo o la esté pagando de manera desmedida con los otros. Cuando no encuentra motivaciones para seguir con la vida. En definitiva, cuando el sufrimiento esté invadiendo su existencia.

10.- ¿Dónde pueden ubicarte aquellos lectores que se interesen en contactar contigo?

Actualmente tengo la consulta en Valladolid, muy próxima a la Estación de Autobuses. Calle San José nº16. Pueden contactar conmigo en oceanepsicologos.com o a través del teléfono 646 037 038.