La psicología humanista se consolidó en EE.UU en los años 1950s y comienzos de los 60s. La revista más representativa del en ese entonces nuevo movimiento es el Journal of Humanistic Psychology, cuya primera edición apareció en 1961. Pocos años después, uno de los fundadores de la psicología humanista, Abraham Maslow, junto a un joven psiquiatra checo recién emigrado a Estados Unidos, Stanislav Grof, y otros, se dan cuenta de que la psicología humanista parece ser solo un paso hacia la aparición de otra corriente nueva, y fundan oficialmente la psicología transpersonal. Aparece entonces en 1969 el primer número de otra nueva revista: el  Journal of Transpersonal Psychology (Cerda, 2012; Gimeno-Bayón, 2020).

Muchos de los principales colaboradores y autores humanistas pasaron a ser también redactores del nuevo journal y de la corriente psicológica transpersonal. Entre los principales autores que inspiraron e impulsaron a la psicología transpersonal están Roger Walsh, Frances Vaughan, Anthony Sutich, Charles Tart, James Fadiman, Roberto Assagioli, Ram Dass, Fritjof Capra, Aldous Huxley, Stanislav Grof, Carl Jung, Ken Wilber, Michael Washburn, Claudio Naranjo y Jorge Ferrer.

La psicología humanista cuestionó los supuestos deterministas del psicoanálisis y el conductismo, considerando que tales teorías conciben al ser humano como un mecanismo y como un objeto. La psicología humanista propone que las humanidades son disciplinas fundamentales para comprender la vida humana, y que la subjetividad y la conciencia no son menos importantes que los mecanismos inconscientes o el ambiente.

La psicología transpersonal, por su parte, cuestiona la mayoría de los supuestos implícitos de la ciencia mecanicista-materialista-racionalista occidental, en especial en su vertiente clásica newtoniana. En este contexto, Roger Walsh y Frances Vaughan (2008) explican la relevancia de la noción de paradigma o modelo. Los paradigmas son modelos de la realidad, y las personas los utilizamos para comprender el mundo. Sin embargo, los modelos que empleamos suelen volverse implícitos, y determinan el modo en que percibimos lo que sucede, y a qué aspectos de la realidad prestamos atención o no. Los datos objetivos que no calzan con lo que el modelo postula tienden a ser ignorados y filtrados. Los modelos tienden a ser auto-perpetuadores, causando que las personas confirmemos lo que nuestros modelos predicen acerca de la naturaleza del mundo, una “profecía autocumplida”.

Esto es particularmente evidente en el campo de la psicología. Los psicólogos de orientación freudiana fácilmente encuentran impulsos sexuales en diversas manifestaciones de la vida (incluidas las manifestaciones que no son sexuales en modo alguno). Los conductistas, por su parte, encuentran siempre reforzadores ambientales que explican “fácilmente” los fenómenos observados, “sin necesidad”  de recurrir a variables mentales ni a factores innatos del organismo.

La psicología transpersonal busca complementar y en alguna medida integrar los distintos paradigmas teóricos de la psicología occidental y la sabiduría de las filosofías sagradas y místicas de oriente y occidente. Existen formas de estados concientes trascendentes y superiores que no han sido reconocidos (o, en algunos casos, han sido patologizados) por la psicología occidental oficial.

La conciencia y la percatación de acuerdo a Roger Walsh y Frances Vaughan

Los psicólogos transpersonales Roger Walsh y Frances Vaughan (2008) describen el modelo transpersonal a partir de cuatro nociones que son familiares para la psicología de occidente, y explican cómo tales nociones son comprendidas desde la perspectiva transpersonal:

La conciencia

De acuerdo a la perspectiva transpersonal, nuestra conciencia habitual es un estado restringido por actitudes defensivas, pensamientos, imágenes y fantasías que enmarcan aquello de lo que podemos percatarnos y la interpretación que le damos.

El relajamiento de las restricciones defensivas permitiría ampliar la conciencia y llegar a estados más óptimos de percatación. El silencio de la mente es uno de los principales logros de tal crecimiento. Si bien la capacidad de pensar es un gran logro humano, este puede ser trascendido cuando podemos también dejar de pensar.

En la psicología académica occidental la psicosis es definida como un estado de conciencia que deforma la realidad y a la vez no reconoce tal deformación. Desde la perspectiva transpersonal, nuestro estado de conciencia habitual cumple con esta descripción puesto que es inferior a ciertos estados concientes más óptimos factibles de alcanzar.

Los distintos estados de conciencia nos dan acceso a distintas dimensiones de la realidad, y la mayoría de estados concientes son limitados. La psicosis es el apego a un solo estado de conciencia y a sus limitaciones.

El condicionamiento

Las personas estamos más condicionadas de lo que solemos reconocer, sin embargo la psicología transpersonal sostiene que es posible liberarnos de nuestros condicionamientos. Los condicionamientos se manifiestan muchas veces como apego a cosas o a personas, pero también al status quo, a reglas sociales o a modelos de quién uno mismo es.

La personalidad

La psicología occidental suele considerar a la personalidad como muy importante, y a la salud como modificación parcial de la misma. Desde la perspectiva transpersonal, en cambio, la personalidad es entendida como algo a lo que nos identificamos pero que es solo un aspecto limitado del ser. La salud es comprendida como trascendencia de la identificación exclusiva con la personalidad.

La identidad

Algunas teorías occidentales afirman que la identidad surge por la identificación inconsciente de una persona con otra persona o cosa. Desde las disciplinas orientales, se reconoce esa variedad de identificación pero se presta especial atención a la identificación con procesos internos, tales como imágenes o pensamientos acerca de quién es uno mismo o de la naturaleza de la realidad.

Las disciplinas de meditación y la psicología transpersonal promueven la desidentificación progresiva de la persona con los contenidos de su mente que limitan y constriñen la percatación. Esto permite situar nuestros modos de ver la realidad en un contexto más amplio, en el que lo que antes era un marco de referencia implícito dado por sentado pasa a ser un objeto de la toma de conciencia.  En la meditación, nuestros pensamientos son observados desde una perspectiva más amplia en que los vemos pasar sin identificarnos con ellos de manera acrítica o tomarlos por la realidad.

Los contenidos de nuestra mente con los que nos identificamos provienen en parte de la cultura o grupo social en que vivimos, que establece ciertas maneras de ver las cosas como las únicas posibles o las mejores. También están determinados en parte por factores individuales y de nuestra historia personal.

La meditación es un refinamiento gradual de la percepción en el que ésta se va desidentificando y despojando de capas cada vez más sutiles de contenidos identificatorios. Este proceso culmina cuando la percatación ya no se identifica con nada. Esta es la iluminación, donde la conciencia se vivencia a la vez como todo y nada. La conciencia es entonces percatación pura incondicionada (nada) y el universo entero (todo).

En estados avanzados de meditación, inicialmente el universo fenoménico es percibido como impermanencia y cambio constante. La conciencia es como un río, en el que los contenidos mentales entran y salen rápidamente. Posteriormente incluso esta identificación con el cambio (impermanencia), y el tiempo y el espacio son trascendidos. El tiempo es visto entonces como ilusorio.

Estas experiencias trascendentes fueron denominadas por Maslow (1983) “experiencias cumbre”. La percatación pura e incondicionada de la conciencia es denominada en el Vedanta (escuela filosófica hinduista) sat-chit-ananda: existencia, conciencia y beatitud. Al trascenderse toda identificación se trasciende también el sufrimiento. El yo y el mundo no están separados, sujeto y objeto son uno. Es una vivencia pura de ser una unidad con todo, y a la vez de ser nada. Los sentimientos vinculados a tal estado son el amor y la compasión. Se trascienden los dualismos y separaciones (Walsh y Vaughan, 2008).

Referencias

  • Cerda, M. (2012). Psicología humanista y psicología transpersonal: similitudes y diferencias. En: M. Cerda (Ed.), Cielo azulado. Psicología y psicoterapia humanista y transpersonal (pp. 13-79). RIL editores.
  • Gimeno-Bayón, A. (2020). Psicología y psicoterapias transpersonales. Reflexiones y propuestas. Revista de Psicoterapia, 31, 117, 5-41.
  • Maslow, A. (1983). La personalidad creadora. Kairós.
  • Walsh, R. y Vaughan, F. (Eds.) (2008). Más allá del ego. Textos de psicología transpersonal. Kairós.