EL PROBLEMA DEL ENVEJECIMIENTO POBLACIONAL

Gracias al desarrollo económico y tecnológico de las sociedades modernas, en las últimas décadas se ha producido una sustancial mejora de las circunstancias sociosanitarias y de la salud que han llevado a un aumento de la esperanza de vida, así como a un envejecimiento progresivo de la población. Aunque el aumento de la esperanza de vida es claramente un éxito en sí mismo, el envejecimiento poblacional también conlleva una serie de retos e implicaciones para toda la sociedad.

La Organización Mundial de la Salud (2015) estima que, a nivel mundial, la proporción de habitantes mayores de 60 años pasará de 605 millones a 2000 millones en el periodo transcurrido entre el año 2000 y el 2050. El gasto social y sanitario, que supone y supondrá en el futuro, hace necesario el uso de estrategias y acciones que minimicen las consecuencias negativas del envejecimiento poblacional, facilitando la inclusión y la convivencia de las personas mayores y proporcionando una nueva visión de esta etapa vital que es el envejecimiento.

El objetivo principal es lograr un envejecimiento saludable y un cambio en la percepción y la  concepción que la sociedad tiene de las personas mayores y del envejecimiento. Para ello, las políticas sobre envejecimiento a nivel mundial se han articulado desde 2002 en torno al concepto de “envejecimiento activo”.

¿QUÉ ES EL ENVEJECIMIENTO ACTIVO?

En la II Asamblea Mundial del Envejecimiento celebrada en 2002, la Organización Mundial de la Salud, propone y define el concepto de envejecimiento activo como “el proceso de optimización de las oportunidades de salud, participación y seguridad, con el fin de mejorar la calidad de vida a medida que las personas envejecen”.

Por lo tanto, el envejecimiento activo es un proceso continuo referido a todo el ciclo vital, que partiendo de las habilidades, experiencias y contribuciones de las personas mayores, se basa en sus potenciales recursos y aprendizajes e intenta maximizar las posibilidades de alcanzar una vejez exitosa, entendiendo ésta como una vejez longeva, inclusiva, empoderada, satisfactoria y saludable. De esta manera, se propone minimizar las posibilidades de un envejecimiento patológico, es decir, trata de reducir la enfermedad y la incapacidad que se pueden derivar del paso del tiempo.

El envejecimiento activo  se sustenta en el reconocimiento de los derechos humanos de las personas mayores y en los Principios de las Naciones Unidas de independencia, participación, dignidad, asistencia y realización de los propios deseos.” (OMS, 2002). El término activo no solo alude a la actividad física, hace referencia también a la actividad mental, económica, cultural y por supuesto a la interacción social y a la plena participación comunitaria de las personas mayores.

Aunque el envejecimiento activo va dirigido principalmente a las personas mayores, también busca concienciar y educar a los demás grupos de edad. La vejez es una etapa en la que se producen pérdidas pero también ganancias y hay que poner énfasis en la posibilidad de paliar ese declive  si se potencian adecuadamente los recursos de las personas, no solo en la vejez, sino desde la infancia y  durante todo el ciclo vital.

FACTORES  Y ACCIONES PARA LA PROMOCIÓN DEL ENVEJECIMIENTO ACTIVO

El modelo de envejecimiento activo que proponen los expertos es un modelo transversal y multifactorial y debe ser abordado desde varias disciplinas para intervenir en diversos factores o variables tanto del ámbito personal, como del entorno físico, social, económico y sanitario. Algunas de las medidas y necesidades para promover el envejecimiento activo son:

  • Ofrecer oportunidades de aprendizaje y desarrollo durante todo el ciclo vital y promover  desde la infancia un cambio de mentalidad en la sociedad que permita ver a las personas mayores como individuos útiles, participativos y con una imagen social libre de estereotipos y prejuicios.
  • Fomentar el ejercicio y la actividad física adaptada a las posibilidades de cada persona, evitando lo máximo posible el sedentarismo. El ejercicio aporta múltiples beneficios para la salud y la prevención de enfermedades como los problemas cardiovasculares y la obesidad, entre otros. También facilita el transporte y el aprovechamiento de oxígeno en el cerebro, lo que favorece el rendimiento intelectual, además de actuar como un amortiguador del estrés mediante la regulación de los niveles de cortisol (hormona relacionada con el estrés).
  • Se debe hacer hincapié en que la actividad no alude solo al ejercicio físico, el término actividad engloba cualquier tipo de actividad física, mental y social. Un estilo de vida activo es clave para mantener u optimizar la funcionalidad en la vejez. El entrenamiento mediante ejercicios físicos y mentales como la lectura, el estudio o la estimulación cognitiva, permiten la compensación del declive propio de la edad.
  • Prevenir e intervenir en situaciones de riesgo (soledad, pobreza, violencia, enfermedades      crónicas, prevención de caídas, etc.) y fomentar pautas de vida saludable (hábitos de higiene, dieta equilibrada, etc.) para la prevención de la dependencia.
  • Desarrollo de habilidades de afrontamiento ante las situaciones vitales de estrés o de cambio propias de la vejez (pérdida de seres queridos, jubilación, cambio de domicilio, etc.).
  • Mantener una actitud optimista y positiva, ya que las emociones positivas y el optimismo se han relacionado con una vejez más longeva y saludable.
  • Promover la competencia y la independencia personal desde el aumento de la percepción de control interno y el sentimiento de autoeficacia. Estas dos variables, muy  relacionadas  entre ellas, son muy importantes para el envejecimiento activo. El control interno y la autoeficacia se han asociado con el aumento de las conductas de autocuidado,  el  mantenimiento de la realización de las actividades de la vida diaria, con la buena salud y  la  capacidad funcional. Además ejercen una influencia positiva en la resistencia a la adversidad y la vulnerabilidad al estrés y la depresión.
  • Necesidad de integrar a los mayores en programas, cursos y actividades formativas que ayuden a superar las distancias generacionales, como por ejemplo, con cursos sobre el uso de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) para superar la brecha digital.
  • Incidir en la importancia de promover la adherencia terapéutica (cumplimiento de la terapia) y el diagnóstico precoz en la prevención e intervención de enfermedades.
  • Destacar y cuidar la figura del cuidador (para paliar su estrés y malestar emocional).

REFERENCIAS

  • Limón Mendizabal M.R. (2018). Envejecimiento activo: un cambio de paradigma sobre el envejecimiento y la vejez. Aula Abierta, volumen 47, nº 1, enero-marzo, págs. 45-54.
  • López Bravo, M.D (2018). El rol profesional del psicólogo en la promoción del envejecimiento activo.