Este documento de increíble valor para la ciencia, rara vez se difunde o se cita. Se usa su contenido para discurrir algunos acerca de la bondad de expresarse cada uno en su propia lengua, pero aquí hay algo más que esa invitación que nos hace Winnicott…[1] Winnicott habla de kleinismo, habla de la Sociedad (Sociedad Psicoanalítica Británica, fundada en 1909 por Ernest Jones…) como un lugar en el que se le tolera porque aporta ideas, pero en la que su método resulta molesto; habla de la imposición por lo visto que el autor detecta en su colega de que se use su propio lenguaje para expresarse el resto de los colegas, pero no solamente: Winnicott habla claramente de iatrogenia, cuando dice, primero, que parece ser que cuando Klein se expresa -ella sí en su propio lenguaje, no dice empero nada acerca de los procesos por los que atraviesa el propio paciente, y pone como ejemplo el caso de C., como puede leerse más abajo y, en segundo lugar dice: «Pienso que algunos de los pacientes que acuden a los ‘entusiastas kleinianos’ para ser analizados no se les permite realmente crecer o crear en el análisis…»

Winnicott no es muy bienvenido y se mueve con dificultades en los márgenes de un círculo, el kleiniano, a todas luces mantenido de manera artificial por la propia Melanie Klein y sus más allegados, y pronostica -lo que ya es un hecho-, que: «El peligro es … que el círculo se desarrolle hasta convertirse en un sistema basado en la defensa de la posición ganada por el autor original, en este caso usted misma.» Winnicott da inicio a esta carta hablando de «sociedad científica.» Pero, obviamente, cuando el lenguaje propio ha muerto o hay imposiciones de la índole que Winnicott denuncia en su carta, hablamos de dogma, no hablamos de ciencia.  

Carta a Melanie Klein de D. W. Winnicott, del 17 de noviembre de 1952, «El gesto espontáneo»

«Estimada Melanie:


Quiero escribirle acerca de la reunión del viernes pasado 
(1) para tratar de hacer de ella algo constructivo.

 
Lo primero que deseo decirle es que puedo advertir lo molesto que resulta, cuando algo se desarrolla en mí por mi crecimiento y mi experiencia analítica, que mi deseo sea el de expresarlo en mi propio lenguaje. Es molesto porque yo supongo que todo el mundo quiere hacer lo mismo cuando sabemos que en una sociedad científica uno de los objetivos es encontrar un lenguaje común. Sin embargo, este lenguaje debe mantenerse vivo, ya que no hay nada peor que un
lenguaje muerto.


Dije que me resultaba molesto, pero tiene su cara positiva. En primer lugar, no hay muchas personas creativas en la Sociedad, con ideas personales y originales. Pienso que cualquiera que tenga ideas personales será realmente bienvenido, y creo que en la Sociedad soy más bien tolerado por tener ideas aunque mi método resulte molesto.


En segundo lugar, pienso que en correspondencia con mi deseo de decir las cosas a mi modo hay algo de parte suya, a saber, la necesidad de que todo sea reformulado en sus propios términos.


Lo que pretendía el viernes era, sin duda, que hubiera surgido algún movimiento de parte suya en dirección al gesto que hacía con mi artículo. Pienso que yo esperaba algo que no tengo mayor derecho de esperar de su grupo, y que realmente tiene la naturaleza de un acto terapéutico, algo que no pude obtener de mis dos largos análisis, aunque haya obtenido otras cosas. No hay duda de que mi crítica a la señora Riviere no solo era una crítica sincera basada en la observación objetiva, sino que también estaba coloreada por el hecho de que fue exactamente en el punto en que su análisis falló conmigo.


Personalmente creo que es muy importante que su obra sea reenunciada por personas que realicen los descubrimientos a su manera y que presenten lo que descubren en su propio lenguaje. Sólo de ese modo se mantendrá vivo el lenguaje. Pero si usted estipula que en el futuro únicamente sea su propio lenguaje el que debe ser utilizado para la enunciación de los descubrimientos de otras personas, el lenguaje se convertirá en un lenguaje muerto, como ya se convirtió en la Sociedad. Le sorprendería saber cuántos suspiros y gemidos acompañan toda renunciación de los clisés sobre los objetos internos por parte de quienes voy a llamar kleinianos. Sus propias formulaciones, desde luego, se hallan en una categoría muy distinta, ya que se trata de su obra personal y a todo el mundo le complace que usted tenga su propia manera de enunciarla. Quizás el peor ejemplo sea el de C., en el que simplemente se habló mucho del caso en términos de lo que ahora se ha dado en llamarse contenido kleiniano, sin trasmitir en modo alguno sobre los procesos personales del paciente. Uno sentía que si él hubiese plantado un narciso, imaginaría que él mismo estaba fabricando el narciso a partir del bulbo, en lugar de permitirle al bulbo desarrollarse hasta ser un narciso mediante un nutrimiento suficientemente bueno.

 
Como verá, lo que me preocupa es algo que considero mucho más importante que mi artículo. Me preocupa este modo de presentación (set-up) que podría llamarse kleiniana de su obra. Sus ideas sólo perdurarán en tanto y en cuanto sean redescubiertas y reformuladas por personas originales, dentro y fuera del movimiento psicoanalítico. Desde luego, es necesario que usted tenga un grupo en el cual sentirse como en casa. Todo trabajador original requiere un círculo en el que encuentre un lugar de descanso de las controversias y donde pueda sentirse cómodo. El peligro es, empero, que el círculo se desarrolle hasta convertirse en un sistema basado en la defensa de la posición ganada por el autor original, en este caso usted misma. Freud, según creo, vio este peligro. Usted es la única capaz de destruir este lenguaje denominado doctrina kleiniana y kleinismo, con un propósito constructivo. Si no lo destruye, este fenómeno artificialmente integrado deberá ser atacado en forma destructiva. Incita al ataque, y como ya traté de puntualizar, la infortunada oración de la Sra. Riviere
(2) en su introducción, por otra parte excelente, presenta la cuestión exactamente en las palabras que pueden ser citadas por personas que no son necesariamente enemigas de sus ideas (las de M. Klein), pero sí enemigas de los sistemas. La oración de la Sra. Riviere, que según creo a usted misma le disgusta, da la impresión de que hay un rompecabezas del que existen todas las piezas; el trabajo futuro solo consistirá en un acomodamiento mutuo de las piezas.


(…) Pienso que algunos de los pacientes que acuden a los ‘entusiastas kleinianos’ para ser analizados no se les permite realmente crecer o crear en el análisis…» 
(3)

(1) Winnicott había leído «Angustia asociada con la inseguridad»

(2) «Klein a producido en verdad algo nuevo en psicoanálisis, a saber, una teoría integrada, que si bien todavía está en esbozo, de cuenta de todas las manifestaciones psíquicas, normales y anormales, desde el nacimiento hasta la muerte, y no deja ningún abismo infranqueable sin establecer su relación inteligible con el resto»

(3) Carta a M. Klein, el día 17 de noviembre de 1952 – en «El gesto espontáneo», Ed. Paidós, Bs. As., 1990- (Negritas mías). https://docs.google.com/document/d/1rxzMm6AaU2RBsHUMRGb5-wjPO9961g_RqkGEm2O4zC0/edit 

[1] Donald Woods Winnicott, Playmouth, 7 de abril de 1896-Londres, 25 de enero de 1917, fue un pediatra, psiquiatra y psicoanalista inglés.