Desde que salimos de las cavernas y sin ser demasiado conscientes de ello, poco a poco, hemos llegado a lugares más o menos inhóspitos del planeta donde hemos desarrollado nuestras vidas con el propósito de que éstas fueran mejores que las de nuestros ancestros, buscando nuevas tierras, más fértiles, mercados con los que experimentar el intercambio de los objetos más variopintos, etc. pero quizá no fue hasta la época colonial y sobre todo en el siglo XX y ya adentrados en el XXI cuando la globalización, para bien o mal ha impregnado cualquier esfera, cualquier arista, cualquier dimensión de la personalidad de cada individuo, dentro de una sociedad cada vez más diluida.

 ¿Y para qué? ¿Con qué propósito?

Nos hemos convertido ciertamente en productos. Pero ¿qué es lo que realmente somos como individuos?

Individuos cuya angustia vital sólo resulta interesante a los demás en tanto en cuanto productos de consumo susceptibles de ser tratados en un espacio público como única vía de redención. Un individuo que ni siquiera conoce el rostro de sus gobernantes, ni de lo que la ciencia social de su época denomina gobernanza global, ni conoce la fuente de incertidumbre y contingencia que afecta a su vida cotidiana, y que además carece de la información necesaria para ello (Bauman)

Migramos; para trasladarnos o transportarnos de un sitio a otro con la finalidad en la mayoría de las ocasiones de encontrar un futuro mejor (el colmo de esta realidad es cuando las personas son “llevadas” (Bauluz), pero tan incierto y desolador y sobre todo, tan individualista, que lleva impregnada la lógica económica del consumo y de la caza con una ambición sin límite, con el objetivo utópico del mayor engrandecimiento posible del propio ego, o, en última instancia, mantener cuanto más lejos mejor la incertidumbre y el miedo, garantizándose la propia supervivencia individual.

Esta supervivencia individual es la que nos lleva a todos aunque no nos consideremos racistas, clasistas o xenófobos en mayor o menor medida a rechazar al otro, ¿por qué? Porque tenemos miedo a que esos otros nos quiten el trabajo, los derechos, etc.  LA IGNORANCIA ERA, ES Y SEGUIRÁ SIENDO MUY ATREVIDA MIENTRAS NO PONGAMOS FIN A LO ESTABLECIDO. ¿Quién sabe qué sucederá en un mundo post-covid?

Bibliografía consultada

Fotografía: Zara Casañ García. Archivo personal ©