La hidroterapia o terapia acuática ha mostrado múltiples beneficios en el paciente con patologías de índole neurológico/neuropsicológico, sobre todo en programas de rehabilitación posteriores a una lesión cerebral. Estos beneficios son:

  • Prevención de contracturas.
  • Mejora del equilibrio, tanto estático como dinámico.
  • Reducción del tono.
  • Mejoras cardiovasculares.
  • Fortalecimiento muscular.
  • Motivación, recreación y socialización, tanto con equipo terapéutico como con otros pacientes usuarios de este tipo de tratamiento.

¿Y cómo se lleva a cabo un tratamiento acuático?

Este tipo de tratamiento es utilizado con frecuencia en pacientes con lesiones neurológicas y/o neuromotoras siguiendo una serie de indicaciones:

Ventajas del medio acuático en la propia lesión neurológica

Este tipo de tratamiento es utilizado con frecuencia en pacientes con lesiones neurológicas y/o neuromotoras debido a diferentes aportaciones:

  • Al trabajar en medio acuático, se produce una disminución del peso corporal por lo que se facilita el trabajo para aquellas personas que padecen debilidad muscular y les ayuda a adquirir posturas que de otra forma sería tremendamente complicado.
  • Además, el trabajo realizado en el agua permitir un movimiento de mayor amplitud de extremidades, consiguiendo de esta forma un fortalecimiento, elongación y reeducación muscular.

Estabilidad del paciente en el agua

En este aspecto, un punto primordial en el trabajo del terapeuta es conseguir que el paciente se sienta seguro y confiado, puesto que el medio acuático no siempre es el más cómodo para algunas personas. Es necesario trabajar con un ajuste gradual a dicho medio, en el que tendremos en cuenta el estado emocional del paciente y su nivel de familiarización con el agua. Además, se debe proporcionar el soporte necesario para permitir la mayor independencia.

Ajuste mental

Las primeras sesiones de trabajo en el medio acuático pueden ser difíciles de gestionar con el paciente neurológico, puesto que experimentará muchas y muy diferentes sensaciones. Por ello es conveniente mejorar lo máximo posible, dentro de unas posibilidades terapéuticas, esta situación inicial. Para conseguir este objetivo debemos seguir unas pautas básicas:

  • Trabajar en una piscina poco profunda.
  • Enseñar a la persona a entrar y salir de forma autónoma.
  • Proporcionar el apoyo físico y emocional necesario para cada individuo.
  • Clarificar cuáles son los objetivos de la terapia y su fundamentación.

Con todo ello, se establecerá un nivel básico y necesario de confianza a partir del cual poder desarrollar el resto del tratamiento.

Nivel de familiarización en el agua

Para que podamos establecer un plan de tratamiento efectivo y conseguir los objetivos del mismo, es necesario (como decíamos con anterioridad), saber cuál es el «nivel acuático» previo de la persona lesionada. En caso de que se tratara de un nivel muy bajo de familiarización, se habría de comenzar por ejercicios sencillos para entrar el contacto con el medio (ejemplos: salpicar agua, hacer burbujas, etc.).

Soporte necesario

En función de las diferentes tareas rehabilitadoras a realizar, es posible que necesitemos material específico: cinturones de buceo, lastres en los tobillos, etc. Contar con este tipo de material es importante puesto que nos puede permitir otorgarle al paciente más independencia y control sobre sus movimientos,

Planificación de la hidroterapia

Para planificar las sesiones de trabajo con terapia acuática se deben tener en cuenta diferentes aspectos:

  • Profundidad de la piscina, que no debe ser superior a la altura del ombligo
  • Temperatura del agua, para la que no existe un consenso cerrado, pero nunca será superior a 40º C ni inferior a 28. En función de la capacidad a rehabilitar y los ejercicios a realizar serán más indicadas unas u otras.
  • Estabilización distal del paciente, para facilitar el movimiento y la independencia del sujeto. Para ello podremos ayudarnos de material de flotación.
  • Velocidad ejercida durante el movimiento, que será baja durante los ejercicios iniciales y con pequeñas amplitudes, mientras que se irán variando gradualmente a medida que se van haciendo tareas más complejas.

Intervención de terapia acuática en la lesión neurológica

Watsu (Water Shiatsu)

Es una técnica basada en los principios del Zen Shiatsu sólo que aplicados a una persona que flota en el agua. Se caracteriza por la realización de movimientos rotacionales lentos, rítmicos y continuos de distintas partes del cuerpo. Es un tipo de intervención en la que el paciente permanece totalmente pasivo y flotando en el agua mientras que sus músculos son masajeados. Puede ser una de las técnicas usadas al principio del tratamiento para la familiarización del paciente con el medio acuático, así como con el terapeuta y la terapia. Gracias a este tipo de intervención se han podido observar beneficios sobre la espasticidad y mejoría funcional en sujetos con hemiparesia.

Halliwick

Es una técnica muy utilizada en pacientes con problemas de equilibrio que necesitan mejorar el control postural puesto que se encuentra a medio camino entre la terapia y la actividad acuática. Es muy útil también para iniciarse en la natación a través de un programa en el que se incluye el ajuste mental, el control de la respiración en el agua, el control rotacional y la independencia en el medio acuático.

Bad Ragaz

Al contrario que con la técnica Watsu, en la Bad Ragaz es necesario la implicación activa por parte del paciente puesto que se usa para trabajar la fuerza muscular, la amplitud articular y el control del movimiento voluntario. Ha sufrido diferentes modificaciones a lo largo de los años, pero ya desde 1990 se implanta como un programa estructurado de 24 patrones para tronco y extremidades. En él, se emplean movimientos tridimensionales y facilitación neuromuscular propioceptiva, usando la propia flotación del paciente en el agua como sustentación.

Aplicaciones en trastornos neurológicos

Las alteraciones neurológicas más frecuentes derivadas de una lesión cerebral son los déficits del movimiento voluntario y las alteraciones del equilibrio y de la marcha. Por ello, se considera que la terapia acuática confiere el medio adecuado para llevar a cabo tareas de rehabilitación de las capacidades deterioradas. En este sentido, son varios los autores que han encontrado que aguas de temperatura relativamente elevadas pueden disminuir la hipertonía y la calidad del movimiento, por ejemplo.

También se ha podido observar que el método Bad Ragaz es realmente útil en el trabajo con problemas de inervación recíproca.

Además, el soporte que proporciona la flotación permite que personas con lesiones cerebrales puedan adoptar posturas erguidas de una forma más precoz e independiente que en el medio terrestre.