En Esbozo de una vida, historia de un sistema de pensamiento de Elizabeth Roudinesco, cap. 4, la biografía de Jacques Lacan, leemos que el concepto de diálogo desde la perspectiva de Heidegger y que de alguna manera impregna el psicoanálisis lacaniano, es el siguiente: 

Dice Roudinesco: “Para Heidegger conservar, diferenciar y no identificarse con el otro resulta un factor indispensable para la persistencia misma del pensamiento, una posición que contradice la de aquellos que en la actualidad glorifican la necesidad de ‘empatía’. Esta última, es necesario decirlo, ha embrollado más que aclarado la cuestión del trato con la diferencia… Lo que se requiere para el dialogo cultural no es ‘ponerse en el lugar del otro’, impostura que siempre acaba en confusión, sino realizar la hazaña de ‘abrir el oído para poder escuchar’. Conservar la propia diferencia y la del otro significa dejar que opere una apertura que tiene la virtud de mantener vivo el diálogo y de permitir el funcionamiento de la red simbólica significativa, velada en la cháchara habitual con la que taponamos lo inquietante del silencio.” Y luego, “Arriesgaremos nuestra propia interpretación, la cual consistirá en decir que se escucha verdaderamente al otro no cuando uno se identifica con él ni tampoco cuando uno se pone frente a él, sino cuando uno se coloca ‘a su lado’, ‘preservando la orilla’ política, que debería conducir al establecimiento de un fundamento sólido para el verdadero diálogo intercultural: preservar orilla e interesarse por los ‘peces extra-ordinarios’ cuidando de no identificarse con ellos ni oponérseles.” 

Los dos precursores indiscutibles del así llamado hoy psicoanálisis relacional son Donald W. Winnicott y Sandor Ferenczi. Un analista «relacional» (¿desde cuándo el psicoanálisis no es relacional?), no podría compatibilizar ambas posiciones, la de Heidegger y la de Ferenczi a partir de sus muy últimos dos años y de su Diario, o la Winnicott. O que existe imperturbabilidad y una actitud de escucha cínica y «paralela», o sea, situarnos al lado pero no identificarnos, como dice el texto, o que nos metemos de lleno en los zapatos de los demás, lo que es tomado aquí con sorna y definido como «impostura» y como «cháchara habitual para taponar lo inquietante del silencio» como si los «relacionales» no supiéramos guardar silencio (ver Dos notas sobre el uso del silencio, 1963, de D.W. Winnicott, Obras Completas, en https://ouricult.files.wordpress.com/2012/06/donald-winnicott-obras-completas.pdf) cuando lo tenemos que guardar, o no supiéramos administrar el corte de Lacan -lo que últimamente ni los lacanianos hacen-, cuando lo tenemos que administrar. Lo que se necesita, además de «abrir el oído para poder escuchar» al otro, es el reconocimiento mutuo (en eso consiste la mutualidad), lo que requiere que nos identifiquemos con el otro y que, desde allí, nos sepamos mover… incluso para oponernos al otro, pero sin que nos “embrollemos.” Esto requiere una periciaque al menos Winnicott demostró tener con creces. 

La postura de Heidegger, que no puede identificarse con los otros ni oponérseles, que carece de la pericia para poder moverse en aguas revueltas o en aguas profundas, es sin más ni más, la de la más pura hipocresía, la del sujeto que se acomoda, la del que “mantiene las formas”. Como muy bien nos explican tanto Winnicott como Ferenczi, a diferencia de lo que puede, si quiere, hacer cualquier otro sujeto (más aún si es de los que “se identifican” con Heidegger), un analista debe poder y es su deber poder. 

Referencias

  • Roudinesco, E. Esbozo de una vida, historia de un sistema de pensamiento. https://monoskop.org/File:Roudinesco_Elisabeth_Lacan_Esbozo_de_una_vida_historia_de_un_sistema_de_pensamiento.pdf
  • Ferenczi,S. 7 de enero, 1932. La insensibilidad del analista… https://www.alsf-chile.org/Indepsi/Diario-clinico/7-de-Enero-1932-La-Insensibilidad-del-Analista.pdf