Cuando pensamos en familia, inmediatamente nos viene a la cabeza el esquema de familia tradicional o convencional. Unos padres y unos hijos comunes. Sin embargo, a lo largo del tiempo, la sociedad ha evolucionado, se ha dado lugar a distintas costumbres, rutinas, se ha adquirido cierta apertura mental y se manifiestan distintas necesidades, todo esto se traduce en que existen diversas tipologías familiares y por ello, es muy complejo realizar una definición de familia. Lo que parece el factor común, revisando distintas fuentes es:

  • Organización primera y fundamental social.
  • Convivencia.
  • Vínculos emocionales.
  • Estilo propio de organización, valores, economía, gestión del tiempo…

Un factor que a mí me parece fundamental es el de “la exclusividad”, entendida en el sentido de que cada miembro de la familia ocupa un lugar dentro del grupo y es propio, no puede ser intercambiado ni sustituido.

Familia reconstituida es controvertida incluso en la manera de denominarse (reconstituidas, enlazadas, ensambladas…), no obstante, respecto a su definición, creo que la más apropiada es la de Emily y John Visher (1988) que establece como condición para que podamos hablar de una familia reconstituida la existencia de al menos un hijo de una relación anterior

Podemos encontrar familias reconstituidas con estructura más simple, en la que solo un adulto aporta uno o más hijos, o más compleja en la que ambos aportan hijos y se crean relaciones de hermanastros. En este caso, hay más cantidad de personas y mayor necesidad de tener en cuenta criterios, necesidades, sentimientos y opiniones distintas.

La creación de una primera familia ya es motivo suficiente como para tener que prestar atención a cada etapa, realizar un proceso cuidando aspectos que contribuyan a establecer una dinámica fluida, en la que cada uno se sienta cómodo y valioso. Donde la comunicación asertiva es la herramienta estrella para poder establecer normas, rutinas, negociar y tomar decisiones, buscar equilibrio y establecer un clima de comodidad.

Cuando se trata de familias reconstituidas, con mayor motivo y con mayor delicadeza y empeño si cabe, puesto que en el contexto familiar hay más personas y sus vínculos son de distinta naturaleza, con distintas historias de partida y diversas experiencias de familia previa. Se hace especialmente delicada la situación para definir, concretar, negociar, comunicar. Se convive con múltiples focos de estrés, que van a reflejarse en situaciones del día a día.

Un aspecto muy importante para entender la reconstitución familiar es su origen. Parte de una relación rota anterior, una pérdida, es decir, un fallecimiento o una separación/divorcio. Esto requiere tiempo para ser asumido, elaborado y que los adultos se hayan recuperado del dolor que conlleva. Si no se ha terminado de elaborar el duelo, no hay lugar real a una nueva familia, por esto, hay que respetar los tiempos, para que las condiciones emocionales sean las más adecuadas. Este hecho supone uno de los principios fundamentales para lograr buena cimentación de la nueva relación y familia. Es mucho más fácil, si además, están resueltos otras cuestiones, como las económicas y las legales.

Negar las dificultades que conlleva la reconstitución familiar, entorpece el proceso. También el hecho de querer realizar fases con prisas, precipitar decisiones o querer que las nuevas relaciones se definan en vínculos estrechos, sin dar demasiado tiempo para que evolucionen. Esto es, entre padrastros/madrastras e hijastros/hijastras. Se trata de un vínculo que debe ser construido, así que necesita tiempo y un espacio de convivencia, para ir creando una historia común.

El rol de padre o madre es muy difícil para cualquier familia. Ser capaces de acompañar a un pequeño para su adecuado desarrollo psicológico, físico, social…, requiere mucha paciencia, equilibrio, asertividad, etc. y esto se hace especialmente complejo cuando la relación entre un adulto y un niño no es la paternidad/maternidad, sino la de un adulto que forma parte de la convivencia y que no hay un parentesco biológico, es un vínculo en construcción y que debe ser definido en tanto que, de una parte, no es el responsable de la criatura y de otra es el adulto responsable en el hogar, así que la situación se hace especialmente compleja  y se necesita concretar y delimitar con atención y cuidado.

En esencia, las familias reconstituidas y las convencionales se diferencian en su estructura, su origen y su desarrollo. La familia convencional tiene como origen la constitución de la pareja. Hay una etapa de acercamiento y conocimiento, de realizar. Un solo hogar y el mismo tipo de vínculo de los adultos con los niños. En las familias reconstituidas, su estructura ya conlleva dos hogares, dos núcleos. Tiene distinto recorrido porque su origen es la familia monoparental formada por el progenitor y sus hijos y posteriormente se da la pareja, que debe encontrar sus espacios y momentos para poder definir su proyecto de pareja y su proyecto de familia, realizando ajustes entre la atención que requiere cuidar y educar de los niños.

Esta condición que se produce en la reconstitución familiar ya es en sí misma, un foco de estrés importante tanto para madrastras y padrastros, como para los hijos/hijastros. Las madrastras y padrastros, deben encontrar un lugar en esa familia, que ahora también es la suya. Se les debe un reconocimiento y se debe definir su rol, su implicación con los niños. Deben ocupar el lugar jerárquico de los adultos en el hogar, el de la autoridad. Los niños por su parte, deben también tener un espacio exclusivo con su progenitor, mantener su vínculo y que toda actividad familiar no se centre únicamente en el grupo familiar total. Necesita conservar su referente que le aporte seguridad y afecto, para que progresivamente pueda abrirse emocionalmente a la incorporación de otra figura adulta en su vida. Es un proceso, para evitar que el miedo a ser excluido le impulse a comportamientos de competitividad con la madrastra o padrastro, para la obtención de la atención del progenitor. En definitiva, es el progenitor-pareja, el que desempeña la figura de referencia para ambas partes: sus hijos y su pareja. El vínculo que se establezca entre los padrastros – madrastras e hijastros-hijastras, va a estar muy motivado por la relación de referencia (para la madrastra y padrastro, su pareja. Para los niños, su padre o madre)

Con respecto a qué es ser madrastra, Disney orientó la percepción de las generaciones hacia la maldad y crueldad de la madrastra. En los cuentos, las madrastras encarnan el papel de malvadas, que tratan a sus hijastras con desdén y crueldad. En los cuentos, las mamás estaban fallecidas y las niñas desvalidas.

La realidad es diferente. Pero queda el prejuicio. Tanto es así, que incluso en la denominación del vínculo resulta difícil y causa impacto en quien lo escucha.

Una persona hace referencia al vínculo que mantiene con los demás diciendo “mi padre”, “mi madre”, “mi abuela”…, cuando se trata de la madrastra o del padrastro, frecuentemente se evitan estos términos, condicionados por las connotaciones negativas otorgadas a través de cuentos y prejuicios. Sin embargo, es el hecho de utilizar el término de modo normalizado, lo que probablemente permita con el tiempo, que se perciba con naturalidad. De no usarlo y hacer referencia al vínculo existente entre madrastras/padrastros e hijastros/hijastras como “el hijo de mi pareja” o “la mujer de mi padre”, da idea de que el vínculo es de otro y no propio.

Estoy convencida de que, en la medida en la que se utiliza apropiadamente una terminología, se generaliza su uso y la percepción negativa se relativiza. Evitar las palabras madrastra, hijastro, padrastro, puede ayudar a perpetuar el prejuicio por unas palabras en realidad, sólo hacen alusión al vínculo que existe entre dos personas, sea ese vínculo afectuoso o no. Del mismo modo que padre o hijo hace referencias a vínculos con independencia a cómo sea la relación entre ellos.

A modo de conclusión, me resulta importante que en las familias reconstituidas se construyan los vínculos con la base de fases anteriores definidas y en la medida de lo posible completadas, que cada persona tenga referencias claras de lo que se espera de ella en el seno de la familia, en cuanto a la función y rol que representa. Que se de valor a cada miembro de la familia y se puedan nombrar las relaciones con las palabras que existen, normalizando y con la perspectiva de la desmitificación.