¿Cuándo fue la última vez que te paraste, solo a mirar a tu alrededor? ¿Que te asomaste a la ventana y te quedaste mirando el tráfico o el paisaje sin tener el teléfono en la mano? En un mundo que parece ir cada vez más deprisa nos esforzamos por seguir el ritmo y en lugar de vivir la vida, corremos tras ella. Y lo hacemos felices porque sentirse mal es propio solo de “personas negativas” y quejarse, compartir con otros nuestro dolor o nuestros problemas es lo que hacen “las personas tóxicas”.

La ciencia ha demostrado de forma sistemática, desde el surgimiento de la psicología positiva en el año 1999 de la mano de Martin Seligman, que las emociones positivas tienen efectos beneficiosos no solo sobre nuestro bienestar, sino sobre nuestra salud física (Linley y Joseph, 2012; Vázquez y Chaves, 2016; Vázquez, Hervás y  Ho, 2006). Sin embargo, nunca se invitó a reducir la experiencia humana únicamente a estas emociones. En la actualidad, en el espacio entre internet, las redes sociales, los libros de autoayuda y los coach motivacionales parece que hemos olvidado algo. Y es que, las emociones mal llamadas negativas existen, son parte del abanico emocional de los seres humanos y cumplen funciones básicas para nuestra supervivencia (Morgado, 2017). Los principales expertos en Psicología Positiva alertan de los riesgos de incurrir en lo que se ha llamado “positivismo tóxico”: esta corriente que censura cualquier expresión humana contraria a la felicidad y que ha convertido la búsqueda de la misma en una obligación. Quizá convendría cambiar la pregunta ¿cómo hago para ser feliz? por  la pregunta ¿qué necesito en este momento para cuidarme?

Las filosofías orientales tradicionales como el budismo, el hinduismo o el taoísmo hace miles de años que contemplan la práctica de la respiración consciente y la meditación como base para la vida. Estas prácticas, especialmente desde la orientación budista, han sido importadas a occidente en las últimas décadas bajo el nombre de mindfulness, que traducido al español significa atención plena. El gran auge y repercusión mediática de estas prácticas se debe, en parte, a que se ha demostrado que favorecen el bienestar mental, emocional y físico (Germer, 2009; Montero-Marín et al., 2016; Simón, 2012).  ¿Qué entendemos por atención plena? Si estoy comiendo, que mi atención esté en lo que estoy comiendo y no en lo que tengo que hacer después. Si estoy paseando, que la atención esté en el entorno, en mi propio movimiento, no en rememorar la conversación que tuve ayer con mi jefe. Cuando estoy con mis hijos, con mi pareja, con mis amigos, “estar” con ellos, no revisando el teléfono o el smartwatch. ¡Cuántas veces hemos presenciado la escena de pasar ante una mesa en un restaurante y ver que todos los comensales están ensimismados en sus pantallas!      

A pesar de ello procuramos, en mayor o menor medida, estar para los demás: mirar a los ojos a un amigo cuando nos está contando algo importante y compartir su emoción. No lo estamos tanto para nosotros mismos. ¿Cuántas veces te has obligado a asistir a una reunión que no te apetecía en absoluto solo por no quedar mal ante los demás o para no hacer sentir mal al anfitrión? ¿Cuántas veces te has organizado para dedicar un rato a la lectura y has tenido que sacrificar ese tiempo para atender a alguien? ¿Cuántas veces has llegado de tu casa al trabajo sin darte cuenta del camino porque ibas pensando en mil cosas?

Tenemos la falsa idea de que “parar”, “estar presente” consiste en apartarnos del mundo, en “desconectar” yéndonos a un retiro espiritual. Y sí, esta es una manera. Pero no es la única. Escucharnos y atendernos en el día a día es también una forma de parar, de estar presente (en este caso, para nosotros mismos). Aceptar que esto que ha sucedido, aunque pueda no ser muy importante, en este momento me duele, es la mejor forma de autocuidado (Nhat Hanh, 2017; Neff, 2006; Simón, 2015). En este momento, ésta es la clave. En el aquí y el ahora la experiencia es la que es. Aquí y ahora. No mañana. No ayer. Parece de sentido común, ¿verdad? sin embargo en la realidad nuestra mente está configurada y acostumbrada a estar siempre ocupada, siempre moviéndose del pasado al futuro. Para estar constantemente juzgando y etiquetando las experiencias como buenas o malas y para “escapar” de las emociones desagradables. Claro que no nos gusta la sensación de estar enfadados y claro que es perjudicial para nosotros mismos y nuestro entorno estar permanentemente en ese estado. Claro que es peligroso para nuestra salud “engancharnos” a la tristeza y la desesperanza. Pero no es menos peligroso no permitirnos sentirla pues, esto implica cierta desconexión de nosotros mismos.

Respira. Concédete espacios para estar contigo, sin pantallas, sin gente. Pregúntate cómo estás, qué necesitas e intenta atenderte. Pregúntate cómo puedes cuidarte. Camina tu presente, deja de correr tras él.    

Referencias

  • Germer, C. K. (2009). The mindful path to self-compassion: Freeing yourself from destructive    thoughts and emotions.New York: Guilford Press.
  • Linley, A. y Joseph, S. (2012). Positive psychology in practice. Wiley.
  • Montero-Marin, J., Puebla-Guedea, M., Herrera-Mercadal, P., Cebolla, A., Soler, J., Demarzo, M., Vazquez, C., Rodríguez-Bornaetxea, F. y García-Campayo, J. (2016). Psychological Effects of a 1-Month Meditation Retreat on Experienced Meditators: The Role of Non-attachment. Front. Psychol. 7, 1935. doi: 10.3389/fpsyg.2016.01935
  • Morgado, I. (2017). Emociones corrosivas. Ariel.
  • Nhat Hanh, Thich (2017). El arte de cuidar a tu niño interior. Ediciones Paidós.
  • Neff, K. (2006). Sé amable contigo mismo. Paidós Ibérica.
  • Simón, V. (2012). Iniciación al mindfulness. Sello Editorial.
  • Simón, V. (2015). La compasión: el corazón del mindfulness. Sello Editorial.
  • Vázquez, C. y Chaves, C. (2016). Positive psychology. Encyclopedia of mental health. Second Edition. 2016, 290-299. https://doi.org/10.1016/B978-0-12-397045-9.00049-5
  • Vázquez, C., Hervás, G., y Y. Ho, S. (2006). Intervenciones clínicas basadas en Psicología Positiva: consideraciones y evidencias. Psicología Conductual, 14, 3.

Dra. en psicología Pilar Rueda, equipo Asociación Con.Ciencia.