En esta sociedad del siglo XXI estamos bastante acostumbrados a silenciarnos corporalmente. A generar la ilusión de que nuestro cuerpo debe comportarse como una mascota bien adiestrada, al servicio de nuestra mente. La creencia social dominante es que podemos controlar nuestro cuerpo, nuestra salud y nuestras fuerzas con pura voluntad. Como toda creencia, tiene un fuerte valor emocional y se resiste a ser razonada.

A menudo sólo tomamos conciencia de que somos cuerpo cuando nos sentimos indispuestos o enfermos. Entonces nos damos cuenta de que tenemos que aceptar que no podemos separar nuestro cuerpo de nuestra mente.

La pandemia que estamos viviendo ha puesto de manifiesto la escasa relación que tenemos habitualmente las personas con la enfermedad. Gran parte de las consecuencias psicológicas sufridas por la COVID-19 son producto de la toma de conciencia de nuestra vulnerabilidad física.

Las redes sociales nos mandan potentes mensajes sobre el cuerpo. El ejercicio de poder que oprime a los cuerpos tiene mucha fuerza. El cuerpo de hombres y, sobre todo, de mujeres sigue estando sexualizado y oprimido. De una forma u otra el cuerpo es “castigado y doblegado”.

El peligro es la polarización hacia una realidad en la que el cuerpo ocupa un lugar excluido de la conciencia. La percepción corporal es sustituida  por una imagen mental o un ideal, con el sufrimiento objetivo que eso conlleva.

Las comunicaciones sociales que recibimos son poderosas ya que “saltan” los filtros racionales y estimulan nuestro sistema límbico, nuestro cerebro más primitivo. Generan deseo o rechazo sin que podamos reflexionar sobre ello.

Nuestro hemisferio derecho del cerebro procesa a través de imágenes. Las imágenes conectan con nuestras emociones, con nuestro sistema límbico y éste con nuestra corteza cerebral y con nuestro sistema nervioso autónomo. Es decir, manda señales a todo nuestro cuerpo.

Las creencias familiares y sociales pertenecen a este mundo más emocional y menos racional. Tienen mucha influencia en la percepción corporal. Las creencias familiares pueden ser un antídoto contra la presión social o, al revés, ser amplificadas por éstas.

A su vez, las creencias e imágenes familiares sobre el cuerpo van a estar muy relacionadas con los sucesos traumáticos del sistema familiar. Las situaciones de alto impacto emocional quedan encapsuladas en el territorio corporal. Eso puede hacer que se repitan síntomas o enfermedades en el sistema familiar. El cuerpo tiene su propia memoria y es muy rico acceder a ella. Lo que ocurre es que hay que acceder a esa memoria de forma indirecta, a través de métodos y técnicas que nos permitan ver un poco más allá, como el sicodrama.

Sicodrama significa alma en acción (sique=alma y drama= acción). Es un método de trabajo psicológico que nos permite explorar nuestras emociones, conductas y cogniciones a través de juegos, construcción de imágenes y otras técnicas. Nos permite desarrollar nuestra creatividad, ampliar nuestra conciencia e integrar aquello que anda poco conectado. El trabajo sicodramático nos ayuda a ver desde fuera un contenido interno de nuestra mente. Es por ello por lo que se convierte en un método fascinante para abordar lo corporal y favorecer la conexión consciente con nuestro cuerpo.

A través del sicodrama podemos crear un puente de comunicación entre dos “idiomas” tan distintos: el interno del paciente y el construido por él o ella fuera de sí. Nos permite integrar, a través de diversas técnicas, contenidos inconscientes o rechazados por “el yo”.

El objetivo último del sicodrama es, por tanto, favorecer el desarrollo y la maduración de la persona de forma integrada a fin de que pueda desarrollar su potencial, enriqueciendo “su yo” y favoreciendo su crecimiento personal.

Bibliografía

  • Calvo, I. (2015). La creación de imágenes sicodramáticas en Psicosomática.Revista Vínculos 3ª nº4 Madrid:ITPG
  • Moyano, G. (1994). Psicodrama. Rev. de la Soc. Portuguesa de Psicodrama nº1.
  • Rojas Bermudez, J. (1997). Teoría y Técnica del psicodrama. Barcelona: Paidós.
  • Rojas-Bermúdez, J., María Corts J., Dominguez Rivera, C., Fonseca Fábregas, E., González Cuesta, C., Mercader Larios, C., Moyano Bermudez, G., Rey Pousada, R. (2012). Actualizaciones en Sicodrama, Imagen y Acción en la teoría y la práctica. Espiralia Ensayo: Culleredo, A Coruña.

Isabel Calvo, Doctora en Medicina, Psicoterapeuta y Directora de Sicodrama.