Como ya hemos expuesto en otras ocasiones, las formas de tratamiento y los diferentes modos de intervención de los que podemos obtener resultados positivos, dependen de muchos factores dependientes tanto del terapeuta, como del paciente/cliente. En esta ocasión vamos a exponer de forma sintética y general cuáles son los principios básicos de la Terapia Contextual y Relacional, así como cuáles son sus componentes esenciales, sus objetivos y la aplicabilidad de este tipo de intervención:

Terapia contextual y relacional

El fundador de esta escuela teórica, Boszormenyi-Nagy, establece que existen 4 aspectos interrelacionados en los que contexto y dinámicas de funcionamiento familiar están basados. A saber:

  • Hechos, entre los que hace la distinción evitables/inevitables.
  • Psicología, entendida como los patrones de comportamiento, experiencia emocional, motivaciones y aspiraciones de cada individuo, que no son más que indicativos de dinámicas familiares.
  • Transacciones, modos de organización familiar en cuanto a roles, estilos y formas de comunicación.
  • Ética relacional, pilar clave en la terapia contextual. Vinculada con las relaciones justas y dignas de confianza en la que todos los miembros de la familia son valorados, reconocidos y respetados.

Estructuras básicas y objetivos

En primer lugar, debemos conocer que este enfoque es intensivo, se trabaja a largo plazo y puede reportarnos resultados positivos tanto con individuos, como con unidades familiares o sistemas multigeneracionales. Además, se ha comprobado que es más valioso cuando se lleva a cabo por un equipo de coterapia, que vela por recoger y analizar toda la información disponible, puesto que lo más recomendable es incluir en la intervención a tantos miembros de la familia como sea necesario y posible.

El objetivo principal de la terapia es el reacoplamiento, es decir, conseguir un nuevo equilibro de las obligaciones personales en relación con el resto de familiares. Este «reacoplamiento» es un proceso que incluye diferentes puntos:

  • La resolución de problemas, a través de la conversión de lealtades invisibles en algo consciente y explícito.
  • El reconocimiento de la equidad multilateral.
  • La reparación de relaciones rotas, gracias a un compromiso de equilibro entre la relación dar-recibir y un proceso de reconexión.

Técnicas y proceso de la terapia

Si queremos ofrecer una terapia eficaz, debemos crear un ambiente de confianza dentro del cual todos los miembros de la familia se sientan cómodos y seguros. Esto se consigue en muchas ocasiones mostrándonos como un defensor de todos los miembros de la familia (estén o no presentes en sesión). A esto se le conoce como «parcialidad multidireccional» y nos dará la oportunidad de que cada individuo sienta que su opinión es escuchada y tenida en cuenta, por lo que aumentará su tendencia a escuchar y reconocer todos los lados del problema. Comenzará de esta forma un proceso de dar y recibir entre todos los miembros del conjunto familiar que sentará la base de confianza en las relaciones.

Por otro lado, desde el punto de vista de la evaluación, debemos tener presente que se trata de una fase continuada. Se ha de llevar a cabo tanto una evaluación de las competencias y vulnerabilidades de la familia, como de cuál es el estado actual y los patrones de relación.

Después de este trabajo de confianza y evaluación, es necesario comenzar con la fase de trabajo «propiamente dicha». En primer lugar, como no podía ser de otro modo, el terapeuta ha de abordar el problema que ha llevado a la consulta, animando a cada miembro familiar a que hable de él desde su propio punto de vista. Una vez llevada a cabo esta exposición, se devuelve el problema pero reformulado como un reflejo de las preocupaciones que subyacen a la familia y que son el origen del desequilibrio. A partir de este punto, el terapeuta se servirá de las siguientes técnicas para conseguir el proceso de reacoplamiento:

  • Hacer uso de la parcialidad multilateral que enunciábamos con anterioridad.
  • Reconocer cuándo se da un esfuerzo o contribución a la familia de parte de cada uno de los miembros.
  • Suscitar propuestas espontáneas de los miembros para hacer frente a las dificultades.
  • Darse un tiempo para que los miembros de la familia reflexionen sobre los beneficios de hacer cambios.
  • Utilizar el propio proceso de reacoplamiento para que los miembros de la familia hagan cambios relacionales.
  • Ser partícipe en la definición de «fidelidad».
  • Ayudar a los miembros de la familia a involucrarse en el proceso de exculpar a progenitores o demás familiares de sus comportamientos y elecciones.

Finalmente, tras haber conseguido los resultados deseados de estas técnicas, comienza el principio del fin. Es decir, la fase de terminación que solo será considerada como exitosa si se consigue tratar y trabajar temas de pérdida, abandono y separación.

Aplicabilidad del tratamiento

La mayor crítica que ha recibido este modelo terapéutico ha estado relacionado con la «intelectualidad» necesaria para saber sacarle provecho. Algunos autores la han clasificado de «demasiado intelectual» como para que familias de niveles socio-económicos bajos puedan resolver sus problemas a través de ella. Pero lo cierto es que, según Boszormenyi-Nagy, los pilares básicos de este enfoque se asientan sobre unos principios básicos del ser humano que poco pueden verse influenciados por la raza, etnia o nivel socio-económico de las familias. Conceptos como «confianza», «reciprocidad» o «equidad» son entendidos e integrados por todos los seres humanos, siendo conscientes o no de la comprensión total del término o de si eso que están sintiendo recibe el nombre X o Y.

La realidad es que, aunque existe muy poca validación empírica, la eficacia de la terapia contextual está suficientemente validada clínicamente.