Para muchos profesionales de la salud mental, uno de los diagnósticos más complejos tanto por la cronicidad de los síntomas, así como su alto índice de abandono en la terapia; es el “trastorno límite de personalidad”, también conocido como “borderline” e identificado por sus siglas “TLP”. 

Hablamos de un diagnóstico con un origen multicausal, donde componentes genéticos interactúan con la dinámica familiar, las experiencias vividas, traumas emocionales y la dificultad para desarrollar habilidades sociales. Cabe destacar que para el adecuado diagnóstico será necesaria la evaluación psiquiátrica y psicológica oportuna. 

Los manuales de salud mental describen a quien padece un TLP como personas que sufren constantemente, con los sentimientos a flor de piel y que perciben la realidad de una forma muy concreta, con poca capacidad para tolerar la frustración y con una sensación de “vacío” que golpea de manera abrupta las emociones del paciente. 

En la práctica profesional es común escuchar al paciente decir “siento un vacío enorme que se adueña de mi”, “no logro identificar que siento, sólo sé que me siento extraño, como si me faltara algo”, “me siento mal, sensible, pero no sé porque”. Estas afirmaciones describen el sentir de un paciente cuya desregulación emocional los invade, acompañado de una sensación de angustia y desesperación por cambiar su estado emocional, en algunas ocasiones el paciente puede recurrir a conductas disfuncionales e incluso autodestructivas como lo son el consumo de sustancias psicoactivas, conductas hipersexualizadas, o incluso llegar a realizarse autolesiones, actividades que luego de practicarse insertarán al individuo en un círculo vicioso cargado de culpa, frustración e ira. 

Esta sensación de vacío y las conductas que la acompañan trae consigo una lista de pensamientos catastróficos, generalizaciones y desvalorización, como el “pienso que soy un fracaso”, “nada puedo hacer bien”, “siempre termino haciendo las mismas tonterías”, “soy una carga para mi familia”, e incluso el tan temido pensamiento “acabando con mi vida, terminará todo el sufrimiento”. 

La sensación de vacío que manifiesta una persona con TLP difiere de la que presenta un paciente con el diagnóstico de depresión, dado que el paciente depresivo casi siempre identifica una causa aparente o “detonante” que origina esta sensación de tristeza extrema, en tanto que el paciente borderline no logra identificar la razón de su sentir, de aquí la dificultad por parte de la familia para actuar con empatía frente a este síntoma. Si bien es cierto que no podemos hablar de una “cura” dentro de los trastornos de personalidad, existen diversos tratamientos muy bien enfocados a la identificación y control de los síntomas, así como la recuperación del paciente acompañado de habilidades psicosociales que le permitan desarrollarse con normalidad frente a las vicisitudes de la vida cotidiana. Uno de los tratamientos más eficaces y con gran base de evidencia científica es la Terapia Dialéctica Conductual (DBT), la cual parte del supuesto de que los comportamientos desadaptativos presentes en este diagnóstico surgen a consecuencia de un déficit en las habilidades sociales y del clima “invalidante” en el que crece el paciente. Las técnicas empleadas en el Mindfulness serán de gran utilidad al momento de abordar el síntoma de la “sensación de vacío” expuesta por el paciente.