La Activación Conductual (AC) es una de las técnicas que han demostrado mayor eficacia en el tratamiento de trastornos del estado del ánimo. En líneas generales, y como su propio nombre indica, podemos decir que persigue el objetivo fundamental de “activar” a la persona, de establecer una serie de objetivos y actividades que nos permitan romper con ese círculo vicioso de pensamientos, síntomas y manifestaciones que nos mantienen dentro de un estado depresivo.

Aunque la AC sea una intervención estructurada, no se trata de un método de intervención estrictamente protocolizado. Por ello, sigue una serie de principios o líneas generales que son clave para cumplir con el decálogo de la AC. Estos principios serían:Ayudar a cambiar lo que las personas hacen para que puedan cambiar cómo se sienten. Actuar “de fuera adentro”: no espero a sentirme bien para hacer X tarea, sino que hago esa tarea y tras su consecución me sentiré mejor.

1.- Ayudar a cambiar lo que las personas hacen para que puedan cambiar cómo se sienten. Actuar “de fuera adentro”: no espero a sentirme bien para hacer X tarea, sino que hago esa tarea y tras su consecución me sentiré mejor.

2.- Detectar cuáles son las conductas que ayudan a mantener la depresión para romper el “círculo vicioso” y empezar a hacer otras que permitan un reforzamiento natural de conductas antidepresivas.

3.- Saber qué precede y qué sigue a las conductas importantes es la clave para que podamos encontrar la salida de la depresión. Se usarán tablas de monitorización de actividades para entender la conducta de los clientes y las conexiones de las mismas con su estado de ánimo.

4.- Programar actividades de acuerdo con un plan, no con un estado de ánimo. Hay que actuar en función de un objetivo en lugar de hacerlo según el estado anímico para romper el círculo de la depresión.

5.- Para que el cambio sea efectivo lo más recomendable es llevarlo a cabo poco a poco. Se deben dividir las tareas en las partes que la componen y abordar cada una de forma satisfactoria antes de pasar a la siguiente.

6.- Se debe mantener una visión empírica, es decir, cualquier resultado puede ser útil a la hora de buscar soluciones. Incluso aquellas que pueden ser consideradas “fracasos” nos puede enseñar algo de cómo hacer y de qué forma proceder en futuras ocasiones.

7.- El corazón de la AC es la actividad. Por tanto, es muy importante que entre todas las sesiones se lleven a cabo tareas que mantengan al cliente activo en su proceso de cambio vital. Lo más importante es que sean tareas realistas que nos permitan seguir avanzando en la terapia.

8.- El terapeuta ha de actuar como un entrenador: enseña habilidades, planifica estrategias, hace sugerencias y orienta al cliente, pero debe ser el propio cliente quien pase a la acción de poner todo eso en práctica para solucionar los problemas.

9.- Tendrán prioridad aquellas tareas que aporten un reforzamiento natural, de forma que las conductas antidepresivas sean cada vez más frecuentes. A veces también se recurre al reforzamiento arbitrario o auto-reforzamiento cuando se consiguen objetivos a corto plazo.

10.- Trabajo continuo en acabar con las barreras actuales a la activación o las que posiblemente irán apareciendo. Se van resolviendo las dificultades que aparecen y es esencial detectar las que pueden aparecer con el fin de reducir la probabilidad de que esos mismos problemas continúen en el futuro.