Existe un cierto tipo de psicólogos que se erigen en “luchadores” por las psicoterapias “con evidencia científica” y contra las terapias falsas y poco efectivas, pero los criterios de tales psicólogos para distinguir entre unas y otras parecen incluir una importante dosis de autoengaño y sesgo de confirmación de sus prejuicios. Por ejemplo, el psicólogo conductista y “defensor de la psicología científica” Rigoberto Sánchez (2021b) comenta en un artículo publicado en su sitio web Mente Y Ciencia:

“… la psicología ha evolucionado como una disciplina científica, esforzándose en desarrollar modelos terapéuticos basados en estudios formales y evidencia empírica; no obstante, existen también numerosos movimientos pseudoterapéuticos que prometen aliviar el sufrimiento de sus pacientes basándose en principios filosóficos descontextualizados y metodologías sin ningún tipo de comprobación empírica.”

Y luego agrega:

“… un tratamiento puede ser efectivo sin que necesariamente sea eficaz. Por ejemplo, una serie de ejercicios de meditación, recomendados por un gurú transpersonal, podrían tener éxito en controlar algunos síntomas físicos del estrés, aun cuando este resultado sea el producto de variables muy distintas a la metodología y la fundamentación teórica propuestas por los defensores de dicha corriente.” (Sánchez, 2021b)

Sánchez continúa su artículo haciendo hincapié una y otra vez sobre la necesidad de desenmascarar a las prácticas pseudo-terapéuticas (entre las que, como vimos, él incluye a la psicología transpersonal):

“… es innegable que la gran variedad de opciones terapéuticas y pseudoterapéuticas que se ofertan hoy en día, en el ámbito de la psicoterapia, hace necesario que pacientes y clientes estén bien informados, no solo sobre la efectividad, sino también sobre la validez de los métodos empleados por cada una de dichas alternativas.” (Sánchez, 2021b)

“… estudiar la eficacia de los modelos de intervención que han demostrado su efectividad en la práctica clínica diaria, nos permitiría identificar de entre todos ellas, aquellas posturas que realmente toman parte en el desarrollo de una psicoterapia basada en hechos científicos; es decir, la psicología científica o la psicología basada en la evidencia. Lo que, a su vez, haría posible desenmascarar a una gran cantidad de prácticas pseudoterapéuticas.” (Sánchez, 2021b)

Es decir, el argumento es que la terapia conductual y/o la conductual-cognitiva son científicas, y las terapias transpersonales y otras son pseudo-terapias. En otro artículo en el mismo sitio web, Sánchez promueve como una de las “terapias científicas” a la terapia de aceptación y compromiso (ACT, acceptance and commitment therapy) de Steven Hayes, señalando: 

“Basado en los principios propuestos en su teoría de los marcos relacionales y en la evidencia empírica obtenida en el estudio de los mismos, Steven Hayes desarrolló un modelo de intervención psicoterapéutica llamado terapia de aceptación y compromiso. En este, se conjugan estrategias de aceptación y mindfulness con técnicas conductuales para incrementar lo que el autor denomina flexibilidad psicológica.” (Sánchez, 2021c).

“Mindfulness” o “atención plena” es solo un nombre nuevo para la meditación budista, meditación que ha sido practicada y promovida en occidente por los psicólogos humanistas y transpersonales desde los años 1950s, y que hasta hace unas décadas era considerada anti-científica por los cognitivo-conductuales (véase Ellis y Yeager, 1989; Seiden y Lam, 2010). Extrañamente, para Sánchez los ejercicios de meditación ya no son anti-científicos ni pseudo-terapéuticos cuando es Steven Hayes quien los emplea. En cambio, como vimos, sí lo son para él cuando los emplean los psicólogos “transpersonales”.

En realidad, la terapia de aceptación y compromiso (ACT) tiene escasa semejanza con lo que tradicionalmente era llamado “terapia cognitivo-conductual” (los modelos de Albert Ellis y Aaron Beck, por ejemplo) o “conductismo” (una psicología que se suponía monista-materialista, considérense las críticas a la psicología humanista formuladas por Skinner, 1987). En cambio, ACT tiene una enorme semejanza, hasta el punto de que se puede decir que es en realidad copiada o plagiada, de ciertas terapias holísticas y humanistas clásicas como la terapia gestalt (véase Hofmann, 2008).

Quien lea por primera las publicaciones de Hayes tendrá muy probablemente una sensación de “esto ya lo he leído antes en otras partes”. De hecho, el mismo Hayes sostiene en una entrevista:

“Tengo que decir que mucho de lo que hay en ACT está en Gestalt, está en… está en las tradiciones basadas en atención plena. Pero no me avergüenza eso, yo considero que es de esperarse que, cosas en la sabiduría de las tradiciones espirituales, tradiciones de desarrollo de potencial humano, Gestalt… Todo esto está ahí.” (Hayes, en Muñoz, 2017).

En un artículo publicado en una revista conductista, que hace una revisión del libro en que Hayes y colaboradores presentan la ACT, Dougher (2002) señala que si bien ACT suele ser considerada un modelo skinneriano o neo-skinneriano, en realidad, advierte:

“Querido lector, tenga cuidado: este no es el análisis del comportamiento de su tío Fred [Skinner]. De hecho, en muchos sentidos es bastante diferente e incluso puede parecerles a algunos como equivocado, si no francamente blasfemo. En lugar de la familiar letanía de términos y conceptos analíticos del comportamiento, este libro está repleto de términos y temas que se asocian más comúnmente con tradiciones filosóficas y terapéuticas como el existencialismo, el humanismo, el budismo zen, la Gestalt y otras terapias experienciales” (p. 323)

Más aún, los mismos autores que crearon el modelo ACT sostienen en el libro donde presentaron por primera vez su enfoque que:

De hecho, muchas o incluso la mayoría de las técnicas de ACT se han tomado prestadas de otros lugares: del movimiento del potencial humano, las tradiciones orientales, la terapia conductual, las tradiciones místicas y similares.” (Hayes et al., 1999, p. 15)

“ACT no debe verse meramente como una tecnología, porque integra diversas ideas en un marco teórico y filosófico coherente e innovador. ACT no se puede clasificar fácilmente como terapia conductual, terapia cognitivo-conductual, terapia experiencial, terapia humanista, terapia existencial u otras terapias similares. Creemos que no solo ofrece algo a todas estas tradiciones, sino que también proporciona una teoría y una filosofía subyacentes de la condición humana”. (Hayes et al., 1999, p. 16)

En el libro que presentó ACT al público, hay numerosos comentarios sobre la “sabiduría” de las tradiciones místicas y religiosas, y también sobre el papel del lenguaje y el intelecto en la “evitación experiencial” y por tanto en la psicopatología. Estos numerosos pasajes dan la impresión de estar leyendo un libro de psicoterapia humanista. Por ejemplo:

“Las grandes religiones del mundo constituyeron uno de los primeros intentos organizados para resolver el problema del sufrimiento humano. Es revelador que todas las grandes religiones tengan un lado místico y que todas compartan una característica definitoria. Todas las tradiciones místicas tienen prácticas orientadas a reducir o transformar el dominio del lenguaje analítico sobre la experiencia: el silencio se observa durante horas, días, semanas o años; se contemplan acertijos verbales irresolubles; se practica la meditación no analítica; los mantras se repiten sin cesar; los cánticos se recitan durante horas y horas; y así. Incluso los aspectos no místicos de las grandes tradiciones religiosas, que se basan en un lenguaje analítico literal, a menudo se centran en actos que no son en sí mismos puramente analíticos.” (Hayes et al., 1999, p. 10)

“Nos parece (como les pareció a quienes escribieron el Génesis) que el proceso psicológico que más distingue a los humanos de los no humanos es el conocimiento. El núcleo del enfoque de ACT se basa en la idea de que este proceso humano omnipresente da origen tanto a los enormes logros como a la enorme miseria humanos”. (Hayes et al., 1999, p. 10)

“El maestro zen Seng-Ts’an tenía un dicho: “Si trabajas en tu mente desde tu mente, ¿cómo puedes evitar una gran confusión?” Muchas instituciones humanas (el budismo Zen se incluye de manera prominente entre ellas) han intentado desarmar al león del lenguaje humano. Es intrínsecamente difícil usar el lenguaje analítico para liberarse del lenguaje analítico.” (Hayes et al., 1999, p. 12)

No hay nada nuevo en ACT como psicoterapia. Tampoco hay nada especialmente “cognitivo-conductual” en ella (entendiendo lo cognitivo-conductual según los modelos cientificistas clásicos como los de Aaron Beck y Albert Ellis). No resulta creíble que ACT sea psicoterapia efectiva “basada en evidencia” y otros modelos de los que ACT copió todas sus técnicas y gran parte de su filosofía, como la terapia transpersonal o la terapia gestalt, no lo sean (como sostienen psicólogos como García Morilla, 2018). ACT sencillamente aplica técnicas que existen ya hace mucho tiempo en esos otros enfoques de psicoterapia, y les da nombres nuevos (por ejemplo “defusión cognitiva” para el tomar distancia y des-identificarse de los propios pensamientos).

Y mientras los psicólogos pro-ACT partidarios de “la evidencia” como el mismo Sánchez suelen criticar al eclecticismo (por ejemplo García Morilla, 2018; Sánchez 2021a), en las técnicas terapéuticas de ACT predominan las ideas tomadas no del conductismo ni del cognitivismo sino fundamentalmente de las tradiciones espirituales y de las psicologías humanista y transpersonal.

Incluso la integración entre técnicas conductistas y meditación oriental ya había sido propuesta por los psicólogos transpersonales hace décadas. Por ejemplo, Walsh y Vaughan (1980) argumentaron que la inhibición recíproca de Joseph Wolpe es semejante a lo que realizaba Buda cuando meditaba y promovía la meditación para hacer incompatible el estado de paz interior que esta promovía con la ira y la agresividad.

En otro artículo detallé que, además, existe más de una denuncia por fraude y manipulación de datos contra algunos de los estudios de ACT realizados por Hayes y colaboradores, estudios que supuestamente “demuestran” su alta efectividad terapéutica (precisamente el tipo de estudios en los que se basa la APA para, sin embargo, mantener a ACT en su lista de “terapias basadas en evidencia”, una lista presumiblemente determinada más por vínculos políticos que por criterios científicos). Y hay denuncias todavía más graves de manipulación de datos contra Hans Eysenck, psicólogo que desde los años 1950s hasta los 90s fue un campeón de la postura de que la terapia conductista es la única científica, y la única que vale.

Para finalizar, cabe comentar que hace un tiempo atrás envié a “Mente y Ciencia” la información sobre los fraudes cometidos por Eysenck, para darles la oportunidad de actualizar su sitio (en el que le citaban). La respuesta a esto fue la publicación de un nuevo artículo en el que citaban a Eysenck como garante de ciencia.

Referencias

  • Dougher, M. (2002). This is not B. F. Skinner’s behavior analysis. A review of Hayes, Strosahl, and Wilson’s acceptance and commitment therapy. Journal of Applied Behavior Analysis, 35, 323-336.
  • Ellis, A., & Yeager, R. J. (1989). Why some therapies don’t work: The dangers of transpersonal psychology. Prometheus Books. 
  • García Morilla, S. (2 de marzo de 2018). La mala ciencia de la terapia gestalt. Psyciencia. https://www.psyciencia.com/la-mala-ciencia-de-la-terapia-gestalt/
  • Hayes, S. C., Strosahl, K. D. & Wilson, K. G. (1999). Acceptance and commitment therapy. Guilford.
  • Hofmann, S. G. (2008). Acceptance and commitment therapy: new wave or Morita therapy? Clinical Psychology: Science and Practice, 15, 4, 280–285.
  • Muñoz, O. (24 de Julio de 2017). Entrevista con Steven Hayes: sal de tu mente, entra en su charla (Subtitulado al español). Centro Integral de Psicología. https://cideps.com/steven-hayes-entrevista/
  • Sánchez, R. M. (31 de mayo de 2021a). Eclecticismo en psicología. ¿Una ‘psicoterapia ecléctica’? Mente y ciencia. https://www.menteyciencia.com/eclecticismo-en-psicologia-una-psicoterapia-eclectica/
  • Sánchez, R. M. (9 de junio de 2021b). Eficacia, eficiencia y efectividad en psicología. Mente y ciencia. https://www.menteyciencia.com/eficacia-eficiencia-y-efectividad-en-psicologia/
  • Sánchez, R. M. (14 de julio de 2021c). Marcos relacionales de Hayes: lenguaje y cognición. Mente y ciencia. https://www.menteyciencia.com/marcos-relacionales-de-hayes-lenguaje-y-cognicion/
  • Seiden, D. y Lam, K. (2010). From Moses and monotheism to Buddha and behaviorism. Cognitive behavior therapy’s transpersonal crisis. The Journal of Transpersonal Psychology, 42, 89-113.
  • Skinner, B. F. (1987). Whatever happened to psychology as the science of behavior? American Psychologist, 42, 780-786. 
  • Walsh, R. & Vaughan, F. (1980). Beyond the ego: Toward transpersonal models of the person and psychotherapy. Journal of Humanistic Psychology, 20, 1, 5-31.