Históricamente, hemos visto cómo el cuerpo en la pubertad y adolescencia toma un rol sumamente importante. Por un lado, debido a la intensidad de los cambios que ocurren, y a su vez, por el nivel de influencia que tiene el contexto social-histórico en el que nos encontremos. Hoy en día, inmersos en una pandemia y conviviendo día a día con una alta exposición a las redes sociales, se hace necesario preguntarnos ¿qué está ocurriendo actualmente con nuestros y nuestras adolescentes en esta temática?

Un estudio transversal realizado en España comparó el tipos de comportamiento y gravedad de los síntomas de dos grupos de niñas, niños y adolescentes que asistieron a una unidad de tratamiento de conducta alimentaria. Un grupo realizó su ingreso pre pandemia (2019), y el otro grupo posterior a ella (2020).Los resultados dan cuenta de que el diagnóstico mayoritario de ambos grupos fue la Anorexia Nerviosa, mostrándose una incidencia del 53,5% durante el año de confinamiento, con un mayor porcentaje de pacientes de mayor gravedad.

En Chile, durante la pandemia se ha observado un aumento en un 30% de las consultas en adolescentes chilenos relacionadas con trastornos de la conducta alimentaria. De este grupo etario, un 12% presenta  riesgo de padecer alguno de aquellos diagnósticos, mientras que la mayor prevalencia la presentan las mujeres en comparaciones con los varones (Riquelme, 2021).

Frente a esto, surge el cuestionamiento, ¿cómo se explican estas problemáticas del cuerpo y la alimentación en nuestros adolescentes?

En primer lugar, este tipo de disfunciones incluyen el factor de la multicausalidad, existiendo factores predisponentes y gatillantes desde el contexto familiar, social, cultural e individual (Morales et al, 2011). Es por esto que no existe una única razón que hace posible la configuración de alguno de estos diagnósticos o conflictos en esa línea. Sin embargo, resulta evidente la influencia que observamos en factores como el encierro y su impacto emocional, la expectativa social de la imagen corporal idealizada a través de las redes social, el lugar que ocupa el síntoma de la comida en la dinámica familiar, la influencia que ejerce en la definición de identidad y en el grupo de pares; entre otros factores.

Entonces, ¿cuál sería la receta para abordar la multicomplejidad de este tema?

Lamentablemente en las temáticas psicológicas y sobre todo las que involucran a la población infanto-juvenil no existen recetas perfectas, como tampoco es posible tener las cantidades y dosis exactas de los ingredientes que necesitamos los adultos para acompañar a adolescentes ante estas dificultades. Sin embargo, independiente de si hay diagnóstico o no, sería relevante comprender que en la mayoría de estos casos pareciera haber un sufrimiento que queda encubierto. Es por esto, que uno de los primeros pasos para intentar elaborar un abordaje es empatizar con lo que pudiera estar más allá de lo que se observa de la persona, de lo no visible a los ojos de los espectadores que “vienen a juzgar el cuerpo”.

Existen múltiples focos sobre los qué intervenir y una amplia cantidad de adultos, desde familiares, profesores, medios de comunicación, redes sociales -entre otros actores- que con una pizca de sal, pueden generar un impacto positivo en ir previniendo el dolor emocional que nuestros adolescentes viven en torno a esto. Así como desde nuestra disciplina se aconseja intervenir optando por equipos multidisciplinarios que aporten desde distintas áreas, no a cocinar la receta perfecta para todos los casos, sino que la receta “suficientemente buenapara las necesidades de cada adolescente en particular.

Y tú, ¿has pensado en los significados que pueden haber detrás de un paciente adolescente con dificultades en torno al cuerpo y la comida?

Referencias Bibliográficas


Artículo escrito por Dominique Dattas, Psicóloga Infanto-Juvenil, creadora de contenido Praxis HUB. Mail: [email protected].