La pregunta que da título al artículo se las trae, ¿verdad?

En primer lugar, habrá que definir qué es la felicidad. Y no hay consenso sobre esta definición, pero sí bastante coincidencia en categorizar la felicidad como un sentimiento o estado de ánimo. Es algo transitorio. La mayoría de los pacientes o asistentes a mis talleres, a los que pregunto sobre este tema, suelen contestarme diciendo: “la felicidad son momentos”.

Por tanto, no hay nada, nada, que nos haga felices. O, al menos, no permanentemente ni absolutamente felices. Pero sí muchas cosas, o personas, o momentos que nos facilitan estados de felicidad.

Así pues, quizá la pregunta correcta que quepa hacerse es: ¿el capitalismo nos facilita estados de felicidad?

Pues, para contestarla, ahora, en segundo lugar, habrá que definir el capitalismo. La RAE nos dice en una primera acepción: “Sistema económico basado en la propiedad privada de los medios de producción y en la libertad de mercado”. Y en una segunda: “Conjunto de entidades e instituciones que defienden los intereses del capitalismo”.

Atendiendo a estas definiciones, podríamos decir que el capitalismo es el Sistema. ¿Y qué es un sistema? Una manera o forma de hacer las cosas. En el plano económico, pero, porque está muy ligado a ello, también en el plano político y social. El capitalismo marca nuestro estilo de vida, nuestra manera de vivir. Y esta manera de vivir está claramente condicionada por el conjunto de entidades e instituciones que defienden los intereses de… ¿de quién, de las personas, de las comunidades? No, del capitalismo, es decir, de aquellos que poseen los medios de producción e intervienen en los grandes mercados.

Pero, sin embargo, una pregunta interesante sería, ¿cuáles son los intereses del capitalismo? Porque si estos coinciden con los de los seres humanos, si se cumplen aquellos se cumplirán los nuestros, ¿no? El sistema capitalista se nutre de la dinámica producir-consumir, generando una sociedad de consumo. Para poder existir y desarrollarse, este sistema necesita que haya siempre necesidades de consumo para poder seguir produciendo. No le interesa tener personas felices que no busquen satisfacer ninguna necesidad, sino justamente lo contrario: personas que se sientan continuamente insatisfechas.

Y la felicidad, precisamente, es un estado en el que la persona siente que no le falta nada, que, aún no siendo las cosas perfectas (nunca lo son), está bien como está en este momento, ahora, en su vida. Eso, al capitalismo, no le compensa.

Entonces, el capitalismo, el sistema, es decir, la forma de hacer las cosas, va diseñando, construyendo y desarrollando una serie de creencias, valores, actitudes y costumbres, a través de la cultura, la política, la publicidad y etc. que no nos motivan a buscar estados de felicidad, sino a sentirnos insatisfechos para buscar productos o experiencias que se venden en el mercado, con la promesa de que no darán una felicidad… que nunca llega, porque si llegara sería el fin del capitalismo.

¿Se puede ser feliz por tanto dentro de este sistema, o necesitamos salirnos de él o acabar directamente con el capitalismo? Cada uno que saque sus propias conclusiones, pero, he de aclarar, llegados a este punto, que este no es un artículo anticapitalista (aunque yo sí lo sea), sino propersonas. El capitalismo es la cultura del capital, del producto (ya sea cosa, experiencia o, incluso, persona como producto), un producto que se ha de obtener o consumir para así alcanzar la felicidad. Pero, las personas no funcionamos así. 

O no exactamente así. Biológicamente, poseemos un sistema interno de recompensa y castigo. Cuando hacemos según qué cosas, se liberan hormonas que producen placer o dolor. Tendemos, de manera natural a buscar el placer y evitar el dolor. Así, obtener objetos que nos gustan o vivir experiencias que nos distraen, nos provoca placer, y una vida de placer puede sumar hacia esos estados de felicidad… si no es eso lo único que hacemos con nuestra vida.

Porque, a la hora de estudiar ese sentimiento que es la la felicidad, hemos encontrado que esa experiencia subjetiva y emocional tiene mucho más que ver con los estados internos, como la dicha, la gratitud o la autorrealización, y con las relaciones humanas. Con el amor.

La cultura capitalista nos motiva a producir y consumir, a trabajar para ganar dinero con el que podamos comprar cosas y vivir muchas experiencias distintas (y costosas). Nos dirige hacia lo material, no hacia lo espiritual; nos empuja a competir entre nosotros, a ser depredadores, no a ser hermanos que colaboran, comparten y se aman. Y eso es justo lo opuesto a lo que más felicidad nos aporta.

Podemos ser felices dentro del capitalismo, claro que sí, pero si nos limitamos a seguir, simplemente, las reglas del capitalismo, y no cuidamos nuestros estados internos (pensamientos, valores, emociones, autoestima) ni enriquecemos nuestras relaciones, no obtendremos demasiado estados de felicidad, ya que estaremos siempre en un estado de perseguir la felicidad… en un estado de infelicidad crónica.

En mi libro, La Dictadura de la Felicidad, hablo más sobre el tema y otros relacionados. Espero que te haya gustado el artículo, y que te ayude a ser sentirte un poco más feliz. ¡Un abrazo y hasta la próxima!