A principios del presente año, la Organización Mundial de la Salud (OMS) reconoció el Síndrome de Desgaste Ocupacional, o Burnout, dentro de sus categorías para la Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE-11). Esto quiere decir en términos generales que, sentir un bloqueo mental constante, ganas de rendirse, frustración, cansancio físico y emocional, son algunos de los síntomas que produce este agotamiento relacionado directamente con el trabajo. ¿Pero si está relacionado netamente con el trabajo, no afecta directamente también a las otras partes de la vida?

Byung-Chul Han (2010) nos dice que, la sociedad del siglo XXI ya no es disciplinaria – como planteaba Foucault-, sino una sociedad de rendimiento. Estos sujetos son emprendedores de sí mismos. Esto quiere decir que estamos insertos en una comunidad donde todo es posible, donde el positivismo de poder hacer una gran cantidad de cosas se ha vuelto un imperativo imposible de domar. Somos seres productivos capaces de lograr cualquier cosa que nos propongamos y, que si no cumplimos con los requisitos del rendimiento, somos fracasados y fracasadas, flojos y flojas. 

Solamente quedan vestigios de aquella época de la historia donde un trabajo te podía durar toda la vida. Podías encontrar algún sustento económico para tu familia y ahí solías quedarte hasta el momento de tu jubilación. Ahora, en el mundo donde todo es posible y el abanico de oportunidades se abre extensamente, aparecen las cartas sobre la mesa que nos dan a elegir hacia donde queremos destinar nuestro tiempo productivo. Si no te gusta tu trabajo te cambias. Si no te gusta ser empleado, haces tu propio emprendimiento. Suena muy bello pero, ¿si tenemos un sinfín de cosas por hacer y elegir, por qué se vive en un agotamiento interminable?, ¿por qué siguen existiendo grandes índices de depresión en países supuestamente desarrollados? Han nos dirá que, “la depresión es la enfermedad de una sociedad que sufre bajo el exceso de positividad”, que al fin y al cabo, termina siendo una guerra contra las mismas personas. El “yo puedo” es tan peligroso que, cuando no se están obteniendo los resultados esperados – sobre todo en una sociedad donde no existe la paciencia- y se observa como a las otras personas pareciera ser que les está yendo mejor, comienza la frustración, la pena, la rabia, etc. Como diría el antiguo refrán: “el pasto del vecino siempre es más verde”.

El Cansancio mental no solamente puede ser producido por el trabajo, sino que, se pueden encontrar en varios ámbitos de la vida: amistades, parejas, hijos/as, quehaceres del hogar, trámites, compras necesarias para el día a día, cuentas que hay pagar, arriendos, y otros deberes que se podrían traducir en un sinfín de otras situaciones. ¿Y dónde queda el tiempo libre?, ¿a dónde se van los momentos de ocio? Pareciera ser que este concepto cada vez menos utilizado, queda solamente para pocas personas que puedan hacer uso satisfactorio de este tiempo. Hoy más que nunca pareciera ser que: ¡no hay tiempo!, pero no bajo la condición de “la vida es corta”, sino que, no hay tiempo para poder disfrutar momentos que no sean productivos al capital, y eso, enferma. ¿Cómo encontrar espacios para calmar todo el tumulto de cosas que pasan por la mente constantemente? Algunos dirán Mindfulness pero, ¿realmente vamos a alivianar síntomas sin revisar el problema de fondo? 

El problema de los días contemporáneos, es que, el lema mencionado anteriormente: “sí puedo”, genera una falsa sensación de libertad nos diría Han (2010), y esa falsa libertad de tener el poder de hacer lo que queramos y tomar el rumbo de nuestra vida, sintiéndonos realizados, nos hace caer en nuestra propia trampa, porque entre más podemos, entre más nos exigimos, entre más llevamos nuestro cuerpo al límite, nos convertimos en personas más cansadas, enfermas, autoexplotadas y colapsadas. No existe la palabra equivocarse en este lenguaje, no se concibe el fallar, no se está permitido, por eso cuando no se puede, se enferma. No se está preparado para la frustración. Es así, como el mundo espera resultados de las personas, sin importar el cansancio o las enfermedades que se traigan como consecuencia de un rendimiento sin límites. Hay mucho por hacer y mucho por reflexionar.

Referencias

Han, B.-C. (2010). La Sociedad del Cansancio. Barcelona: Herder.