Enfermedad mental y personalidad, es un pequeño ensayo en el que Foucault expone asombrosamente los severos problemas teóricos que se encuentran al intentar definir los conceptos de enfermedad y salud psicológica. Destaco la siguiente pregunta:

“¿el sujeto se defiende de su pasado con su presente, o se protege de su presente con la ayuda de una historia ya vivida?” [1]

Esta interrogante nos permite abrir terreno a la clasificación de dos discursos que entienden y abordan distintamente la cuestión del malestar psicológico de los seres humanos y su relación con el pasado:

1.- defenderse del pasado con el presente: en esta esfera se encuentran los discursos motivacionales o psicoterapias –en el mejor de los casos- basadas en el fortalecimiento del ideal de la autosuficiencia. Desarrollan técnicas para reforzar la condición del individuo que se basta a sí mismo para salir del hoyo emocional en el que se encuentra. Es decir, impulsar autogestión mental que provoque una especie de solidificación del ego y se mantengan alejadas las marcas residuales del pasado que, desarticuladas del presente, pueden manifestarse como experiencias de padecimiento emocional.

De lo que se trataría, entonces, es de orientar a la persona hacia una superación del sufrimiento invitándolo a dejar atrás su pasado que, por la vía de la comprensión rigurosa del presente y replanteándose el futuro con recomendaciones prácticas (pasos y recetas), o con la auto-motivación adecuada, le permitirá alcanzar el equilibrio y la suficiencia emocional.

Sin embargo, la experiencia en la clínica nos deja ver que los pacientes casi siempre exponen sus motivos de consulta con la narración de una dolencia actual que después se dirige inexorablemente al relato de situaciones ya vividas. Cada sujeto lleva consigo una relación particular e intrínseca con su pasado y a la que es mejor prestarle atención.

Por lo tanto, vale preguntarse, ¿hasta qué punto es posible para una persona superar exitosamente las insignias traumáticas y, en gran medida, desconocidas de la historia personal?, ¿de qué manera se logra abandonar permanentemente dolencias que se le repiten en la vida a un sujeto?

Es necesario recordar que las personas acuden al consultorio en busca de un alivio, pero detrás de eso está también la demanda de un saber. Quieren dejar de sufrir, pero desconocen porqué sufren. Ignoran la relación íntima que hay entre el no-saber y lo que padecen.   

2.- Tomando en cuenta esto, el discurso psicoanalítico guarda cierta proximidad con la otra postura, aquella que establece defenderse del presente con el pasado.

El hallazgo central de Freud a inicios del siglo XX, fue justamente dar cuenta de las incapacidades de la conciencia. Demostró que el Yo, como encargado de mantener el equilibrio entre los impulsos anímicos residuales de la infancia y las exigentes demandas culturales que el sujeto irá asumiendo con su desarrollo, tropieza constantemente en dicha tarea. Allí reside el principio del malestar psíquico inherente a la existencia humana, puesto que no tenemos otra vía posible para integrarnos a una vida social más o menos “normal”. 

Descubrió entonces que, en la medida que el sufriente decide hablar de su sufrimiento aparecen en la naturaleza de los sueños, actos fallidos, chistes, olvidos, síntomas, contenidos de un pasado que ha sido reprimido, pero que devela la existencia de una verdad subterránea, un “más allá” de carácter inconsciente y que no se puede superar u olvidar, pero que sí es posible afrontar responsablemente

Después de Freud, a mediados del siglo XX, Jacques Lacan reorientó las principales conceptualizaciones del psicoanálisis freudiano introduciendo rigurosas formalizaciones en su teoría y concluyó afirmando que ese inconsciente está estructurado como un lenguaje. Es a partir de entonces, que la clínica psicoanalítica advierte los dos ejes principales de su práctica: detectar los deslices de la consciencia e interpretar la relación singular que posee cada sujeto con su propia palabra:

porque el sujeto siempre dice más de lo que quiere decir, siempre dice más de lo que sabe que dice. [2]

En suma, un trabajo terapéutico con orientación psicoanalítica no es más que el ofrecimiento de un espacio de tratamiento del malestar sostenido en una ética fundamental: la del caso por caso. Sin estándares, pero no sin principios, donde lo que se pone en juego es un saber acerca del dolor singular a través de la revelación del peso determinante de las palabras incrustadas en la historia individual. Cada persona lleva a cuestas su pasado y tendrá la responsabilidad para hablar de eso o buscar los métodos siempre insuficientes de evitarlo. Como lo señala Miller [3], un análisis, a fin de cuentas, le permite al sujeto hacerse responsable de su existencia. Afrontar nuevas posibilidades de tramitar los embistes inevitables del pasado.

Referencias

  • [1 Foucault, M. (2006) Enfermedad Mental y Personalidad. Buenos Aires: Paidós
  • [2]Lacan, J. (2017) El seminario de Jacques Lacan: libro 1: los escritos técnicos de Freud. Buenos Aires: Paidós.
  • [3]Miller, J. (1997) Introducción al método psicoanalítico. Buenos Aires: Paidós.