Los niños y niñas que viven la separación o el divorcio de sus progenitores conviene que no tengan que elegir con quién viven ni en qué tipo de régimen de custodia. Esta es una decisión que corresponde a las personas adultas, aunque esto no exime a los mayores, profesionales de la psicología y jueces, de oír con atención y seriedad lo que tiene que decir la infancia (De Torres Perea, Kruk & Ortiz-Tallo, 2021).

Tener que elegir si prefieren a papá o a mamá es una cuestión dolorosa y compleja durante la etapa infantil y probablemente también durante la vida adulta.

Es cierto que, en ocasiones, niños y niñas sienten más sintonía con mamá o con papá. Los motivos pueden ser muy variados: similitud de caracteres, cuestión de hábitos, tiempo que han pasado juntos, estilo educativo, etc… pero esa mayor o menor sintonía con alguno de los dos no debe suponer, en caso de divorcio, que tengan que rechazar al otro progenitor.

En divorcios conflictivos ocurre, en ocasiones, que uno de los progenitores actúa, intencionadamente o no, para provocar el rechazo de sus hijos o hijas hacia el otro progenitor. Las calificaciones desagradables sobre la ex pareja, las dificultades o entorpecimientos en el régimen de visitas son formas de interferencia parental (Checa, 2021). Debemos tener claro que rechazar al “otro” es rechazar una parte del hijo o de la hija. Y que el objetivo debe ser aislar los problemas de la pareja de forma que pueda continuar las funciones del padre y de la madre evitando que niños, niñas y adolescentes queden atrapados en el conflicto de pareja.

Cuando los adultos toman la decisión de separarse lo mejor es que lo digan conjuntamente, sin drama, sin presentarse como víctima y sin discusiones. Es muy probable que alguno de la pareja se encuentre muy triste y tenga dificultades para enfrentarse a la separación. Pero eso no significa que se deba transmitir a los menores esa tristeza o ese dolor con la intensidad que lo vive la persona adulta.

Posteriormente cuando comienza a hacerse efectiva la separación y los hijos e hijas van de una casa a la otra, en ocasiones cuando vuelven pueden hacerlo protestando, desafiantes, llorando o enfadándose con el progenitor que les recibe. Eso no se debe tomar de forma traumática. No significa que no quieran a su mamá o a su papá o que el otro progenitor lo haya puesto invariablemente en contra. Es más probable que indique que se acaban de separar de una figura afectiva importante y que necesiten unas horas de adaptación. Conviene que les ayudemos a distraerse, a jugar o a hacer algo que le asista en su readaptación.

Es importante no atribuir al progenitor contrario todo lo que le ocurre a sus descendientes a la vuelta de uno de los domicilios. Si tiene pesadillas es porque en la infancia se tienen pesadillas en muchas ocasiones y, si tiene miedo a apagar la luz del cuarto antes de acostarse, y necesitan dejar una luz piloto, es porque con frecuencia tienen miedo por la noche, algo que también ocurre cuando viven con sus progenitores juntos.

Criticar que en casa del padre o de la madre pase muchas horas con los abuelos tampoco ayuda en la buena relación. En la infancia se necesita de una familia extensa y cuántas más personas les quieran más seguros se sienten. Los abuelos y abuelas son una fuente importante de apoyo, amor, comprensión y experiencia.

Cada vez hay más divorcios en el mundo occidental, por lo que las probabilidades de que algunos sean conflictivos aumenta. En este sentido, en los últimos años se está desarrollando un gran interés por formar profesionales en lo que se denomina coordinación parental. Surge así primero en Estados Unidos y Canadá la figura de la coordinación parental. Y actualmente cada vez más países dan un importante lugar a esta especialidad. La idea es que participe colaborando con la Justicia y que tenga capacidad para resolver los conflictos entre los progenitores y ayude en la determinación de las medidas por las que se regirá la familia en un conflicto. Los profesionales de la Psicología son candidatos idóneos a formarse en esta nueva especialidad y también los profesionales del Derecho se interesan en esta formación.

El objetivo prioritario siempre es buscar el bien de los menores. La tarea educativa corresponde, sin duda, a los progenitores tratando de que haya colaboración y coordinación entre ambos. Sin embargo, en bastantes casos no existe una relación fluida entre ellos y son, en estos casos, cuando puede ser una buena opción acudir a la figura de la coordinación parental con el objetivo de evitar que los conflictos afecten al bienestar de los menores.

Durante años la custodia de la infancia se asignaba casi automáticamente a las madres, en la actualidad la custodia compartida es una opción cada vez más frecuente en muchos países. El contacto y la relación con ambos progenitores es esencial para el equilibrio emocional durante la infancia. Los profesionales estamos mejor preparados y tenemos más recursos y experiencia ante los divorcios conflictivos para colaborar en buscar el mejor interés de la población infantil, sabiendo que en cada caso habrá que estudiar la mejor opción para el sistema familiar.

Cuidar a nuestros menores psicológicamente es preservarlos y también prevenir el malestar de las siguientes generaciones.

Bibliografía

  • Mariela Checa (coord.) (2021). De las interferencias parentales a la violencia filioparental. Manual práctico para un abordaje terapéutico.  Edicones Morata: Madrid.
  • Jose Manuel Torres de Perea, Edward Kruk and Margarita Ortiz-Tallo (Editors) (2021). The Routledge International Handbook of Shared Parenting and Best Interest of the Child. Routledge: London.

Margarita Ortiz-Tallo Doctora en Psicología. Especialista en Psicología Clínica. Equipo Asociación Con.ciencia.