Escribía no hace mucho, en esta misma revista (https://www.psiconetwork.com/divorcio-y-custodias), sobre separaciones y divorcios y recordaba que el objetivo prioritario siempre es buscar el bien de los menores. También decía que en cada caso habrá que estudiar la mejor opción para el sistema familiar (Ortiz-Tallo, 2021).

El sistema familiar puede cambiar poco tiempo después del divorcio, fácilmente, e incluso rápidamente. El papá o la mamá pueden tener una nueva pareja. Esta nueva pareja a su vez puede aportar hijas e hijos de un anterior matrimonio. Y también la nueva pareja constituida podrá tener sus propios hijos en común.

La posibilidad menos frecuente de que también aporten familiares ascendentes o dependientes a la convivencia (abuelos, abuelas y familiares)  tendría que ser objeto de otro artículo.

En este artículo, y actualmente en la comunidad científica y asistencial, a todas esas posibilidades de nueva familia se les denomina, con frecuencia, familias reconstituidas.

Sin embargo, diferentes autores en el siglo XXI la han denominado de distintas formas: familia ensamblada, reconstruida, amalgamada e incluso familiastra, apoyándose en la traducción del término inglés “Stepfamily” (Pereira, 2002) .

En el idioma castellano cualquier palabra que termine en “astra” y provenga de las historias de cuentos infantiles es rechazada emocionalmente porque nos hace pensar o recordar en alguien malvado.

Así el término “madrastra” tiene demasiadas connotaciones negativas tras el cuento de las terrible madrastra de Blancanieves que envió a una persona de su servicio a asesinar a su hijastra. O la madrastra de Cenicienta que hacía grandes diferencias de trato entre sus hijas biológicas y la hija de su marido.

Hoy en día cualquiera de estas historias serían un claro diagnóstico de maltrato físico y psicológico y un delito de intento de asesinato hacia estas niñas-jóvenes de los cuentos.

Afortunadamente las nuevas familias reconstituidas, en la mayoría de los casos, sobreviven “felizmente”, después de un tiempo, a la adaptación familiar.

Para la nueva pareja que se constituye a veces es complicado saber cómo organizarse para atender a todos los miembros del sistema familiar. ¿Cómo atender a mi pareja y a mis hijos previos? ¿Debo tratar igual a mis propios hijos, de mi anterior relación, que a los hijos de mi pareja actual, tenidos con su pareja previa? ¿Debe mi pareja actual opinar en la educación de mis hijos? Si tenemos un hijo o hija en común ¿unirá o traerá más problemas?

Veamos algunas consideraciones al respecto desde el punto de vista de la psicología sistémica fenomenológica (Ludewig, 1998; Neuhaser, 2002; Rodríguez, 2017).

La nueva pareja: En primer lugar una pareja es una relación entre iguales. A diferencia de la relación paterno/materno-filial que es una relación entre desiguales.

Este nuevo sistema de pareja debe tener prioridad sobre el sistema de pareja anterior. Esto es: aunque las relaciones anteriores tienen un papel importante, especialmente cuando hay hijos e hijas comunes, si queremos que funcione la pareja actual debe quedar superada la etapa de críticas y de rabia hacia la pareja anterior. Los asuntos pendientes perjudican la relación presente. Los y las ex deben ser respetados/as, aceptando la experiencia que tuvimos y agradeciendo lo que de positivo nos hayan aportado. Entre otros el mejor regalo: los hijos o hijas en común.

Es difícil que una nueva relación funcione adecuadamente cuando hay críticas continuas hacia la ex pareja del otro o hacia la ex pareja propia. Respetar y agradecer son dos elementos esenciales en el encuentro de las familias reconstituidas.

Si respetamos a la ex pareja nos será más fácil respetar a los hijos e hijas que van a formar parte de nuestro nuevo sistema familiar.

Como ya he comentado en más ocasiones rechazar a tu ex o al ex de tu pareja es rechazar al hijo o la hija que tuvieron. Darle un buen lugar a la anterior pareja es importante en las familias reconstituidas.

Sin embargo debe quedar claro que el lugar de la pareja presente es principal. Para la psicología sistémica la actual pareja debe tener prioridad sobre la pareja anterior. Esto es esencial en la familia reconstituida.

La relación paterno/materno-filial. En este caso se trata de una relación desigual. Son el padre y la madre quienes tienen que cuidar a los más pequeños. Los padres y madres damos y los hijos e hijas toman. Esa es la idea durante muchos años. Quizá durante toda la vida. En los divorcios a veces los más pequeños se posicionan en un papel que no les corresponde. Por ejemplo si piensan que mamá está sola y no tiene pareja se posicionan a su lado en lugar de estar a su cuidado.

En las familias reconstituidas, para que funcionen bien, las dos personas adultas deben reconocer el derecho de los hijos e hijas anteriores de haber llegado antes a la vida de sus parejas. Así, la nueva pareja tendrá que aceptar haber llegado a la vida de su pareja después que los hijos menores previos. Esto es, un padre o una madre debe priorizar la atención a sus hijos menores de un anterior matrimonio sobre la pareja actual (Bourquin, 2007). Esto no significa que el hijo o la hija deba acaparar toda la atención de los padres o deba estar en medio de la pareja. La pareja tiene un lugar importante y los menores otro lugar importante para lograr los cuidados y atención necesarias.

Encontrar este equilibrio entre tus hijos y tu nueva pareja no siempre es fácil. Las personas adultas debemos entender y aceptar que los menores tienen prioridad en muchos momentos durante su infancia. Llegará un momento que crecerán y esta situación cambiará. Pero durante la niñez un padre o una madre tienen que ejercer como tales. Muchas veces el conflicto aparece cuando uno de los miembros de la nueva pareja pide la atención hacia su persona antes que la atención de los menores. Cuando las dos personas adultas que conforman la pareja aceptan de buen grado esta realidad el ambiente familiar será de confianza y seguridad.

En relación a la pregunta sobre ¿debe mi pareja actual opinar en la educación de mis hijos de un anterior matrimonio? La educación de los hijos e hijas corresponde al padre y a la madre. La nueva pareja tendrá que ayudar y colaborar en el cumplimiento de las normas de la casa, pero no le corresponde tomar decisiones educativas.

Cuando llega un bebé en común es una decisión de la nueva pareja. No es una decisión o un rechazo de los hijos o hijas de parejas anteriores. El nuevo miembro de la familia es el más pequeño de la familia reconstituida. Ese es su lugar: el último en llegar. Tendrá más hermanos y hermanas que le quieran y más familia detrás y lógicamente como todos los bebés necesitará muchos cuidados de su papá y mamá. 

Por último y volviendo al inicio de este artículo para cerrarlo me gustaría reflexionar sobre el término madrastra que en una de sus acepciones en la Real Academia Española (RAE) se define como: Madre que trata mal a sus hijos. Lo mismo se podría decir del término padrastro. Aunque la RAE ya especifica que se utiliza en sentido figurado. Y ya avanza también una acepción más neutral: Mujer del padre de una persona nacida de una unión anterior de este.

Me animo a proponer un cambio que mejore la denominación de los términos madrastra y padrastro. Desde luego, pareja de mi padre o de mi madre, es una opción habitual para denominarles. También llamarles por su nombre al dirigirse a ellos es frecuente. Pero creo que sería bueno que la sociedad fuese pensando en un término diferente que no tenga esta connotación histórica negativa.

¿Alguna idea al respecto?

Referencias Bibliográficas

  • Peter Bourquin (2007). Las Constelaciones Familiares en resonancia con la vida. Bilbao: Desclée de Brouwer.
  • Kurt Ludewig (1998). Terapia sistémica. Bases de teoría y práctica clínicas. Herder: Barcelona.
  • Johannes Neuhaser (ed). Lograr el amor en la pareja. Herder: Barcelona.
  • Margarita Ortiz-Tallo (Julio 2021). Divorcio y custodias. PSICONETWORK.
  • Roberto Pereira (2002). Familias reconstituidas. La pérdida como punto de partida. Perspectivas Sistémicas, 70 Año 14 (3-5).
  • Luz Rodríguez (2017). Me doy permiso para vivir en pareja. Claves sistémicas para la convivencia en pareja. Edición: Manuel Arnedo.

Margarita Ortiz-Tallo Doctora en Psicología. Especialista en Psicología Clínica. Equipo Asociación Con.ciencia.