Los seres humanos somos seres sociales y necesitamos de los demás para vivir adecuadamente en todos los ámbitos: personal, familiar y social.

En ocasiones esta necesidad se convierte en dependencia y puede suponer un desequilibrio emocional.

El criterio para delimitar el mayor o menor equilibrio emocional es una cuestión de grado que debe valorarse a lo largo de dimensiones en las que se van definiendo los distintos comportamientos, sentimientos y actitudes hacia uno mismo y hacia los demás. Esto es objeto de estudio de la disciplina de la Psicopatología.

La dependencia emocional se puede definir como un patrón persistente de necesidades emocionales insatisfechas que se pretenden cubrir de modo inadecuado con otras personas.

A día de hoy, se ha llegado a considerar un tipo de “adicción comportamental” – esto es, una adicción sin sustancia, produciendo una dependencia psicológica casi incontrolable por la persona. De modo que hablaríamos de «conductas adictivas» de índole afectiva que se manifiestan en una relación interpersonal que puede considerarse problemática, generando ansiedad, baja autoestima y, en definitiva, infelicidad.

Pero ¿cómo podemos saber, por ejemplo, si nos encontramos ante un caso de dependencia emocional de pareja? Cuando se da prioridad a la pareja ante todo descuidando el resto de ámbitos.

El deseo constante de acceder a esa persona -voracidad afectiva-, ya sea físicamente o virtualmente mediante llamadas, mensajes, correos…; la tendencia a la exclusividad limitando el contacto incluso con familiares; o el miedo a la soledad, la experiencia de sensaciones de pánico ante la posibilidad de rechazo o abandono, etc.… son algunos indicadores que deben alertar de que se puede estar desarrollando rasgos dependientes con la pareja. El primer paso para superarlos es ser conscientes de esa dinámica que se está estableciendo.

Se puede depender de la pareja, pero también de la madre, del padre o de una amiga, amigo o de cualquier persona.

En ese sentido las personalidades dependientes suelen ser fácilmente influenciables, y ante críticas o comentarios contrarios a su forma de proceder tratarán de corregir su comportamiento por todos los medios, adaptándose a lo que la otra persona espera de ella. Se sienten más cómodos/as subordinándose a otra persona más fuerte y decidida: sin ella se sienten perdidos/as y asustados/as.

Sin embargo, cuando hablamos de un estilo afectivo “servicial” o de personalidad con estos rasgos, pero no en su extremo patológico, hacemos referencia a personas muy comprometidas con las relaciones que tienen, sean de pareja, de familia o de amistad. Se sienten satisfechas ayudando a los demás, facilitándole la vida a los otros y colaborando en todo lo que sea necesario.

Con estas características es lógico que prefieran estar acompañadas y se sienten más seguras a lo largo de su vida estableciendo una pareja estable y formando una familia en la que volcarse y a quien cuidar. Se diría que son personas amables y armónicas que construyen un ambiente acogedor a su alrededor.

El mundo de las relaciones familiares es fundamental para una persona con estos rasgos de personalidad. El sentido a su vida lo encuentra formando una familia, cuidándola y estableciendo vínculos estrechos y duraderos.

Tienen facilidad para escuchar a los demás, interesarse por sus dificultades y por sus alegrías y convertirse en el apoyo fiel y estable de todos los miembros de la familia. A cambio necesita para estar tranquila y equilibrada que los demás se dejen querer y proteger y precisa cerca personas que de alguna manera también la protejan y la amparen.

En la pareja son siempre las que más dan, las que más se sacrifican sin esperar nada a cambio.

Querida lectora o lector, ¿Y usted, tiene rasgos de dependencia emocional o tiene un estilo afectivo servicial?. Nuestra sugerencia fundamental es que se cuide y busque su autoconocimiento y equilibrio personal.

Algunas sugerencias:

  • Pregúntese de vez en cuando qué le gustaría hacer a usted misma/o y expréselo.
  • Busque actividades que le gusten y que requieran el contacto con otros grupos que no sean las personas más cercanas.
  • Trate de colaborar en asuntos sociales que le interesen y que le relacionen con más gente.
  • Trate de revisar qué lleva usted a cabo por sí misma/o sin el juicio de los demás.
  • Valore lo que usted siente, piensa o desea. A veces las críticas de los allegados pueden enriquecernos, pero no siempre son los comentarios más acertados.

Referencia Bibliográfica

Margarita Ortiz-Tallo y Violeta Cardenal (revisado 2019). EL APASIONANTE MUNDO DE LA PERSONALIDAD. Un camino hacia el autoconocimiento. Publicado en Amazon.


Artículo escrito por Margarita Ortiz-Tallo, Doctora en Psicología, y Violeta Cardenal, Doctora en Psicología.