¿Qué hacer con eso que nos complica… y aparece nuevamente a complicarnos una vez más? ¿Qué hacer con lo que parece no dejar de repetirse en nuestras experiencias de vida y termina por mantenernos sufriendo?

Muchas personas llegan a consultar por malestares que describen de una forma similar a la siguiente: “¿por qué siempre termino sufriendo en un mismo tipo de pega?”,¿por qué me pasa que siempre soy el que da más en mis relaciones íntimas?”, o “¿Por qué siempre me afecta tanto cuando alguien señala esto de mí?”. Es algo muy común encontrarnos con este tipo de preguntas en el ejercicio de la psicoterapia; preguntas que, lo que tienen en común, es esa preocupación por lo que se repite como fuente de malestar en distintos momentos.

Sin duda que la psicología, y la psicoterapia como disciplina, ha desarrollado variados conceptos teóricos para afrontar la dificultad de estas preguntas. Se piensa muchas veces en tipos de personalidad, en formas generalizadas de vivir la relación con los demás que se repiten como patrones, en estructuras psíquicas que conllevan cierta manera de sufrir, etc. Estas son conceptualizaciones que seguramente ayudan a describir y explicar este fenómeno. En la práctica clínica, la intervención debe encontrar una orientación respecto del paciente específico que consulta si pretende dar una respuesta que genere cambio y sentido a las preguntas que son traídas al espacio psicoterapéutico.

Es usual vernos tentados a responderlas, a intentar entregar consejos o “tips” generales, con la intención de guiar y ayudar a nuestros pacientes. Sin embargo, considero que hay algo que traen estas preguntas, algo que se hace fundamental sostener, algo que se debe afirmar como un soporte para generar procesos que inviten a una respuesta personal del problema. Una respuesta para cada uno, que alivie y responda a las demandas que cada consultante tiene alrededor de su experiencia con esta repetición.

Ante la multiplicidad de preguntas: una respuesta para cada caso.

Desde esta posición, vemos surgir una nueva cara del malestar: el trabajo con las preguntas que este suscita invita a la invención respecto de cómo afrontar el propio sufrimiento. Es decir, a cómo sobrellevar los malestares que nos aquejan, cómo tener una posición más flexible y tener mejores herramientas para enfrentarlo. Digámoslo así: surge una invitación a reelaborarlo, a ingeniárselas con él de una forma efectiva en el sentido de la experiencia propia del paciente.

En vez de plantearles este articulo como una respuesta desde la academia a la problemática, quise invitarlos al ejercicio de sostener la pregunta respecto de cómo hacer con el propio malestar. Invitarlos a la posibilidad de generar una posición distinta respecto de lo que insiste en no funcionar, sostener una pregunta respecto del cómo manejarse con lo que al volver a crujir puede llegar a dejarnos desorientados, ansiosos, tristes, frustrados, enojados; entre muchas otras formas en que el padecer se expresa.

El poeta y filósofo español Jorge Agustín Nicolás Ruiz de Santayana y Borrás dice: “Aquellos que no pueden recordar el pasado están condenados a repetirlo”. Esta frase, actualmente, da la bienvenida a los visitantes que llegan a ver el memorial de uno de los campos de concentración y exterminio nazi en Auschwitz-Polonia.

Esta idea, que vincula el (no) recuerdo con la repetición, no es nada nuevo en la historia humana. Esta noción de que el recuerdo tiene relación con las formas de repetición nos lleva a la siguiente propuesta: mediante la reflexión hacia los actos que nos han constituido en un pasado, se puede generar un nuevo posicionamiento a los hechos del presente. Esto apunta a una reelaboración en la relación que como personas establecemos con la propia forma de padecer.

Freud, ya en el año 1914, en su texto “Recordar, repetir y reelaborar”, señala que para el trabajo terapéutico con los padecimientos que provienen de la repetición, lo fundamental sería buscar maneras de reelaborar en la actualidad lo que no ha sido elaborado mediante el recuerdo. Quizá por esta razón, muchas veces en terapia se trata de acompañar recuerdos de los pacientes, revisando el efecto que estos parecen tener en la actualidad.

Así, y para terminar, dejo abierta la invitación a buscar psicoterapia, y a buscar en esta un espacio orientado por el trabajo de las problemáticas mencionadas. Es decir, un espacio que proponga una construcción para cada consultante, en que se vaya elaborando un quehacer distinto respecto del padecer que lo convoca. Es decir, buscar una reelaboración respecto de lo que se nos impone como dolor psíquico en la repetición.

Referencias:

  • Freud, S. (1914). Recordar, repetir y reelaborar. Obras completas, 12, 145-157.
  • Lacan, J. (1972). Seminario 20: Aun. Buenos Aires: Ed.