Dice C. Marmaleda en su artículo Cientificismo positivista y ciencia positiva hoy: “El cientificismo viene a ser la pseudociencia de quienes piensan que la ciencia lo es todo o que, al menos, es el medio principal de que disponemos para saber todo. El cientificismo vendría a ser la creencia dogmática de que el modo de conocer llamado ciencia es el único que merece el título de conocimiento. Juan Luis Arsuaga (Codirector de los yacimientos pleistocénicos de Atapuerca, Burgos; y célebre divulgador científico) lo ha expresado con estas palabras: ‘quien quiera verdades absolutas, dogmas incuestionables e inamovibles, debe mirar hacia otro lado, que no es la ciencia. Ésta sólo elabora hipótesis, vacilantes aproximaciones a la verdad, que siempre pueden ser modificadas total o parcialmente por la fuerza de los hechos: pero es lo mejor que el espíritu humano es capaz de crear’. A este respecto cabe recordar las palabras, más acertadas, de Francisco Ayala, recogidas en su primer libro de divulgación científica, por otro de los codirectores de dichos yacimientos, José María Bermúdez de Castro, en las que se reconoce que ‘la ciencia es una forma de conocimiento, pero no es la única forma.»

En mi opinión, todas estas opiniones son desacertadas.  

El único modo de conocimiento que existe es el científico, pero la definición de lo que es lo científico no suele ser correcta o no suele entenderse de manera correcta.

De acuerdo con este autor, ciencia positiva experimental es aquella que “se dedica al estudio de la realidad empírica mediante una metodología consistente en proponer hipótesis interpretativas y explicativas, cuya verdad o validez deben ser confirmadas o refutadas mediante la experimentación. Las hipótesis comprobadas experimentalmente se consideran verdaderas mientras no surjan anomalías o datos empíricos que no puedan explicarse satisfactoriamente; o que, para mantener su validez, precisen de numerosas y complejas hipótesis ad hoc, cuya función consistiría en preservar o salvar a las hipótesis iniciales que se han visto comprometidas por la observación de nuevos fenómenos no explicables por el paradigma.” Será por consiguiente, necesario, para empezar, explicar a qué llamamos “proponer hipótesis interpretativas y explicativas.” A mi modo de entender, proponer hipótesis interpretativas y explicativas solo puede ser producto de lo que llamamos “percibir”, “filosofar”, “imaginar”,  “contemplar”, “observar…”, “meditar”, “reflexionar”, “soñar”, “jugar”, “experimentar o “probar» (en el sentido de degustar, tocar, machacar, auscultar, provocar, y demás)”… No hay modo de hacer ciencia sin todo esto. No hay nada que los hombres, las mujeres, hagamos que no sea por tanto, científico, y esto incluye lo no racional. No hay nada que no proporcione “pistas” al así llamado, luego, equivocadamente, saber científico positivo.  

¿Y por qué se designa al saber científico, saber científico positivo? ¿Hay algún saber que sea por ejemplo, negativo? Lo hay. Por supuesto, y es el cientificismo, lo pseudocientífico: aquello que deviene ideología, dogma, mito, y/o reduccionismo. O sea, en contra de lo que proclama el positivismo, es el positivismo el que se opone al saber científico. Y eso se debe a que el positivismo es un reduccionismo, un mito y un dogma. De ahí que se le atribuya el nombre de “positivo”, para ocultar el hecho de que hay cosas de la realidad que no le gusta conocer.Por ello, también se auto-denomina conocimiento “basado en la evidencia.” De esta retorcida manera, hace que aquellos que la contradigan, sean tachados inmediatamente de “negativos” y de no ver las cosas de manera correcta.

En este círculode autores a-científicos, caben prácticamente todos los que han filosofado sobre ciencias, desde siempre. Hume, Locke, Comte, etc.. (no puedo nombrar aquí a todos los autores), y así hasta hoy. Wittgenstien mismo dice en su conferencia sobre la ética, que esta no es una ciencia. Esto está ocurriendo desde tiempos inmemoriales, y el motor de ello (no todos son concientes de que lo sea), es el deseo de controlar al otro por medio de la ocultación o negación de la verdad de los hechos, como hemos señalado. El factor religioso y político que convierte la poíesis en mito, hace que aquello que se convierte en símbolo, o en mito, se convierta en herramienta para aterrorizar o paralizar al otro. Es el modo de mantener vigente la antigua dicotomía entre negro-blanco, bueno-malo, dios-diablo, hembra-macho, fuerte-débil, activo-pasivo, arriba y abajo, pobre y rico. Es el arma, la herramienta, para coger la sartén por el mango

Es decir, no es que «la ciencia es una forma de conocimiento, pero no es la única forma.» En realidad, el conocimiento es uno, lo verdadero, el conocimiento de lo verdadero es solo uno, no hay dos verdades diversas para una misma cosa, y sobreviene por aproximaciones: pero una flor no puede ser entendida como un búho. O que es una flor o que no es una flor, y puede entonces que sea un búho, y ya no hablamos de la flor sino, seguramente, del búho. 

La religión no nos da un conocimiento del mundo porque por definición establece un dogma, y eso no es un conocimiento porque como hemos dicho, el conocimiento solo se adquiere si abrimos nuestra mente y nos dejamos impactar por lo nuevo y distinto, si procedemos a analizarlo o a cuestionarlo. Como bien explica Piaget, el conocimiento científico requiere de nosotros que tengamos capacidad de aprendizaje: asimilar y acomodar, y lo afectivo siempre está antes de lo racional-cognitivo, que es empero igual de necesario que lo emocional-irracional, porque eso es nuestro cerebro[1]. Lo que la religión o la adhesión ciega a una ideología, secta, escuela, club, academia, líder, nos da, es un consuelo a corto plazo en forma de ceremonial, de rito comunal, de símbolos, de creencias no discutibles, para poder aguantar las desgracias del día a día (quizás, y a algunos, especialmente a aquellos que más temen al cambio y a la muerte.) Podemos sí, estudiar el hecho religioso, pero eso nos sitúa fuera de la religión.  

Y otra cosa es que tengamos una experiencia mística del mundo, una experiencia directa e intuitiva y masiva, de aquello que aún no ha probado la ciencia pero está en vías.

En cuanto al sentido común, también nos sirve en el día a día para enfrentarnos a las tareas sencillas e interactuar dentro de una cierta normalidad: no nos sirve cuando la realidad nos exige que hagamos un esfuerzo extra o que reaccionamos ante algo que escapa a lo esperado, a lo consensuado o a lo “normal.” Es un modo de acercamiento banal a la realidad y que puede también servir, para formular una serie de hipótesis acerca de la realidad. 

El arte, por su parte, es un acercamiento sensible a lo real, para el que lo hace y para el que lo aprecia, que se sirve del conocimiento, como se sirve el místico, como ocurre en los sueños, para aplicarlo de algún modo cuando manejamos unos instrumentos o unas herramientas, si conocemos el oficio. El arte constituye una fuente de conocimiento si y solo si, el artista logra transmitir adecuadamente aquello que experimenta, aquello que de la realidad ha captado, y elabora luego, física, racional o materialmente, para poder darle cuerpo. El conocimiento que deriva de la contemplación de lo artístico, el que deriva de la experiencia mística o del juego o del sueño, de lo cotidiano o rutinario, nuevamente, solo nos sirve para elaborar hipótesis. Son fuentes de inspiración que nos mueven en una dirección u otra, y que luego hemos de verificar o refutar. Es pues el aspecto sonámbulo, como bien explica Koestler, necesario, del conocimiento como tal. 

La ciencia no es una metodología: la ciencia no es igual a los métodos que en un momento del proceso aplica. Soñar o imaginar o atender a nuestro sentido común, no pueden ser entendidos como métodos porque no hay voluntad ni determinación conciente de por medio, ni disciplina alguna, lo mismo que el arte no es solamente el manejo de una herramienta, sino que una y otro trascienden cualquier oficio o metodología. La ciencia es conocimiento verdadero y lo que es verdadero no es relativo, sino que es lo que hay, nos guste o no, y se sirve de lo racional-físico y de lo irracional-metafísico, o sea, de todos los acercamientos posibles. Lo carnal-físico-material y lo no-verbalizable-no medible-espiritual-irracional son una unidad funcional. 

El conocimiento científico empieza antes de la aplicación de un método, aunque este sea consustancial, y que es solamente el aspecto tecnológico del conocimiento y puede variar en función por ejemplo de lo que queramos estudiar o investigar, y no todos nos dedicamos a ello, pero todos -cada uno a su manera- nos dedicamos y contribuimos a lo científico aunque no nos involucremos ni en lo técnico ni empleemos el método, en un baile conjunto global. Ejemplos de ello son el enfoque llamado ahora relacional en psicoanálisis, pero que se remonta a sus orígenes. Freud se basaba en la sabiduría popular y en las manifestaciones de sus pacientes para elaborar sus teorías. Esto significa que antes de Freud otras personas, gentes sencillas y no tan sencillas, fueron acumulando un conocimiento del que luego se sirve Freud. Por otra parte, no hay un objeto o cosa «observable» sino que interactuamos con eso. El método de verificación de Freud y del psicoanálisis (no cabe otro método) es el clínico. Luego, podemos emplear otros métodos como por ejemplo, de neuroimagen (Freud esperaba que esto sucediera algún día), y llegar a la conclusión de que al menos una parte de ese conocimiento es válido y se ajusta a la realidad: una parte se verifica y otros se puede refutar. El conocmiento no es un proceso lineal y estático ni pertenece a un sujeto o una élite. 

El conocimiento ni es positivo ni es negativo, es únicamente el desvelamiento conciente y no conciente de lo que hay para su justo aprovechamiento por parte de la Humanidad, la finalidad de todo lo cual, desconocemos.

[1] Algunos dicen que las emociones, por ejemplo, son reacciones químicas que tienen lugar en nuestro cerebro. Pero no se percatan del hecho de que si ponemos esas sustancias químicas con tejido neuronal a interactuar en un microscopio, no obtendríamos emociones ni podríamos «verlas.» Una cosa es la materia y otra es la energía, aunque luego E = mc2. Las emociones son un subproducto no material, etéreo, de dichas interacciones.

Webgrafía

Marmaleda, C., Cientificismo positivista y ciencia positiva https://www.unav.edu/web/ciencia-razon-y-fe/cientificismo-positivista-y-ciencia-positiva-hoy

Panorama histórico del cientificismo https://www.academia.edu/30050068/Panorama_histórico_del_cientificismo

Wittgenstein , L. Una conferencia sobre la ética https://www.filosoficas.unam.mx/…/Articulos/Etica.pdf

Koestler, A. https://fq.iespm.es/documentos/lecturas/18_los_sonambulos.pdf