Charles D. Laughlin, nacido en 1938, es un neuroantropólogo. Junto al psiquiatra Eugene G. d’Aquili (1940-1998) desarrolló la teoría del “estructuralismo biogenético”, que se proponía unificar el estructuralismo antropológico de Claude Lévi-Strauss (1908-2009) con la neurociencia. Utilizaron este abordaje para estudiar varios fenómenos sociales humanos como el ritual, el mito, la consciencia, la ciencia y las experiencias transpersonales (Laughlin, 1991).

De acuerdo a Charles D. Laughlin y Adam J. Rock (2013), la consciencia es una función de la organización interna del cerebro. Estos autores citan, para afirmar esta posición, el trabajo de neurocientíficos como Joseph LeDoux, Antonio Damasio, Jean Pierre Changeux y Dale Purves, entre otros.

El filósofo Franz Brentano sostuvo que la consciencia se caracteriza por ser intencional, es decir, por dirigirse a un objeto, por una objetividad inmanente. Toda consciencia es consciencia de algo, está dirigida a un contenido. Esta idea de la “acerquidad” (aboutness) de la consciencia fue retomada y reformulada por los filósofos fenomenólogos como Edmund Husserl, Jean Paul Sartre y Maurice Merleau-Ponty.

Laughlin y Rock (2013) señalan que la noción de “neurofenomenología” fue acuñada por Charles Laughlin. Laughlin fue invitado en 1986 por el profesor Kiyohiko Ikeda de la Universidad Yamanashi, de Japón, a un encuentro internacional de académicos. Ikeda había leído previamente el libro Biogenetic Structuralism (Laughlin & d’Aquili, 1974), que había sido traducido al japonés.

El encuentro ocurrió en la Universidad Médica Kansai, en Osaka, Japón, en 1986. Allí Charles Laughlin leyó su artículo “The prefrontosensorial polarity principle: Toward a neurophenomenology of intentionality” (Laughlin, 1988). Entre los académicos presentes en el encuentro estaba el biólogo Francisco Varela (1946-2001), quien mostró interés en el paper de Laughlin, y en 1989 le escribió proponiéndole publicar un libro en Shambhala Publications, en la serie New Science Library, de la que Varela era el editor. Laughlin escribió el libro Brain, Symbol and Experience: Toward a Neurophenomenology of Human Consciousness (1990) junto a John McManus y Eugene d’Aquili, que apareció en la serie editada por Varela. El libro retomaba la fenomenología trascendental de Edmund Husserl y la vinculaba con las propiedades del sistema nervioso y los estudios de neurofisiología de la experiencia. Además, d’Aquili, McManus y Laughlin eran practicantes de meditación y vincularon la neurofenomenología con lo que llamaron “contemplación madura”, una forma de experiencia que se alcanza tras un proceso largo de entrenamiento en la meditación (Laughlin y Rock, 2013).

Posteriormente, Varela comenzó a hacer uso él mismo del concepto de “neurofenomenología”. A partir de entonces surgieron dos corrientes de pensamiento distintas, ambas denominadas neurofenomenología. Ninguna de ellas solía referirse al trabajo de la otra vertiente, algo que Laughlin y Rock (2013) buscan remediar. Estos autores denominan a las 2 corrientes ‘neurofenomenología cognitiva’ y ‘neurofenomenología cultural’.

Neurofenomenología cognitiva

La neurofenomenología cognitiva surge del trabajo de Francisco Varela y se vincula con las corrientes teóricas de la filosofía de la mente y la neurociencia cognitiva. Esta vertiente ha trabajado en temáticas como la naturalización de la fenomenología, el “problema duro” (Chalmers, 1999) de la consciencia, la metafísica, la corporización (embodiment) de la consciencia y la relación entre la experiencia subjetiva y el abordaje neurobiológico de la mente (Varela, 1996, 1999; Varela et al., 1991; Zahavi, 2010).

Mientras la ‘primera ola’ de la ‘ciencia cognitiva’, surgida en los 1950s, consideraba a la mente como un proceso lógico-matemático que ocurría dentro del cerebro, el abordaje de Varela y otros autores es parte de una nueva tendencia que busca estudiar lo mental como un proceso que emerge de la interacción entre cerebro, cuerpo y mundo. Por tanto, para la teoría de la ‘cognición corporeizada’, fuertemente vinculada a la neurofenomenología cognitiva, no solo el cerebro de los agentes sino todo su cuerpo en interacción con su entorno es la unidad a estudiar (Chemero, 2009; Colombetti, 2014; Gallagher y Zahavi, 2014; Thompson, 2007; Varela et al., 1991).

Algunos investigadores en el campo de la neurofenomenología cognitiva son Evan Thompson, Antoine Lutz, Giampiero Arciero, Natalie Depraz, Jean Petitot, Giovanna Colombetti, Anthony Chemero, Shaun Gallagher, Michael Wheeler, Ezequiel Di Paolo y Alva Noë.

Neurofenomenología cultural

La neurofenomenología cultural, por su parte, es una corriente de la antropología que se ocupa de estudiar temas como los sueños, los sentidos, el simbolismo, la antropología médica, y las experiencias transpersonales.

La neurofenomenología cultural fue creada por Charles Laughlin y su colega C. Jason Throop. Charles Laughlin fue además uno de los fundadores de la antropología transpersonal, que estudia la relación entre la cultura y los estados alterados de consciencia (Laughlin, 1989; Laughlin y McManus, 1995).

La neurofenomenología cultural realiza estudios de comparación cultural, etnografías y trabajo de campo sobre temáticas tales como las prácticas religiosas y espirituales, la antropología de la experiencia, la consciencia del tiempo, y las ideas de las culturas tribales sobre los sueños y la curación (Laughlin, 2011; Throop, 2003a, 2003b; Winkelman, 2010).

Algunos neurofenomenólogos culturales son Charles Laughlin, Jennifer L. Dornan, Robert Desjarlais, C. Jason Throop, Frederic Peters, Michael Winkelman, Laurence J. Kirmayer, Stanley Krippner, Robin Rodd, Allan Combs, Etzel Cardeña, Alberto Groisman y Ari Bertoldo Sell.

Antropología transpersonal

La antropología transpersonal es el estudio trans-cultural de las experiencias transpersonales —experiencias religiosas y místicas—, y de la relación entre la consciencia y la cultura. Surgió en Estados Unidos en los 1970s, considera central la perspectiva emic y se vincula con la antropología médica y la psiquiatría cultural (Bourguignon, 1973; Laughlin, 1994; Sheppard, 2006; Turner et al., 1992; Winkelman, 1996b).

Algunos de sus fundadores fueron Charles Laughlin, Philip S. Staniford, Ronald L. Campbell, Joseph K. Long, Shirley Lee, Geri-Ann Galanti, John McManus y Eugene d’Aquili. Formaba igualmente parte de esta vertiente Edith Turner (1921-2016), antropóloga y esposa del también conocido antropólogo Victor Turner (1920-1983).

La antropóloga Erika Bourguignon (1924-2015) fue una de las fundadoras de la ‘antropología de la consciencia’ y especialista en el trance, la posesión y los estados alterados de consciencia. En 1973 publicó su libro editado Religion, Altered States of Consciousness, and Social Change, que ha tenido igualmente bastante influencia en la antropología transpersonal.

Los antropólogos transpersonales han sido también influenciados filosóficamente por el empirismo radical de William James, quien sostuvo:

“Para ser radical, un empirismo no debe admitir en sus construcciones ningún elemento que no se experience directamente, ni excluir de ellas ningún elemento que se experience directamente. Para tal filosofía, las relaciones que conectan experiencias deben ser ellas mismas relaciones experienciadas, y cualquier tipo de relación experienciada debe considerarse tan “real” como cualquier otra cosa en el sistema.” (James, 1976, p. 22)

Esta vertiente antropológica está vinculada de cerca con la psicología transpersonal, formando ambas parte del campo más amplio de los estudios transpersonales (Walsh, 1993). Además, los antropólogos transpersonales contemporáneos están íntimamente vinculados con la neurofenomenología cultural y por tanto con la neurociencia y ciertas áreas de la ciencia cognitiva —como la antropología cognitiva—, y con las filosofías fenomenológica y empirista radical (Laughlin, 1994; Laughlin y Rock, 2013; Peters, 2004; Winkelman, 1996a).

Así, Laughlin y Rock (2013) realizan un estudio de las experiencias conscientes propias de la meditación vipassanā y de los sueños, desde las perspectivas neurobiológica y etnocultural. Además, relacionan la meditación vipassanā con la fenomenología trascendental husserliana. (Charles Laughlin es él mismo un budista y practicante de meditación, como también Francisco Varela lo era.)

Otro caso es el de Michael Winkelman (2010), quien realiza un estudio neurofenomenológico y trans-cultural del chamanismo. Este autor sostiene que las similitudes trans-culturales en las cualidades de las visiones, posesiones, experiencias del mundo espiritual y estados alterados de consciencia indican que surgen de funciones y estructuras biológicas invariantes a través de distintas culturas.

Winkelman afirma también que la consciencia chamánica se caracteriza por un procesamiento de información de representaciones con la forma de imágenes internas, que son manipuladas por procedimientos analógicos y metafóricos. Además, estas experiencias involucran al cuerpo, la activación de recuerdos de significación central para el self, de estructuras inconscientes, y la vinculación con los “otros” de la comunidad, personas, animales y seres mitológicos, y el acceso a información espiritual propia de los sistemas de interpretación culturales particulares (Winkelman, 2010).

Tanto para la psicología transpersonal como para la antropología transpersonal, los rituales chamánicos implican experiencias fenoménicas particulares que deben ser estudiadas como parte de una teoría integral de la consciencia. Análogamente, el estudio de las experiencias subjetivas que ocurren durante la meditación y las vivencias modificadas de la identidad y del yo enfatizadas en las tradiciones contemplativas, forma parte de una teoría acabada de la consciencia, que debería ir más allá de las vivencias tradicionalmente estudiadas en la psicología occidental.

Referencias

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